La formación teológica y la Iglesia

Por Oscar Bolioli (*)

Montevideo

 

La educación fue para América latina uno de los instrumentos estratégicos de las Juntas Misioneras. En el Congreso de Panamá de 1914 se ponía énfasis no solo en la educación popular, sino también en la forma de educar a las clases liberales altas como una forma de romper la férrea primacía católica.

La educación teológica fue un capítulo aparte que emergió muy temprano frente a la necesidad de la formación de líderes nuevos para una iglesia que se expandía. Algunos futuros líderes fueron enviados para su formación a Seminarios en Estados Unidos. En el Río de la Plata, ya en 1884, se da la formación teológica en forma ecuménica entre la Iglesia Metodista y la Iglesia Valdense, para preparar sus futuros pastores. Con el correr de las décadas se fueron sumando otras denominaciones a este esfuerzo, formando así la Facultad Evangélica de Teología.

Creo que el momento de mayor crecimiento se da en el período donde el Dr. B. Foster Stockwell ejerce el rectorado. En los tiempos precedentes se fueron unificando en Buenos Aires las expectativas de las iglesias de Perú, Chile, Bolivia y Uruguay para la formación de pastores. México fue otro polo de formación, como también lo fueron Puerto Rico, Cuba y Brasil. El austero Dr. Stockwell favoreció la introducción de los pensadores europeos en el currículum que estaba dominado por los teólogos norteamericanos. Algunos como Bonhoeffer crearon dudas en algunos círculos eclesiásticos.

Recuerdo una anécdota de aquel tiempo: a mí me había apasionado un pequeño libro de Bonhoeffer, en francés, titulado “La vida en comunidad”. Era un libro de reflexiones pastorales, realizado por este teólogo ejecutado en Alemania por oponerse a Hitler. Yo ya estaba en ULAJE y había conseguido los recursos para publicar el libro en español. Se lo planteé a la Editorial La Aurora, pero lo rechazaron por considerarlo “un libro peligroso”. Nos costó mucho convencerlos.

Otra de las visiones de Stockell fue la de ir formando una generación latinoamericana que asumiera la discusión teológica en la Iglesia. Para ello otorgó becas de posgrado en distintos centros de estudios. De allí salieron Roberto Ríos, José Migues Bonino, Norberto Bertón, Emilio Castro, Julio Sabanes y otros, que fueron eje de un nuevo pensamiento y una enorme riqueza dentro del debate teológico en nuestras iglesias e instituciones.

Yo estaba haciendo el Bachillerato para entrar en la Facultad de Veterinaria, cuando la perseverancia del pastor Carlos Gattinoni y los argumentos del Obispo Sabanes en una Campaña de Evangelización me convencieron de cambiar el eje de mi vida y estudiar para ser pastor. No fue nada fácil para mi familia que esperaba una carrera que se correspondiera al nivel de la de mis hermanos (médico, militar y arquitecto). Más difícil fue llegar a la Facultad Evangélica de Teología en Buenos Aires. Era un tiempo de crisis política entre el gobierno de Perón y el de Batlle Berres, y Argentina no otorgaba visas de viaje. Fue así que en marzo de 1953 las clases comenzaron sin mí. Entonces, Gattinoni organizó un “curso” para todos los que estábamos en situaciones similares. Recién pude viajar a fines de junio, gracias a un vecino del barrio que me consiguió un pasaporte diplomático para hacer una “investigación teológica”.

En aquellos tiempos se hacía “un año de práctica” con una asignación pastoral en medio de los estudios. Era una forma de consolidar la vocación y aclarar el campo de estudio con la experiencia vívida. Yo tuve la bendición de ser asignado como ayudante del Obispo Enrique Balloch en un circuito que reunía Mercedes, Colonia Inglaterra y Fray Bentos. No había puente, por lo tanto se debía cruzar en balsa y la carretera era de balasto, pero eso no impedía que yo hiciera mis viajes en bicicleta. Lo que aprendí con Balloch estaba más allá de lo que podía estudiar en los libros. Un hombre sabio, un maestro, liberal, socialista, de largas charlas y de una inmensa fe que contagiaba.

En 1963 me ofrecieron una beca del CMI para estudiar en Alemania. Me pareció inútil ir al viejo continente cuando estaba emergiendo tan fuertemente lo latinoamericano en el pensamiento teológico y en las propuestas de misión. Conseguí que me lo cambiaran por un curso de posgrado con Miguez Bonino sobre “Iglesia y política” en la FET.

Refiero estas cosas no para hablar de mi vida, sino como testimonio de la formación teológica que algunos tuvimos el privilegio de recibir, que va más allá de los textos y de los profesores. Escribo estas cosas porque el 28 de abril recibimos la información oficial de que ISEDET, sucesor de la Facultad de Teología, cierra sus puertas definitivamente.

ISEDET se creó en 1969 con la fusión de la Facultad de Teología y el Seminario Luterano. Paso loable de unidad y de compartir recursos y dones. Pero a partir de ese tiempo se da un giro que crea una orientación diferente. A ninguno de nosotros se nos pasó por la cabeza ir a la Facultad si no era para ser pastores. Era una decisión vocacional y muchos quedaron por el camino. En nuestra clase éramos doce, pero solo cuatro llegamos al pastorado.

ISEDET no estaba orientado a formar pastores, sino licenciados en teología. Hace unos siete años atrás tuvimos, junto con la obispa Nelly Richie una fuerte conversación con el Rectorado para que se volvieran a instalar los cursos de Teología Pastoral. Ellos consideraron que esa era una responsabilidad de las iglesias, no de ISEDET. Creo que la propuesta teórico-práctica fue fundamental para la formación y misión de las iglesias. El divorciar lo teórico de lo práctico ha traído resultados preocupantes y al mismo tiempo ha conducido a una falta de incentivos para convocar a estudiantes. No es la única causal, pero creo que es la que más toca a las iglesias.

