Explosivo cóctel emocional en la política hispano-catalana actual

catalonia

Por Pep Castelló

Barcelona

A dos meses de las elecciones generales españolas y transcurridas ya tres semanas de las autonómicas catalanas del 27S sin que se sepa quién va a ocupar la presidencia, los medios informativos siguen azuzando los ánimos mediante toda clase de información malintencionada.

La izquierda independentista catalana sigue plantándole cara a esa derecha que con el fin de mantenerse en el poder se convirtió de la noche a la mañana en independentista. Los medios informativos catalanes no logran por el momento polarizar la opinión pública contra esa izquierda insurgente que, fiel a sus promesas electorales, con solo diez escaños es pieza clave para que la coalición de derechas pueda hacerse con la presidencia.

Tras una serie de fracasadas embestidas audiovisuales mediante las que cabe suponer se pretendía deteriorar la imagen de esa izquierda tenaz que es la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), la derecha independentista capitaneada por el presidente en funciones Artur Mas vuelve a centrar su propaganda en la guerra diplomática entre Catalunya y España. Y como si un acuerdo hubiese entre uno y otro bando, el gobierno estatal no hace sino favorecer la victoria de la derecha independentista catalana mediante declaraciones y acciones que son claras provocaciones al sentimiento patrio del pueblo catalán.

Por si la empecinada torpeza de los políticos españoles en todo cuanto concierne al tema catalán fuese poco, ahí vino a sumarse el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) que ha citado a declarar al presidente Mas el 15 de octubre, fecha en que se conmemora es fusilamiento del presidente Luis Companys por el régimen fascista del dictador Franco.

Esa coincidencia ha hecho doblemente emotiva la citación judicial, la cual ha servido para que el pueblo catalán se manifieste una vez más en favor de la independencia patria. El presidente Mas ha renunciado al privilegio que como aforado le corresponde de prestar declaración judicial en su propio despacho y se ha desplazado hasta el Palacio de Justicia para declarar ante el juez Joan Manel Abril, uno de los jueces del TSJC que accedió al cargo por designación del Parlament de Catalunya a propuesta de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), el partido que preside Artur Mas.

Las organizaciones civiles Assemblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural (ÒMNIUM), cuatrocientos alcaldes de la Associació de Municipis per la Independència (AMI) y una gran cantidad de gente venida de todos los rincones de Catalunya en autocares fletados por ANC ha acompañado al presidente y ha manifestado su repudio al opresor Estado español.

Pese a que desde una perspectiva común tanto la citación judicial como la movilización de gentes y baño de muchedumbres en que se ha sumido al presidente se ven como una clara manifestación del sentir patriótico del pueblo, no faltan quienes escudriñando la vastedad política del presente sospechen que, sin menoscabo del sentimiento independentista del pueblo catalán, haya en esa agitación de masas un acuerdo más o menos tácito entre los poderes fácticos para que sea Artur Mas, un político neoliberal, la persona que encauce y controle el independentismo y lo mantenga dentro de los límites que convienen a las clases privilegiadas.

Una Catalunya más o menos independiente del Estado español bien manejada por la derecha no sería ningún peligro serio para las oligarquías española y europea, ya que bien sometida a la UE, seguiría siendo feudo del capitalismo. La clase política catalana habría ganado poder sobre la española en esa batalla, pero el pueblo catalán permanecería sometido a los imperativos de esa oligarquía financiera, catalana, española y europea, cuyo único empeño es tener dominado y bien sujeto al pueblo trabajador.

Mientras eso ocurre en Catalunya, los principales partidos españoles en liza por la gobernación del Estado siguen tercos en su idea de que Catalunya es parte de España por derecho de conquista; en que la nación catalana no existe; y en que el pueblo catalán es una población de origen diverso que “para bien de toda España” debe seguir sometida a las leyes del Estado español.

Mal camino se vislumbra a corto plazo para un buen entendimiento entre la nación catalana y ese Estado opresor que la suprimió por real decreto hace ya tres siglos. Falta hace que en España florezca una izquierda que con sentido común sea capaz de ofrecer a todos los pueblos que componen el Estado español alguna propuesta que no menoscabe la dignidad de nadie y pueda ser base para negociar con espíritu de justicia y ganas de entenderse. En tanto eso no ocurra, en el Estado español seguirá habiendo un gran problema por resolver, el cual en ocasiones hoy no previsibles puede convertirse en un foco de malas consecuencias similar al que se vivió a finales del siglo pasado en países no demasiado lejanos del nuestro.

El pueblo catalán está en lucha por su soberanía frente a quienes lo oprimen. Si miramos la historia veremos que en toda lucha de liberación hubo traidores, por más que no siempre se alzasen con la victoria. Esperemos que en esta ocasión triunfen quienes están por la soberanía del pueblo, la dignidad humana y la justicia. +(PE)

SN 0946/15

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