Charleston: el amor como legado

Por Magalí Heredia (*) 

Bahía Blanca 

 

De cierto les  digo que todo lo que aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo. 

Otra vez les digo, que si dos de ustedes se pusieran de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieran, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. 

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

(Mateo 18: 18-22)

En el culto del domingo, en la Iglesia Metodista Central, reflexionamos sobre el ataque a la Iglesia Africana Metodista Episcopal (AME) “Emanuel” de Charleston, en Carolina del Sur, Estados Unidos, ocurrido el 17 de junio, en el que fueron asesinadas nueve personas que asistían a un estudio bíblico. Entre las víctimas se encuentra Clementa C. Pinckney, de 41 años, que como pastor a cargo de la Iglesia AME y senador demócrata, trabajaba sobre un proyecto legislativo relacionado con la violencia racial institucionalizada, luego de que en abril Walter Scout, un hombre afroestadounidense de 50 años que se encontraba desarmado, fuera asesinado de ocho disparos en la espalda mientras intentaba fugarse de un control policial en Carolina del Norte. 

En la reflexión rescatamos la luz que los crímenes cometidos en la Iglesia AME pusieron sobre temas que generan fuertes desacuerdos en la sociedad estadounidense, como el uso de la bandera confederada identificada con los estados sureños que se oponían a la abolición de la esclavitud durante la Guerra Civil hace 150 años –bandera que todavía ondea en muchos de ellos– y la resistencia que existe en algunos sectores a que se avance en la regulación del control de armas. Temas que además de división y polémica, causan dolor.

Pero más profundamente rescatamos la historia de esta emblemática iglesia de Charleston, símbolo de la lucha antirracial, que paradójicamente nació a partir de una discriminación racial. “Comenzamos en 1787 a través de nuestro fundador, Richard Allen, que se fue de la Iglesia Episcopal Meddeth de San Jorge debido a que le decían que tenía que rezar después de los miembros ‘normales’ de la iglesia. Y es así que comenzó nuestra denominación, en un acto de desobediencia civil y, por decirlo de algún modo, de búsqueda de justicia teológica”, contó Pinckney hace unos años.

En 1818, Morris Brown, un zapatero metodista afroamericano, creó la congregación y se convertió más tarde en el segundo obispo de la Iglesia Africana Metodista Episcopal. Allí, otro de sus fundadores, Denmark Vesey, lideró una rebelión de esclavos en 1822 pero esta no prosperó. Más de mil personas fueron puestas en prisión y 35 ellas fueron ejecutadas, incluido Vesey. El templo fue incendiado como represalia a la osadía de sus miembros de luchar por la abolición de la esclavitud. Sin embargo, la congregación volvió a construirlo en 1834 y siguió resistiendo desde la clandestinidad hasta el fin de la Guerra Civil en 1865. 21 años más tarde el templo fue destruido nuevamente, esta vez por un terremoto. Los miembros de la congregación lo reconstruyeron por segunda vez. Les tomó 5 años.

También durante las décadas de 1950 y 1960, “Emanuel” AME fue clave en la lucha por los derechos civiles liderada por afroamericanos. Fue en esa iglesia donde, en 1962, Martin Luther King Jr brindó un discurso en el que enfatizó la necesidad de que la comunidad negra se registrara para participar en las elecciones. Fue también allí donde la viuda de Luther King Jr, Coretta Scott King, estuvo al frente de una protesta de 1500 personas –en abril de 1969– que reclamaban derechos para los trabajadores negros de la salud, marchando luego hasta el hospital local.

De esas curiosas tramas que teje el de Arriba, compartimos el testimonio de vida de John Newton, compositor de Sublime Gracia (Amazing Grace), un himno cristiano emblemático que el presidente Barack Obama entonó en el funeral del pastor Pinckney el viernes pasado en la universidad de Charleston.

Sublime Gracia, que data de 1773, recoge la conversión espiritual de su compositor. Curiosamente también se relaciona con la esclavitud. El inglés John Newton participaba en el comercio de esclavos africanos integrando la Marina Real. Se destacaba por la crueldad con la que los trataba. Fue durante una fuerte tormenta en alta mar que Newton, viendo cómo se hundía su embarcación, suplicó a Dios y se encomendó. Pero pese a su repentina fidelidad, una vez a salvo prosiguió comerciando esclavos. No fue sino hasta algunos años después que atravesando una enfermedad repitió el pedido. Esta vez correspondió con hechos. Abandonó la marina para trabajar como pastor protestante y luchó para erradicar el comercio de esclavos en Inglaterra. En su legado se encuentra, además de numerosos himnos, un escrito titulado “Pensamientos Sobre la Trata de Esclavos”, en el que relata a modo de confesión las terribles condiciones a las que eran sometidos los esclavos africanos… “la cual, viene muy tarde… Esto siempre será un objeto de una humillante reflexión para mí, que yo era un activo instrumento, en un negocio en el cual ahora, mi corazón se estremece.” El texto tuvo tal impacto que influyó en forma determinante para la campaña parlamentaria que buscó –y logró– abolir la trata de esclavos en Inglaterra.