Nos alegra el documento y la propuesta que ha realizado la Iglesia Metodista Argentina frente a la situación del cierre de ISEDET: “Se propone hacer una convocatoria a las iglesias que estén interesadas en crear una nueva institución teológica con la misma estructura, personal, planes de estudio y demás elementos. Que sea además sustentable económicamente y responda a las necesidades teológicas y prácticas de la formación del ministerio pastoral de las iglesias participantes. […] Que pueda encarar un proyecto de formación teológica que sea adecuado al mundo educativo de nuestros tiempos”.

Debemos entender que todo esto se enmarca en un contexto donde la educación teológica y sus instituciones están pasando por tiempos difíciles.

Estos 131 años de educación teológica ecuménica han tenido una generosa siembra de conocimiento y de construcción del Reino y debemos dar gracias por lo logrado. Es tiempo de repensar lo económico sin estructuras agobiantes que permitan urgentemente la formación teológica que necesitamos para aquellos que están llamados a ser guías y orientadores de nuestras congregaciones.+ (PE)

(*) Teólogo. Pastor desde 1955. Secretario ejecutivo de ULAJE (1964-1968); Director del Departamento de Juventud del Consejo Mundial de Iglesias (1968-1972); Director del Consejo Nacional de Iglesias de EE.UU para Latinoamérica y Caribe (1981-2000); Presidente de la Iglesia Metodista en el Uruguay.

Publicado en Revista Metodista Nro. 214 junio-julio 2015

SN 0807/15

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4 comentarios sobre “La formación teológica y la Iglesia

  1. Muy interesante aunque muy micro-biográfica la reflexión. Es un tanto estrecha y nostálgica al recordarnos aquellos años 60 y 70 de una iglesia y unas sociedades cambiantes y en crispación con regímenes totalitarios, posturas cristianas abigarradas en un pensamiento tradicional y la ebullición de un pensamiento cristiano reformista y revolucionario.

    Sin embargo, ese mundo ya no es! Esa iglesia ya no es! Esos líderes ya no son! Me parece un error garrafal el desear un seminario o escuela teológica solo para formar pastores y mucho menos los pastores de la generación del autor, este es otro momento.

    Ojalá y la educación teológica de hoy sea mas que semántica y capture de forma transdiciplinaria al trabajador de lo religioso para lidiar con una sociedad otra de forma plural y transreligiosa.

    Finalmente, no deja de llamar la atención que el autor ejerció su profesión o ministerio en gran parte fuera de la iglesia como comunidad o congregación local. Los cargos que se describen en su currículo al di de hoy refieren preparación aun mas compleja y suplementaria a la teología pastoral.

  2. Resulta totalmente inverosimil que este, me imagino y espero, retirado profesional del ecumenismo del siglo pasado, plantee como soluion la misma receta que ha llevado a la educación teológica de América latina y el Caribe a su bancarrota en los albores del siglo XXI. Si la misma carta abierta produida por los protagonistas de la crísis lo plantea: “La falta de alumnos que se inscriban en esta propuesta de capacitación teológica para el ministerio pastoral”. La educación teológica no puede tener en esta nueva realidad como objeto exclusivo al llamado “ministerio pastoral” (de hecho, noción totalmente ambigua), sino a la transdisciplinariedad, el cuidado espiritual de la comunidad secular más amplia y a agentes teologales prácticos macroecuménicos. Por no responder a estas nueva realidad desde estas nuevas coordenadas es que el ISEDET, y otras instituciones teologías de América latina y el Caribe están a punto de perecer también.

  3. Personalmente me gusta la idea de lo que puede suceder con el futuro de ISEDET (ya sea cual sea su nombre en el futuro). Es importante entender que muchas veces algo tiene que morir para que otra panza y crezca en su lugar, de mas esta decir que estoy muy expectante de ver los frutos de estas semillas.
    Me parece sumamente importante que se incluya un entrenamiento pastoral, y que a demás se trate de adecuar a los tiempos actuales. Sin embargo no puede ser el fin en si mismo, como estudiante de seminario mas del 50% de mis compañeros no han sentido el llamado pastoral pero fueron entrenados para ser líderes comunitarios con una ideología Cristo-centrica. Va a tomar mucho trabajo, por alguna lado se debe comenzar.

  4. Al concluir su articulo el autor parece celebrar la propuesta de la Iglesia Metodista Argentina como “alternativa” al cierre del ISEDET. La manera en que dicha “alternativa” se presenta me parece un clasico ejemplo de una negacion logica: “Se propone hacer una convocatoria a las iglesias que estén interesadas en crear una [nueva] institución teológica con la [misma] estructura, personal, planes de estudio y demás elementos. En otras palabras sera nueva y sera la misma a la vez. Ante tal propuesta que no es mas que la cancelacion de ella misma, podemos argumentar trivialmente que se trata de un proceso dialectico (por eso de ser fieles a las ideologias de nuestra juventud radical) o de reconocer lo que en realidad es, un esfuerzo nostalgico de resucitar un modelo institucional que debe ser repensado con “nueva” estructura, nuevo personal, nuevos planes de estudio, nueva conceptualizacion de las diversidades vocacionales y religiosas que exigen hoy un giro cualitativo en la educacion teologica (y mucho mas aun en el ministerio de la iglesia). Poner una segunda piel a un cuerpo moribundo es un sustituto pobre a cualquier promesa de resurreccion. Hasta que no exista este reconocimiento seguiremos postrandonos en cuclillas frente a la memoria alucinante de nuestros petricos mausoleos.

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