Desnudos, nostalgias del paraíso…

Por Guido Bello Henríquez (*)

El Jagüel. Buenos Aires.

Desnudos están Adán y su mujer y no se avergüenzan,([1]) en ese poema telúrico sobre el sentido y el destino de la vida humana, imagen de la primitiva felicidad, en comunión entre sí, en comunión con Dios y con la naturaleza. Nostalgia del paraíso, material básico para soñar la utopía. Desnudos, puros, abiertos a despojarse de todo lo accesorio, como dice Antonio Machado:

Y cuando llegue el día del último viaje

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.([2])

Pero como en esa comunidad creyente ya se vive la ruptura de la comunidad humana, ya se siente el engaño y el autoengaño, el endiosamiento y la autocompasión, como ya se gritan las acusaciones mutuas y el “¿soy yo acaso guarda de mi hermano?”, por eso se plasmará en el Génesis el relato mítico de la ruptura de esa comunión original: ya no es posible esa desnudez de sencillez primigenia.

Los poetas y profetas cantan y cuentan el desgarramiento de la unidad de la primera comunidad humana, el desgarramiento del vínculo amoroso con la naturaleza y con el trabajo, el desgarramiento del amor y del sexo, de la procreación y de la familia. “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo”, le dice ahora Adán a Jehová su Dios.([3])

Volviendo a la escena de la felicidad paradisíaca, todavía en el jardín de Dios, vemos que Adán, desde su mirada masculina “descubre” con alegría a esa mujer prototípica, “madre de todos los vivientes”. Y entonces el texto del poeta-profeta nos deja la primera conclusión del relato, resumen del propósito de Dios para la pareja humana:

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”

Dejar el clan primitivo, dejando de ser los hijos, para ser en primer lugar marido y mujer… Entre muchas y muchos, “dejarán” a sus padres para construir una nueva unidad. Y en un mundo patriarcal, se llama al varón a ser el primero en “dejar”, pero el llamado es a ambos, para concentrarse en ese amor fundacional de una nueva familia.

Unirse en amor y cuidado mutuo. Así como han descubierto recién que son “hueso de mis huesos y carne de mi carne”, ahora avanzarán en el conocimiento mutuo, crecerán en reciprocidad. Hasta ahora Adán no reconoció en los otros seres vivos  a nadie que fuera una compañía completa y complementaria, pero ahora sí, y a ella se consagra, como también ella para él.

Y serán una sola carne, expresando la unidad corporal, culminación de la unión fuente de la vida, prolongación y evocación de la vida en los hijos e hijas, parecidos a ellos –otra vez a imagen y semejanza– pero distintos, semejantes y distintos. Y este “ser una sola carne” expresará en primer lugar el placer del encuentro mutuo: será maravillosa la procreación, pero su unidad será mucho más que la pura reproducción.

 

Preguntadores tramposos

Y ahora saltamos a los fariseos, esos “sepulcros blanqueados” según el dicho de Jesús, esos religiosos de largas túnicas blancas y largas oraciones para sus largos aprovechamientos de la fe. Ellos vienen a tenderle trampas a Jesús. No vienen a aprender ni a dialogar con el Maestro. Son tramposos.([4])

“¿Es lícito para un marido repudiar a su mujer?”, preguntan desafiantes frente al Jesús que viene sacudiendo las hipocresías religiosas. Ellos ya sabían la respuesta, patriarcal y despótica, con sus códigos de pureza ritual discriminadora de pobres y especialmente de mujeres pobres.

“¿Qué les mandó Moisés”, les pregunta Jesús. Y ellos recortan su respuesta: “Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla”. ¿Ah, sí?, podría haberles retrucado Jesús, porque en el texto del Deuteronomio Moisés dice varias cosas más: que debe haber alguna causa fundada para el repudio, que la mujer “podrá ir y casarse con otro hombre”, y que si éste también la repudiara el primer marido no tiene derecho alguno sobre ella…([5])

Pero Jesús no quiere entrar en una discusión casuística con los fariseos. Jesús quiere volver a los orígenes, recuperando la escena del Edén. Por eso la cita del Génesis que recién comentamos, y distinguimos respuestas de Jesús a los fariseos tramposos:

Primero les reprocha sus corazones fariseicos endurecidos, sus corazones de machos dominadores despóticos. Segundo, les recuerda que “al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios” y varón y hembra por lo tanto deben decidir cada uno en cada caso, cada uno con su capacidad de pensarse, de unirse y de cuidarse mutuamente.

Y tercero,  que lo que Dios unió, no debe separarlo el varón, por sí y ante sí. Y hoy, en nuestra sociedad que aspira a la igualdad de derechos y de deberes de hombres y mujeres, tampoco lo que Dios unió debe separarlo por sí y ante sí la mujer; sino ambos, en libertad y en respeto mutuo.

Discusiones casuísticas sin proyectos de vida eran aquellas, adelantos de iglesias farisaicas y tramposas, con procesos de nulidades matrimoniales de “conveniencia” para unos y de excomunión para otros, con exclusión de las mujeres de la conducción de la iglesia y con espíritu cerrado a nuevas configuraciones familiares.

 

… Y discípulos represores

El evangelio de este domingo en el leccionario ecuménico termina de nuevo con una evocación de los niños, donde nos encontramos con la sorprendente información de que los discípulos, supuestamente los receptores de quienes se acercan a Jesús, se dedican a reprender a los que traen niños y niñas al Maestro para que él los bendiga.

Y vemos de nuevo a un Jesús indignado, como en la escena del látigo contra los mercaderes del templo, o como en los discursos contra los fariseos “ciegos guías de ciegos”. Santa indignación para proteger a los niños, primeros herederos del Reino de Dios, santa indignación contra represores y tramposos, espiritualmente viejos discípulos al menos en ese caso, y envejecidos y corruptos fariseos.

Termina la escena en espíritu aliviado, de abrazo con los niños y de bendición sobre niñas y niños, como para disipar las sombras de los represores y de los tramposos y corruptos. Evocaciones del futuro imaginando el Edén perdido. Nostalgias del paraíso, para soñar las utopías.+ (PE)

(*) Pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Educador.

Notas:

[1] Génesis 2.4,7,18-24, Biblia Dios habla hoy.

[2] Antonio Machado, “Retrato” en Campos de Castilla, España, 1912.

[3] En la conformación del Génesis estos textos son parte del estrato “yahvista”, que viene de la fuente así llamada, por el predominio del nombre de Dios, “Jehová” o mejor transcrito “Yahvé”. Ver Biblia de Jerusalén, notas.

[4] Evangelio de Marcos 10.2-16, Biblia Dios habla hoy.

[5] Deuteronomio 24.1-4, Biblia Dios habla hoy.

SN  0919/15

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