#NiUnaMenos bahiense

Por Aníbal Sicardi (*)

Bahía Blanca

La multitud promediaba la mitad del recorrido por las calles del centro de la ciudad cuando la murga inició su reveladora presentación en la esquina que está a la izquierda del Municipio, Alsina/Chiclana, de la ciudad de Bahía Blanca.

Algo más de treinta mujeres con sus tambores, palillos y energía no podían evitar –si es que lo quisieran–  impregnar la mente con imágenes de las murgas uruguayas que caminan y repiquetean en los barrios montevideanos y otras ciudades orientales.

“¿El ritmo? Afro uruguayo” aclara una de las murgueras. “Todas somos participantes de otras murgas de la ciudad que nos unimos para esta ocasión”. No hubo para más entre el espacio de tambores y baile del final de una de sus presentaciones y la llegada de la multitud que vino por O´Higgins y quedó detrás de ella o ellas delante de la multitud.

Las manos derechas con los palillos golpearon sobre el costado de los tambores señalizando el clásico llamado a silencio y asombro para el momento en que las levantadas manos derechas descendieran e impusieran sus palmas sobre lo tambores. Fuerza y ritmo que rompieron el prejuicio de la debilidad femenina y aquello de que eso no es para mujeres.

Sesenta metros, no más, tal vez menos, desde la esquina a la mitad de la cuadra donde frente a la Municipalidad esperaba el impactante momento final. Metros suficientes para que el “ritmo” afro se introdujera en la interioridad de esas 6 o 7 mil personas que se apiñaban en el anochecer bahiense recordando que la lucha por la liberación tiene raíces ancestrales y une la historia de los liberadores encuentros humanos.

Réplica de lo que ocurría en otros espacios a lo ancho y largo del país, en la sureña ciudad, si miramos desde Buenos Aires, o la norteña, si nos afirmamos en la Patagonia. Allí estaban personas de distintas ideologías, diversos partidos políticos y organismos sociales alrededor del  #NiUnaMenos. Algunos obligados. Significativo de que la fuerza del reclamo intima a otros a presentarse por cuestión de imagen.

También forzó a los medios a que informase sobre lo ocurrido en el “interior”. Ahora se hace más aceptable el cambio de lenguaje. El “todos y todas” aparece con asiduidad y aceptación en un lenguaje machista proveniente de una estructura lingüística de igual calibre. Cruzó las fronteras nacionales -Chile, Uruguay y otros.  Abrió el espacio a reconocer la diversidad de violencias. Al forzado “homi” le impuso el “femi”.

Hay quienes se resisten tratando de entender qué es lo que pasa. Otros decididamente en contra, los jueces que aun sentencian como si nada hubiera pasado en la historia de la humanidad. La luz mostró lo que son. El imparable movimiento les sacó la alfombra y expuso sus suciedades provenientes de corazones de piedras.

Entre los centenares de carteles que pululaban la marcha estaba allí, en una de las sendas de la Plaza central, ese de doble página, entre otros de mayor contextura, pero visible como las cosas pequeñas que son grandes. Alertaba que “la única lucha perdida es la que se abandona”.

Cuando las sombras de la noche avanzó sobre la ciudad, sureña o norteña, la épica frase iluminaba esa verdad. La única lucha que perdemos es la que abandonamos.+ (PE)

(*) Bahía Blanca, 18 de diciembre de 1933. Teólogo de la Facultad Evangélica de Teología (Buenos Aires). Fundador y director de Agencia de Noticias Prensa Ecuménica Ecupres. Pastor de la Iglesia Metodista Central Bahía Blanca. @anibalsicardi

 

SN 0804/15

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