La Guatemala de presidentes y pueblo

Guatemala es “un país realmente peculiar con varios presidentes que pasaron por los tribunales y la cárcel, sea por temas de corrupción o por su participación de actos represivos” afirma Pedro Brieger en su nota “Guatemala y sus presidentes”  publicada en Nodal.

El Director de Nodal explica que el  “El presidente en ejercicio renuncia, otro –Lopez Portillo- que gobernó entre 2000 y 2004, estuvo preso dos años en Estados Unidos por lavado de dinero. Y un tercero, el dictador Efraín Ríos Montt de 89 años, está siendo juzgado por el asesinato de indígenas”

Brieger agrega que “Lo más notable es la participación ciudadana que fue creciendo, y más que bola de nieve, en el clima centroamericano se convirtió en una bola de fuego que acabó con un presidente”

Esa realidad es la que debe haber impulsado a Carlos Iaquinandi Castro, titular su nota “El pueblo derrotó al general” publicada en el servicio informativo SERPAL y señalar que “El hartazgo, la indignación y la firmeza del pueblo guatemalteco terminaron con el gobierno del General Otto Pérez Molina, cuando faltaban 4 meses para el fin de su mandato”

Iaquinandi detalla que “la fiscalía y la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG) implicaron al presidente en una trama delictiva de contrabando y cobros ilegales en las aduanas del país” por lo que “Reiteradas movilizaciones populares de miles de personas denunciando la corrupción y pidiendo justicia, alcanzaron finalmente su objetivo”.

“Pérez Molina siempre ha sido el jefe de la banda de contrabandistas” había afirmado  el ex presidente de Guatemala Jorge Serrano Elías. Explicaba  que al comienzos de los 90 “el general Otto Pérez Molina se valió de su posición como jefe de la Dirección de Inteligencia Militar para dirigir una estructura criminal dedicada al contrabando y el fraude aduanero. En esa posición  “inició la cooptación del Estado para fines mafiosos “  Luego quitó el control del estado sobre la banca, para abrir las puertas al lavado de dinero por lo que hoy, djo Jorge Serrano Elías  “vemos que Guatemala se ha vuelto una lavandería del dinero del narcotráfico y del crimen organizado. Esa estructura la montó Pérez Molina en 1993.”

A partir de esos datos y otros que explicita en su artículo Iaquinandi  se pregunta si “¿Todo cambia o todo sigue?”  Argumenta que “la historia contemporánea nos recuerda que Guatemala estuvo y está en manos de un grupo de familias que constituyen el poder económico, y que desde hace mucho tiempo tiene sus raíces bien plantadas en las estructuras dirigentes o `decisivas´:  las fuerzas armadas, la jerarquía eclesial, las cámaras empresariales y el Poder Judicial”

Ese entramado es el que “a pesar de las cíclicas rebeldías populares, toda pretensión de cambio suele quedar en promesas solemnes incumplidas. Así viene ocurriendo sistemáticamente con cada expectativa electoral” Al citar  la revista guatemalteca C4 afirma que  “Los actores cambian, los nombres de las `familias´ poderosas, a veces suenan más a veces menos, todo depende de su nivel de influencia en el gobierno de turno. Sin embargo, siguen dominando la vida política del país”

De allí que, en el artículo publicado antes de las elecciones del domingo 6,  Iaquinandi sostiene que  “Gane quien gane, el pueblo guatemalteco tendrá que continuar su larga lucha, su trabajo de organización, de acumulación social en las zonas urbanas y en el inmenso, castigado y relegado ámbito indígena y campesino” de manera “que la democracia no sea simplemente una palabra bastardeada” + (PE)

SN 0875/15

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