Conflicto y Reconciliación

Por Pastor Oscar Bolioli

Uruguay

“Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros” Gálatas 6:2

Estas palabras fueron escritas por Pablo después de su tercer viaje misionero. Estando en Éfeso, le llegan noticias de los ataques contra él y de la ofensiva contra la doctrina en las comunidades de Galacia por un grupo de judíos-cristianos, posiblemente provenientes de Jerusalén, que seguían esta tendencia que querían imponer a los gálatas: la circuncisión y la observancia de de la Ley mosaica como requisito para salvarse.

Impugnan las enseñanzas de Pablo desacreditándolo por no ser del grupo de los “Doce” y expresando que la salvación por la gracia que planteaba era una invención suya. Estas comunidades estaban formadas por cristianos de origen pagano provenientes de tribus celtas que vacilaban frente a estos nuevos contenidos que provenían de quienes autoproclamaban tener la verdad.

Pero los gálatas no habían cedido completamente. Pablo tiene que confrontar varios problemas congregacionales, y su autoridad como “pastor” fundador es cuestionada. El debate de Pablo sobre el conflicto que se crea, por momentos, es apasionante y fuerte como cuando en defensa de la libertad les dice: “porque la Ley se comprende en un solo mandato: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se muerden y se comen unos a otros, tengan cuidado, no sea que se destruyan entre ustedes mismos”. Plantea la vanidad como un tema que ha causado provocaciones y envidias entre ellos.

Pablo apela a mostrar los frutos del espíritu y actuar con espíritu de caridad hacia los más débiles. También nosotros vivimos la influencia de formas religiosas que crean confusiones y tensiones, además de fomentar una religión individualista donde Dios se vuelve una posesión personal, donde el prójimo es un objeto y no un ser con el que debo interrelacionarme. Pablo nos pone sobre la mesa, que las comunidades religiosas no estamos inmunes a los conflictos y que tenemos que tener cuidado de nuestra propia debilidad.

Esto nos ocurre en un tiempo donde el conflicto de poder en la sociedad se ha convertido en un arte por demás sofisticado. Esta hostilidad abierta y controlada, que una vez se reservó para la política, procedimientos judiciales y luchas de poder, se filtra en nuestras escuelas, en los hogares, en la convivencia ciudadana. Vivimos en un “espacio vital” altamente explosivo.

Estos últimos meses en Uruguay somos espectadores de un sinnúmero de conflictos que generan otras violencias en su manera de resolverlos. La interdependencia es remplazada por una autonomía radical como valor central. Esto plantea una nueva modalidad de “Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros” (Gálatas 6:2) convivencia que pone en riesgo la gobernabilidad como sociedad y una devaluación del diálogo como un instrumento primario de solución del conflicto entre instituciones y personas.

Pueden ser muy justas nuestras demandas, pero eso no nos da el derecho “del todo vale”. Como no puede justificarse una madre que golpee a la maestra de su hijo, como tampoco un líder sindical que pacientemente es testigo de la golpiza a adolescentes infractores. Los niveles se han deteriorado en los conceptos de ciudadanía y convivencia, como de derechos y obligaciones.

Es lamentable el alto número de televidentes interesados en la información de la página roja. Estamos quedándonos cada vez más en el dedo que apunta al sol que en el sol mismo. Qué pasa si al conductor que le hizo una infracción usted le llama la atención con las luces o la bocina. Si lo hizo, ya sabe que la respuesta que recibirá será desmedida. El prójimo es alguien cada vez más distante y no queremos que se relacione con nuestra realidad. Pablo nos hace levantar la mirada cuando en el capítulo 6:15 dice “ni la circuncisión ni la incircuncisión valen nada sino una nueva humanidad”.

Pablo combina la nueva creación, el nuevo ser con la reconciliación. Reconciliarnos no significa hacernos más agradables a los otros. La reconciliación es la primera manifestación de una nueva realidad. Dios se reconcilia con nosotros para que vivamos en reconciliación con el prójimo. La reconciliación nos lleva a la re-unión. La nueva creación se vuelve realidad en aquello que estaba separado y se re-une.

Pablo lo expresa aquí llamando a los gálatas a restaurar al caído poniendo mansedumbre en la caridad. Que vivamos sosteniéndonos unos a otros, hombro a hombro, teniendo conciencia de nuestros límites sin autoestimarnos. Llevemos las cargas que son espirituales como las que son temporales. La construcción del Reino es más importante de lo que nos separa.

Paul Tillich sostiene que “el cristianismo es más que una nueva religión, es la propuesta de una nueva creación”. La Iglesia debe re-unirnos a pesar de lo fragmentario, de lo débil, de lo humano, llevando las cargas de los otros. Pablo ve en nuestra capacidad de reconciliarnos el testimonio de la RESURRECCIÓN. “Por lo tanto, no nos cansemos de hacer el bien, si no desmayamos, a su tiempo cosecharemos. En una palabra, mientras tengamos oportunidad, trabajemos en bien de todos, especialmente por el de la familia de la fe.” (Gálatas 6: 9-10).+ (PE/ Revista Metodista)

El pastor Oscar Bolioli es  Presidente de la Iglesia Metodista en Uruguay. (IMU)

Artículo editado en  Revista Metodista de Uruguay. Setiembre-Octubre 2015.

SN  0891/15

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