La pobreza en un año electoral

Por Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Argentina

 

Con motivo de la colecta anual de Cáritas Argentina vuelve, como todos los años, a emerger el tema de la pobreza, las estadísticas, la preocupación, la “pobreza cero”, y variopintas declaraciones episcopales sumadas a la próxima “Semana de Pastoral Social” que se realizará como todos los años en Mar del Plata.

En este contexto se escuchan diversas voces de obispos que nos resultan significativas:
·         Mons Martínez afirmó que “le preocupa la realidad y no las estadísticas”
·         Mons. Oscar Ojea declaró que “no tenemos indicadores precisos, Cáritas no hace encuestas”.
·         Mons. Arancedo afirmó que “la pobreza es de dos dígitos siempre”.

En todos los casos sin embargo –y sin que afirmen cuáles son los argumentos científicos o académicos–  hacen suyos el índice de pobreza medido por el Observatorio de la UCA (Pontificia Universidad Católica Argentina).

Esa actitud contradictoria de afirmar –por un lado– que no se valoran las estadísticas como si la realidad pudiera apreciarse sin mediaciones, y a su vez aceptar sin la debida neutralidad las mediciones de la UCA, resta objetividad a los comentarios y opiniones sobre un tema tan serio.

Nos resulta un evidente signo de parcialidad notar que en las intervenciones eclesiales o de diferentes actores sociales sobre el tema de la pobreza suelen obviarse una serie de medidas inclusivas y trascendentes para la reducción del hambre y la pobreza que fueron ejecutadas como políticas de Estado en los últimos años y que también son parte de la realidad. Políticas que de hecho han reducido drásticamente la pobreza e indigencia que alcanzaran niveles delirantes a fines del 2001.

El Dr. Bernardo Kliksberg, autoridad mundial en temas de pobreza, ha destacado las vigorosas políticas antipobreza y proigualdad de la Argentina. Se expandieron las políticas públicas, se hicieron grandes inversiones en educación y salud, aumentaron sustancialmente los salarios reales mínimos y medios y las jubilaciones, se crearon nuevos puestos de trabajo y se auxilió especialmente a los más pobres con programas sociales tales como la Asignación Universal por Hijo.

Es algo evidente que la pobreza es un fenómeno indisociable tanto del modelo económico aplicado por el gobierno que esté al frente de un Estado como del sistema económico global impuesto por las potencias desarrolladas. Nos gustaría escuchar a los Obispos o a los candidatos a presidente hablar acerca de cuál sería el modelo económico que reduciría la pobreza, porque no se trata solo de expresar la preocupación por la misma sino de apoyar efectivamente un modelo de país, un modelo de economía y sociedad.

La Argentina conoció el hambre en los 90 de la mano del modelo neoliberal. La UCA ha sido y sigue siendo frecuente lugar de disertación de economistas neoliberales, (como Domingo Cavallo funcionario de la dictadura militar y adalid de la economía de los 90) cuyas propuestas agravan la pobreza, el hambre y la desigualdad en el mundo. No le reconocemos, por tanto, autoridad alguna para hablar seriamente de la pobreza en la Argentina.

Por otro lado, nos resulta curioso escuchar una y otra vez voces eclesiásticas que se manifiestan escandalizadas por la pobreza,  pero que a la vez no encuentran escándalo en la riqueza que ostentan sus asesores y no reparan en los modelos económicos que defienden. Alguna vez quisiéramos escuchar nombres y modelos más que excusas tales como “no somos técnicos” o semejantes.

Finalmente, sabemos que hay muchos problemas por resolver, mucho camino resta por andar. Pero no ignoramos el largo camino transitado de inclusión e incorporación de aquellos compatriotas que los modelos anteriores habían dejado heridos al costado del camino.

Como curas que caminan en medio de los pobres, escuchando sus clamores y celebrando sus fiestas, hacemos nuestro el deseo ferviente del Obispo Oscar Romero, beato y mártir. Un mundo igualitario con justicia social sin concentración egoísta y violenta de la riqueza, que sin dudas es una de las causas más profundas de la pobreza: «Yo denuncio, sobre todo, la absolutización de la riqueza. Éste es el gran mal de El Salvador: la riqueza, la propiedad privada como un absoluto intocable. ¡Y ay del que toque ese alambre de alta tensión! Se quema.» (24-7-77)

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
Junio 2015+ (PE)
SN 0822/15

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