Homenaje a la Asamblea Permanente por Los Derechos Humanos en el Congreso de la Nación

Discurso pronunciado por Aldo M. Etchegoyen (*), 17 de junio de 2014, Buenos Aires.

En nombre de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos deseo expresar nuestra sincera gratitud al Diputado Nacional Jorge Rivas por la iniciativa presentada a la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y su posterior aprobación. Asimismo mi gratitud a la APDH por concederme el privilegio de dirigir estas palabras en su nombre. 

Como APDH vivimos un momento histórico esta noche con la enorme alegría de estar acompañados por tantas personas que apreciamos con las cuales hemos caminado en este largo andar de firme compromiso en la defensa de la vida.

Hace siglos nació en Belén, tierra Palestina, un maestro cuyas enseñanzas leudaron el mundo, su nombre Jesús. En una ocasión enseñando a sus discípulos les subrayaba la gran importancia de saber “leer las señales de los tiempos”. Nuestro organismo nació porque en la segunda mitad del año 1975 hubo un grupo de hombres y mujeres visionarios que supieron leer las señales de los tiempos.

Eran tiempos violentos cuando la Triple A  amenazaba, secuestraba y mataba. Tiempos muy difíciles en el país con fuertes tensiones políticas y serios problemas sociales. En esta situación aquellos visionarios se reunieron en el mes de diciembre de ese año en Casa de Nazaret con el propósito de dar el primer paso en la creación de un organismo.

¿Qué nombre le pondrían?  Eligieron “Asamblea” que significa reunión de gente con un propósito, este era defender los Derechos Humanos. Con eso solamente el nombre quedaría incompleto, le pusieron también “Permanente” porque la tormenta que veían en el horizonte no tendría horario, sería algo de todos los días y a toda hora.

Leo la lista de aquellos hombres y mujeres visionarios:

Dra. Alicia Moreau de Justo con sus 91 años –  Susana Pérez Gallard una de nuestras Vice Presidentas actuales – Eugenia Manzanelli – Obispo Carlos T. Gattinoni y Pastor Dr. José Miguez Bonino ambos de la Iglesia Metodista Argentina – Monseñor Jaime de Nevarez de la Diócesis de Neuquén, Enzo Giustoci sacerdote –  Alfredo Bravo docente y líder sindical más tarde Diputado , Raúl Alfonsín luego  primer Presidente al llegar la democracia en el País – Dr. Raúl Aragon Juez – Eduardo Pimentel activo laico católico – Emilio F. Mignone abogado  – Dr. Ariel Gomez abogado – Adolfo Pérez Esquivel luego Premio Nobel de la Paz – Dr Sergio González abogado – Dr. Gregorio Klimosky escritor – Dr. Genaro Carrio  – Jaime Schmirgel – Dr. Federico Westercamp.

Varios de ellos posteriormente formaron parte de la comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas – CONADEP. Sus integrantes mostrarían desde el comienzo una de las características siempre presente en nuestro Organismo, la diversidad política, religiosa y social, por otro lado un claro sentido de unidad en sus objetivos y propósitos.

La APDH no tenía un techo, una mesa, una silla, era un organismo en “situación de calle”. Vino entonces la solidaridad por medio de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, presente en Argentina desde varios años antes, la Iglesia Metodista que abrió sus templos y salones, la Casa de Nazaret de la parroquia de la Santa Cruz y el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET).

Llegó marzo de 1976 cuando irrumpía la Dictadura Militar y, con ella, se iniciaba un tiempo de muerte y sufrimiento en nuestro país.

Un mes más tarde, abril de ese mismo año, la APDH hacía su primera reunión pública, el lugar: Salón de Actos de la Primera Iglesia Metodista de nuestra ciudad de Buenos Aires. En ese año yo cumplía funciones pastorales en ese lugar, la reunión se había programado a las 20 horas. Tres horas antes una patrulla policial se presentó en la Iglesia para requisar el edificio, me permití pedirles la orden judicial para entrar, no la tenían, en esa situación les prohibí ingresar en el edificio con el argumento de que los templos son lugares de refugio y nosotros éramos los responsables de preservar el edificio.

Algo molestos se retiraron. No obstante media hora antes de iniciar el panel programado por la APDH nos instalaron una tanqueta en el frente, algunos patrulleros, policías  y motos en la puerta. Estábamos bien “cuidados” por expertos, unas 70 personas asistieron. Muchas de ellas se incorporarían en las filas del nuevo organismo.

¿Qué hicimos? Sería muy largo enumerar lo llevado a cabo, solo respondo a la pregunta diciendo: Le pusimos vida a los Derechos Humanos en todo el país, nuestro compromiso, pensamiento, tiempo, difusión, trabajo, marchas, en suma le pusimos el cuerpo. Sin vida, los Derechos Humanos quedan en un texto de las Naciones Unidas, muy importante por cierto pero sin plena realización.

Nuestro primer gran desafío fue acompañar a quienes se enfrentaban con la angustia   frente al secuestro de sus seres queridos y la gran pregunta: “¿Qué podemos hacer ahora? La Policía no recibe nuestras denuncias no tenemos donde recurrir por información”.

Resolvimos documentar los relatos que se nos hacían mediante el pedido de un escrito  breve con los datos de la persona afectada y el relato de lo sucedido, además  la fotocopia del resultado del habeas corpus. Así se fue formando lo que fue la primer lista de personas detenidas desaparecidas que publicamos en solicitada del diario La Prensa en el año 1977. Al hacer ese trabajo tomamos conciencia que estábamos documentando la verdad que la dictaduras militar pretendía esconder.

