Harper: “Defender la vida nos ha enseñado mucho”

El defensor de los derechos humanos Charles Harper galardonado por el gobierno argentino

“La experiencia fecunda en el pasado y los logros de los grupos de derechos humanos en Argentina, como en otros países de las Américas, para defender la vida nos ha enseñado mucho”, dijo Harper. “Las enseñanzas son elocuentes. Sirven no solo como parte de la memoria colectiva pero sobretodo como metas para continuar las luchas de hoy, revelando las nuevas formas  contemporáneas de la intolerancia religiosa,  la violencia contra la mujer y el niño, el racismo, el xenofobia, la discriminación contra las minorías, la pobreza y la injusticia socio-económica en el mundo”.

El exfuncionario del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) Charles Harper ha sido distinguido con la Orden Comendador de Mayo, una alta decoración del gobierno argentino, por su legado emblemático de las luchas por los derechos humanos en el movimiento ecuménico.

Harper, un clérigo presbiteriano jubilado nacido en Brasil y director de la Oficina de DD.HH. para América Latina del Consejo Mundial de Iglesias de 1973 a 1992, recibió la condecoración en una ceremonia el 16 de septiembre, en Ginebra, Suiza.

La ceremonia fue organizada por el Embajador Argentino Alberto D’Alotto, funcionario con un importante compromiso en el activismo de Derechos Humanos y también miembro de la APDH Argentina.

Entre los que asistieron a la ceremonia estaban tres destacados defensores de los derechos humanos de Argentina: Aldo Etchegoyen, obispo (e) de la Iglesia Evangélica Metodista en Argentina y miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos;  Estela Barnes de Carlotto, presidente de la Asociación de las Abuelas de Plaza de Mayo y Rosa Tarlovsky de Roisinblit, vicepresidente de la Asociación.

Harper, hijo de un misionero estadounidense destacado en Brasil, se sumó tempranamente a la lucha anticolonialista a través del Comité Inter Movimientos de Ayuda a los Evacuados (CIMADE), trabajando con jóvenes e inmigrantes argelinos en Marsella, Francia, a principios de los años 60. Luego llegó a ser director del Centro Internacional John Knox, donde apoyó a líderes perseguidos en Mozambique, Angola y Cabo Verde. No pocos de ellos fueron figuras clave en los procesos de independencia de sus países.

En el CMI, Harper desplegó una sistemática y coherente denuncia internacional sobre violaciones de derechos humanos en Latinoamérica al mismo tiempo que creaba instancias sólidas para la protección de las personas perseguidas, encarceladas y torturadas en el continente.

Harper mencionó que desde 1973, cuando la historia de Chile fue marcada por violaciones a los DD.HH., algunas de las iglesias miembros del CMI en Argentina salieron a la ayuda de miles de  refugiados  Chilenos, especialmente en Mendoza y en Buenos Aires, en la formación de la organización Comisión Argentina de Refugiados (CAREF).  “Con el golpe militar de 1976, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) se formó, proclamando el fuerte sentido de unidad espiritual y práctica entre las iglesias en Argentina comprometidas con los derechos humanos”.

Defendiendo los DD.HH.

Al acompañar estos movimientos y organismos de derechos humanos en los años 70, el CMI fue desafiado a responder a los insistentes llamados de solidaridad, al nivel regional e internacional. La labor de Harper como Director de la Oficina de Derechos Humanos del CMI para América Latina y Caribe tuvo lugar a partir de una decisión tomada en acuerdo con las Iglesias miembros en esta región y en el posterior diálogo con la Comisión de Asuntos Internacionales del CMI, presidida por el conocido jurista internacional Dr. Theo van Boven, quien fue también distinguido por el Estado Argentino en 2012.

En su mensaje de agradecimiento durante la ceremonia, Harper expresó su gratitud por la condecoración y la compartió con todo el movimiento ecuménico. “El gran honor que me otorgan es algo ampliamente merecido por todas y todos que han respondido con eficacia y dedicación en el Consejo Mundial de Iglesias y en el seno del movimiento ecuménico”.

Harper señaló los desafíos globales actuales que la nueva generación de defensores de los derechos humanos tiene que afrontar. “Treinta años más tarde –hoy día– los desafíos en el mundo que confrontan tanto la comunidad de naciones cuanto la familia ecuménica internacional, no solo persisten sino que se hacen más intensos: El Consejo Mundial de Iglesias, un instrumento de unidad y de servicio a la humanidad, se esfuerza para acompañar a las iglesias y los grupos relacionados con ellas en situaciones críticas para defender los derechos humanos y la dignidad humana, luchar contra la impunidad, exigir la justicia punitiva, y la construcción de sociedades justas y pacíficas”.

“La experiencia fecunda en el pasado y los logros de los grupos de derechos humanos en Argentina, como en otros países de las Américas, para defender la vida nos ha enseñado mucho”, dijo Harper. “Las enseñanzas son elocuentes. Sirven no solo como parte de la memoria colectiva pero sobre todo como metas para continuar las luchas de hoy, revelando las nuevas formas  contemporáneas de la intolerancia religiosa, la violencia contra la mujer y el niño, el racismo, el xenofobia, la discriminación contra las minorías, la pobreza y la injusticia socio-económica en el mundo”.

Durante la ceremonia, el Embajador Alberto D’Alotto afirmó que “las iglesias protestantes desempeñaron un papel importante en la defensa de los derechos humanos y en el inicio del movimiento de los derechos humanos en mi país: contribuyeron a fundar organismos de derechos humanos y auspiciaron su consolidación, consiguieron el financiamiento internacional que tanto necesitaban en sus comienzos”.

“Las iglesias lograron quebrar el cerco informativo impuesto por las autoridades militares dando a conocer internacionalmente lo que sucedía en la Argentina y denunciaron la represión en los foros internacionales”, destacó.

Para el embajador, “la importancia de la obra del Reverendo Harper es de haber contribuido a consolidar el movimiento de derechos humanos y haber acompañado, en sus primeros pasos, a organizaciones que tanto han hecho por el avance de los derechos humanos”.

Entre los ejemplos significativos de la cooperación a las organizaciones de derechos humanos, D’Alotto mencionó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), al Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), la Comisión Argentina para los Refugiados (CAREF), y al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH).

En 2010, Harper fue galardonado en Chile con la orden Bernardo O’Higgins, en el grado de Gran Oficial, por el embajador Carlos Portales, representante permanente de ese país ante los organismos internacionales en Ginebra.+ (PE/CMI)

Foto: Charles Harper, Estela Barnes de Carlotto, Embajador Alberto D’Alotto e Obispo (e) Aldo Etchegoyen  / Misión Argentina en Ginebra oikoumene.org

SN 0639/14

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