PROFECÍAS Y MESÍAS

Por Guido Bello Henríquez

Temperley.  Buenos Aires.

Tratar de adivinar o predecir el futuro es la manera equivocada de entender las profecías bíblicas. Se trata más bien de entender el pasado arrimándose al futuro, se trata de empujar el futuro desde el fondo de la historia.

En el Apocalipsis de Juan se trata de mirar el futuro desde el crucificado y desde todos los crucificados de la historia, desde todos los migrantes y despatriados de la tierra, que anticipan la derrota de todas las Romas y de todas las Babilonias imperiales, anunciando el triunfo del Cordero inmolado en las afueras de Jerusalén.

El texto del profeta propuesto para el próximo domingo es un párrafo del segundo Isaías, un discípulo del profeta Isaías, escrito dos generaciones más adelante, cuando ya había ocurrido el desastre de los dos reinos en que se había dividido el pueblo antiguo de la Biblia. Y es un ejemplo muy querido de ese ejercicio profético de enseñar escondiendo y esconder mostrando, como parábolas de relecturas permanentes, sugiriendo partos de nuevos mundos y rescatando el protagonismo de las víctimas de todos los tiempos:

El Señor me ha instruido
para que yo consuele a los cansados
con palabras de aliento.
Todas las mañanas me hace estar atento
para que escuche dócilmente.
El Señor me ha dado entendimiento,
y yo no me he resistido
ni le he vuelto las espaldas.
Ofrecí mis espaldas para que me azotaran
y dejé que me arrancaran la barba.
No retiré la cara
de los que me insultaban y escupían.
El Señor es quien me ayuda:
por eso no me hieren los insultos;
por eso me mantengo firme como una roca,
pues sé que no quedaré en ridículo.

 A mi lado está mi defensor:
¿Alguien tiene algo en mi contra?
¡Vayamos juntos ante el juez!
¿Alguien se cree con derecho a acusarme?
¡Que venga y me lo diga!
El Señor es quien me ayuda;
¿quién podrá condenarme?[1]

Se trata del tercero de los “Cánticos del Siervo sufriente” en la obra del Deútero Isaías, todos ellos objeto de una ardua discusión sobre su sentido: ¿A quién o a quiénes se está refiriendo el texto profético? En la mejor tradición judía, se trata de un sujeto colectivo: el pueblo de Israel que soporta sufrimientos. En todo caso, no se trata de Netanyahu ni del actual estado de Israel, más cercano a Goliat que al pastorcito de la honda.

En la lectura fundamentalista cristiana, se tratará del recuerdo ya “superado” del Jesús crucificado, ahora magnificado como Cristo Rex Imperator, Señor de Señores, Rey de las iglesias imperiales, Cristo de la Reconquista de la España musulmana y luego trasplantado a la Conquista de los infieles y contumaces indígenas latinoamericanos, el Cristo Rey de los franquistas, el Cristo César o Kayser de las razas elegidas, de los destinos manifiestos y de las “civilizaciones superiores”…

Pero es imposible esconder la clara evolución ascendente de la tradición profética de la Biblia hebrea, en sus últimas y mejores páginas, mostrando la esperanza de un mesianismo de la entrega servicial, soñando reyes “que hagan justicia a los pobres, que salve a los hijos de los necesitados y aplaste a los explotadores” (Salmo 72.4), o que, como en el texto recién citado, venga a “consolar a los cansados” y a ofrecer sus espaldas para que lo azoten, aceptando insultos y escupitajos como personificación de las víctimas, nunca de los victimarios de la historia.

Pero nunca tampoco víctimas derrotadas, sino víctimas que resisten. Se trata de “mesías” que escuchan atentamente, más que gritar. Son “mesías” que desde el lugar de las víctimas “consuelan a los cansados con palabras de aliento”, los que valoran el “entendimiento” que les da Dios y tienen clara conciencia de su rol pedagógico y liberador, los “mesías” que por eso “se mantienen firmes como una roca”.  Desde allí, sin triunfalismos pero con esperanzas saben “que el Señor es quien los ayuda, ¿y quién podrá condenarlos?”

Cuando los `primeros cristianos se contaban las historias de Jesús y descifraban ardorosamente los sentidos y mensajes de ese profeta que les había encendido el corazón, entendieron el significado de esa entrega de su vida, oculto y revelado en el rito del corderito pascual, ahora leído como última y definitiva ofrenda delante de Dios y delante del mundo. Y volvieron a leer esas “escrituras” antiguas, y sus dedos poco letrados se detuvieron en textos como este que ahora repasamos,

A mi lado está mi defensor:
¿Alguien tiene algo en mi contra?
¡Vayamos juntos ante el juez!
¿Alguien se cree con derecho a acusarme?

Y se pararon con dignidad de hombres y mujeres libres, y la profecía les parecía justa y oportuna, porque desde el fondo de los siglos reivindicaba lo que estaban viendo y oyendo, como seguidoras y seguidores de Jesús de Nazaret, el que un día les preguntó:

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”

Y Pedro, el imprevisible Pedro, le respondió:

“Tú eres el Mesías”.[2] + (PE)

Nota. Reflexión sobre los textos del domingo 13 de setiembre 2015.

Isaías 50:4-9 Marcos  8:27-30

Citas. [1] Libro del profeta Isaías, 50.4-9a, Biblia Dios Habla Hoy.

  1. Evangelio de Marcos 8:29 id.

SN 0886/15

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