Cartas de verdad

Por Julio Monsalvo (*) 

Formosa

Mi padre mantenía correspondencia con muchísimas personas. Lo veía escribir cartas “a puño y letra”. En sus últimos años tecleaba con entusiasmo en una “Olivetti”. Ensobrar, pegar las estampillas y marchar al correo. Además, leía todas las mañanas el diario. El hogar era muy humilde, si embargo nunca faltaban el diario ni estampillas para las cartas.

Así también pasó mi infancia y mis primeros años de lo que llaman adolescencia.

Seguramente “por contagio”, fue que por muchos años, leía todas las mañanas “un diario de papel” y escribía “cartas de verdad”. Hasta no hace tanto tiempo, era así en mi vida.

En los albores de este siglo XXI, fui literalmente empujado a comunicarme con el “correo electrónico”. Dicho sea de paso, nunca uso la palabra “mail”. Sigo resistiendo a la colonización del lenguaje. Digo “todo bien” y no “OK”, en fin…

El lenguaje es uno de los tantos ámbitos en donde se prodiga la colonización cultural.

Estoy convencido que la colonización cultural, está perfectamente planificada con el propósito de imponer un estilo de vida funcional al consumismo, uno de los dogmas del fundamentalismo de mercado.

Escribir o leer  “cartas de verdad” era un placer.  Detenía el mundo. Existían solo dos personas, yo que escribía y quien me iba a leer, o yo que leía y quien me había escrito.

¿Nostalgias? Alguito puede ser… pero no tanto… Cuando tengo oportunidad “me fabrico una ocasión”, para escribir una “carta de verdad”.

En la Carta anterior hacía referencia “la ruidosa irrupción de los llamados medios de comunicación que (in)comunican”. Ello me motivó a revivenciar estas vivencias del disfrutar la comunicación.

Creo oportuno recordar que cuando nos comunicábamos por medio de “cartas de verdad” se sentía y se pensaba en la otra persona. El saludo inicial y la despedida eran muy cordiales. Se desarrollaban los sentimientos y los pensamientos sobre los más variados temas.

Quizás con los “medios modernos” podríamos ser un poquito menos “telegráficos”. Es frecuente que los comentarios en el “facebook”, por ejemplo, rara vez exceden tres renglones.

El mundo saludable que soñamos es un mundo en donde nadie dice, ni piensa, “no tengo tiempo”. Lo que se llama “tiempo” siempre está, sólo que se priorizan los afectos.

A ese mundo de auténtica comunicación, tenemos la oportunidad de construirlo ya, en nuestra cotidianeidad. ¡Hasta la Victoria de la Vida Siempre!+ (PE)

(*) Médico argentino especializado en pediatría y diplomado en Salud Pública. Colaborador del Consejo Internacional por la Salud de los pueblos, Cono Sur. Radicado en el norte argentino donde trabaja con comunidades campesinas y pueblos originarios. Autor del sitio Alta Alegremia

SN 0789/15

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