Obama dijo en el funeral de Pinckney ante más de 5 mil asistentes: “Toda esta semana, he estado reflexionando sobre esta idea de la Gracia… La Gracia de las familias que perdieron a sus seres queridos. La gracia de la que el Reverendo Pinckney predicaba en sus Sermones. La Gracia descrita en uno de mis himnos favoritos, la que todos sabemos: Sublime Gracia (Amazing Grace)… “Qué dulce el sonido que salva a una persona malvada como yo. Estuve perdido, pero ahora me encontré. Estuve ciego, y ahora veo.

Según la tradición cristiana, la Gracia no es ganada. La Gracia no es merecida. No es algo que merecemos. Más bien, la Gracia es el libre y benévolo favor de Dios. Tal como se manifiesta en la salvación de los pecadores, y el otorgamiento de las bendiciones… Gracia.”

Clementa Pinckney / AME “Emanuel”

Refiriéndose a  Pinckney contó que “Frecuentemente a Clem se le preguntaba por qué decidió ser Pastor y Funcionario Público. La persona que preguntaba, probablemente no conocía la historia de la Iglesia AME. Como saben nuestros Hermanos y Hermanas de la Iglesia AME, nosotros no hacemos esas distinciones. “Nuestra vocación”, Clem dijo una vez, “no es sólo dentro de las paredes de la congregación, sino en la vida y en la comunidad donde reside nuestra congregación”. “Estaba en el púlpito a los 13, pastor a los 18, funcionario público a los 23. No mostró la arrogancia de la juventud, ni las inseguridades de los jóvenes; en su lugar, dio ejemplo digno de su posición, sabio más allá de sus años, en su discurso, en su conducta, en su amor, fe y pureza.”

Como expresé durante el culto, tomar conocimiento de la histórica lucha de esta iglesia desde su cuna, me ayudó a comprender su naturaleza y por tanto también a asimilar algo que a pocos días de ocurrido el ataque me desconcertó. Esto es, el perdón que varios de los familiares de las víctimas le manifestaron públicamente al asesino. Me impactó. Como cuando la noche se disuelve y de repente es de día. La oscuridad convirtiéndose en luz.

Cuando Dylan Roof, el joven de 21 años que al grito de “vine a matar negros” disparó sobre quienes estaban junto a él compartiendo desde hacía una hora un estudio bíblico, fue llevado a un Tribunal, los familiares de las víctimas pudieron verlo y hablarle desde otra sala a través de una cámara. Varios de ellos, con voces entrecortadas y uno a uno, le expresaron su perdón.

“Me hiciste daño, hiciste daño a mucha gente, pero te perdono, te perdono”, le dijo la hija de Ethel Lance, de 70 años, que murió en el ataque. “El odio no va a ganar”, expresó la nieta de Daniel Simmons. “Mi abuelo y las otras víctimas murieron en manos del odio. Pedimos la salvación de tu alma como prueba de que ellos vivían en el amor y que este amor es su legado”. “Arrepentíte, confesá ante el que más importa, Cristo,” le pidió el viudo de Myra Thompson, que tenía 59 años. “Nosotros te dimos la bienvenida el miércoles en la noche a nuestro estudio de la Biblia con los brazos abiertos. Tú mataste a algunas de las personas más bellas que he conocido. Me duele cada fibra de mi cuerpo… y jamás seré la misma…que Dios se apiade de ti” dijo la mamá de Tywanza Sanders, que al momento de ser asesinado tenía 26 años.

Tyler Francis y Shondrey Dear rezan juntos. 18 de junio 2015 cerca de la Iglesia AME Emanuel  (AP Photo/Stephen B. Morton)
Tyler Francis y Shondrey Dear rezan juntos cerca de la Iglesia AME Emanuel, 18 de junio (AP Photo/Stephen B. Morton)

Y me quedé pensando en eso. No sabía, hasta leer su discurso, que Obama también. Me quedé pensando en que el perdón es una gracia, pero también un ejercicio. Me pregunto ¿Cómo pudo esta congregación renacer de los escombros una y otra vez? ¿Cómo pudo la oscuridad convertirse en luz tantas veces? Y entonces busco la respuesta en lo que hizo: luchó siempre por lograr derechos y justicia, no permitió que el odio venciera al amor, y jamás dejó de perdonar. Condiciones indispensables para liberar fuerzas para la misión, pruebas irrefutables de que se vive en el amor.

Que este testimonio se quede en nuestros corazones para que nos ayude a buscar esa gracia en nuestras vidas.+ (PE)

(*) Comunicadora. Presidenta Junta Directiva de la Iglesia Metodista Central de Bahía Blanca.

 

 

SN 0837/15

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