Esa dolorosa verdad la compartimos en 1979 con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos cuya delegación visitó nuestro país en octubre de ese año. Por entonces teníamos aproximadamente 5 mil testimonios.

En abril del año 1980 ingresamos 500 ejemplares del informe completo de la Comisión como “material educativo de la OEA” en una nada fácil tramitación en la aduana del Aeropuerto Internacional de Ezeiza y posterior paso por un control policial cuando acompañé al Dr. Emilio Fermín Mignone en dicha gestión.

Más adelante en 1974, en el comienzo de la democracia hicimos lo propio con la CONADEP que contó con amplio apoyo de la APDH en sus trabajos. Era esa verdad que sirvió luego para la instrumentación de la justicia y la profundización del Estado de Derecho Democrático.

En esta trayectoria estuvo con nosotros el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), el más grande organismo ecuménico del mundo mediante su Oficina de Derechos Humanos para América Latina cuyo Director el Pastor Presbiteriano Charles Harper quien fue una constante compañía y apoyo, no solo para nosotros sino para varios organismos de Derechos Humanos nacientes y latinoamericanos. Por su gestión un grupo de Iglesias  de tradición protestante de Europa donaron fondos para la compra de nuestra sede sobre calle Callao de la ciudad de Buenos Aires.

Hoy la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos está constituida por un Consejo de Presidencia de aproximadamente 150 integrantes quienes aportan una cuota mensual, una activa Mesa Directiva de 25 personas, un amplio abanico de  Secretarías y Comisiones sobre Mujer y sus Derechos – Educación – Salud – Salud Mental -Trata de Personas – Adultos Mayores – Niñez y Adolescencia –  Pueblos Originarios,  – Cultura,- Asuntos Jurídicos, Derechos y Garantías – Derechos Económicos, Sociales y Culturales –  Economía y Finanzas – Migraciones – Delegaciones – Política Criminal y Seguridad –  Medio Ambiente – Prensa – Archivo Documental – Relaciones Internacionales quien mantiene contactos  con equipos de trabajo en Ginebra, Berlín, Oslo, Nueva York, Washington que son nexo con Naciones Unidas dado nuestro Estatus Consultivo Especial ante el Ecosoc (Consejo Económica Social de UN) como también con la Organización de Estados Americanos.

Un acuerdo de trabajo con la Procuraduría Penitenciaria Nacional nos permite estar informados de la problemática carcelaria del país. Las Delegaciones, unas 25 en grandes, medianas o pequeñas ciudades le dan activa presencia a la APDH en todo el país mediante sus comprometidos integrantes que prestan atención a los Derechos Humanos en sus respectivas jurisdicciones.

Mediante un acuerdo con la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación un equipo de aproximadamente 20 abogados son querellantes en los Juicios de Lesa Humanidad conformando un conjunto de valioso  trabajo jurídico. Anualmente realizamos encuentros de militantes de todo el país para “palpitar” la situación nacional.

Vamos llegando a la celebración en el año 2015 de nuestros 40 años, en ellos no hemos dejado de asombrarnos hasta qué grado de violencia y perversidad llegó la dictadura militar durante los años 1976 a 1983 y sus graves secuelas posteriores aún sin resolver como por ejemplo el destino de las aproximadamente 30 mil personas desaparecidas.

En estos años pasados también hemos comprobado la gran capacidad de resistencia al dolor y fuerza interior de madres, abuelas, padres, hijos, hermanos que han transformado su dolor en activo compromiso por la Memoria, la Verdad y la Justicia.  Celebramos el trabajo permanente de otros Organismos de Derechos Humanos con quienes hemos caminado siempre en unidad y mutuo apoyo.

Hemos andado un largo camino pero sabemos que mucho aún hay que andar para poner vida a los Derechos Humanos de Pueblos Indígenas que sufren avasallamiento de sus derechos por causa de poderosos terratenientes, empresas agropecuarias o mineras que invaden sus territorios, poner dignidad en personas que sufren la trata de personas especialmente mujeres, el derecho de niños y jóvenes marginados, mujeres que sufren violencia de género, salud, educación y tantas otras expresiones de graves situaciones humanas.

Si me permiten finalizaré con una sencilla historia.

Se dice que había un pueblito en la montaña que recibía el agua de los manantiales que lo rodeaban. Había también guardianes de los manantiales que mantenían los cauces del agua limpios de basuras, animales muertos, hojas, ramas o escombros. Un día un alto funcionario municipal decidió cancelar el trabajo de los guardianes para ahorrar costos. Meses pasaron y llegó el momento cuando los niños de la escuela comenzaron a tener problemas estomacales y otros deterioros de salud aparecieron en los pobladores. El agua estaba contaminada.

Apliquemos esa historia a nosotros hoy.

La democracia necesita del agua de los manantiales de la Memoria, Verdad, Justicia, Dignidad Humana, Libertad, Igualdad, Equidad, Unidad que incluye Diversidad, Ética y …¿por qué no? Amor. También necesita de atentos Guardianes de los Manantiales. Ese es  nuestro quehacer y responsabilidad como el de tantos en diferentes instancias del país. La salud de la democracia lo requiere para el bien de todo el  pueblo.+ (PE)

(*) Presidente Honorario de la APDH. Obispo emérito de la Iglesia Metodista en Argentina.

Foto: prensajorgerivas.blogspot.com.ar

SN 0543/14

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