Encíclica papal “sobre el cuidado de la casa común”

Comentarios católicos romanos

Por Aníbal Sicardi (*) 

Bahía Blanca

La Encíclica del Papa Francisco fue calificada como el documento “más esperado”. Su importancia es revalidada por quienes tuvieron acceso al texto. Entre ellos los que participaron en la presentación del jueves 18. También los obispos a quienes el Papa le envió con anterioridad el documento y, según se comentó, los medios que lo recibieron con la advertencia de “embargo” y que algunos no cumplieron con el código periodístico. Para un primer acercamiento a la Encíclica se optan los comentarios de quienes son cercanos al Vaticano.

Surge el consenso de que es un compendio de la doctrina social de la Iglesia Católica Romana sobre los grandes desafíos de la humanidad. Su título “Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común” se expresa en las 187 páginas donde la ecología se asocia al  “desarrollo pleno del género humano” -al que ya se lo denomina “ecología integral”- dado que se incorporan las dimensiones humanas y sociales inseparables en la situación medio ambiental.

El daño es de tal calibre que se necesita el talento y el compromiso de todos.

La Encíclica tiene seis capítulos  “Lo que le está pasando a nuestra casa”; “El Evangelio de la creación”; la “Raíz humana de la crisis ecológica”; “Algunas líneas de orientación y acción” y  “Educación y espiritualidad ecológica”.

La pretensión de Papa sería el pedido de un cambio de mentalidad y de comportamiento a toda la sociedad. Dialogar es un término repetido pero preciso. “Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”.

El diálogo implica a todos porque las “soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustradas no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás”. Una advertencia que ya proclamaba Martín Luther King para quien el problema principal no eran los opositores sino los tibios.

La visión del Pontífice destaca que los acuerdos principales deben estar en el sector internacional porque las instancias locales son débiles. Una instancia que está presente en el movimiento papal. Habrá que constatar con el texto las apreciaciones que surgieron sobre que en esa construcción debe estar ausente lo ideológico, superficial o reduccionista, cuestión que no se aprecia en el lenguaje visible de Francisco.

También el desarrollo sobre la “maduración humana” que se comentó como “inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana” que sería un reduccionismo que no se aprecia en declaraciones pontificias.

Son más receptivas las declaraciones de quienes plantean que para “salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo” es necesario el camino educativo, de que en el mundo todo está conectado, el poder de la tecnología, otra manera de entender la economía y el progreso, debates sinceros y honestos, la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta. Justamente, sobre esta última cita, en una de las exposiciones  se demostró que “Los pobres contaminan poco,  mientras el consumo de los países del primer mundo muchísimo más”.

Un hecho novedoso ocurrió en la presentación del documento que se hizo mediante un “power point”.  Se trató de datos científicos con la interpretación de que “el documento pontificio es enteramente único porque usa dos voces potentes en el mundo, de un lado la fe y de otro la ciencia”.

Se hizo mediante gráficos de  los cambios climáticos y su relación con el medio ambiente, por ejemplo que “la estabilidad de los últimos 11 mil años, permitió la agricultura entre otras cosas”. Hubo abundancia de datos que apoyan el texto papal. Se dijo que “Todo lo que está en la encíclica está de acuerdo con las pruebas científicas”.

En esa lógica la Laudato si’ tiene dos grandes mensajes “uno es el del razonamiento y del progreso y otro el de la ética, de la fe y de los valores cristianos”.

Al reconocerse que actualmente hay más preocupación sobre el degrado ecológico surgió una afirmación nada común en las expresiones católicas romanas y de otras iglesias. Se dijo que “el ser humano es capaz de intervenir positivamente por lo que no todo está perdido”.  Una línea que parece estar en consonancia con Laudato si’ donde surge un llamado a toda la humanidad cualquiera sea su fe o no fe porque la casa no se arregla si no es con todos.

Habría que agregar “todas” pero ya se sabe que es difícil encontrar esa expresión en las palabras del clero.

Se repite la idea de que el texto debe leerse con clave pastoral. Hay un llamado a un verdadero examen de conciencia. A ese concepto se le agregan expresiones conocidas dentro del espectro cristiano como que ese examen debe estar “orientada la vida a la luz de nuestra relación con el Señor” “poner el foco en cómo se vive la comunión con Dios”- Habrá que ver si están así en la Laudato o si la clave pastoral tiene  un sentido mucho más amplio.

Un giro distinto tomaron las declaraciones de los representantes ortodoxos que apuntaron a la dimensión ecuménica porque  “plantea a todos los cristianos divididos una tarea común que deben enfrentar juntos”. La idea es que la actualidad presenta “problemas existenciales fundamentales que superan nuestras divisiones tradicionales y las relativizan casi hasta el punto de la extinción”.

Los ortodoxos subrayaron que  la Iglesia debe ahora introducir en su enseñanza sobre el pecado, el pecado contra el medio ambiente, el pecado ecológico.

No podían faltar opiniones de obispos católicos romanos que se colocan sobre otras organizaciones sociales y ven que este documento “no es una encíclica ecologista, en el sentido que se entiende habitualmente” porque “supera a los movimientos ecologistas” y, de hecho, “muchos ecologistas no se verán reflejados en ella porque los trasciende”.

Sí hubo otros que rescatan que el texto es una “gran defensa de la naturaleza” y como “una llamada rigurosa a su protección, a la que está unida la protección y defensa del hombre inseparablemente, tanto en su dimensión personal, espiritual y social”. También hubo quien introdujo una dimensión interesante. Que la encíclica llama a pensar en “una espiritualidad ecológica”.+ (PE)

(*) Bahía Blanca, 18 de diciembre de 1933. Teólogo de la Facultad Evangélica de Teología (Buenos Aires). Fundador y director de Agencia de Noticias Prensa Ecuménica Ecupres. Pastor de la Iglesia Metodista Central Bahía Blanca. @anibalsicardi

 

SN 0824/15

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