UN VIAJE POR LA EXPRESIÓN IMAGINADA

Jorge Pistocchi II

Por Daniel Dussex

Santa Fe

En esta nota, su autor recuerda vida y obra del recientemente fallecido Jorge Pistocchi, editor de la legendaria revista El Expreso Imaginario, que fue creada en 1976.

 Ocurrió esa misma noche en que la luna se puso roja; con el cuarto y último eclipse de la tétrada, Jorge Pistocchi, el fundador de la mítica revista “El Expreso Imaginario” dejaba nuestro planeta. Otro histórico del rock argentino, Miguel Grinberg escribiría: “En tanto la Luna enrojecía, Jorge se despegaba de sus tercos huesos, abría los brazos hacia el Universo y ampliaba el campo de sus atrevimientos”.

Los atrevimientos de Pistocchi habían sido varios: uno de ellos dejar la escultura para modelar frente a las viejas teclas de una máquina de escribir sus primeras notas periodísticas en la revista Pelo. Tenía 22 años e intuía que detrás del rock había algo más, un movimiento contracultural de jóvenes que cuestionaban lo establecido, que le decía no al viejo y odiado establishment.

De esa filosofía alternativa, que desembocaba en la poesía, los modos de vida comunitaria, la ecología y el no consumismo, Jorge Pistocchi siempre quiso hablar. Entendía que allí había una gran energía y un movimiento no violento que podía transformar el mundo y también nuestros mundos interiores.

En su primera experiencia al frente de la revista Mordisco, que apareció en 1974, escribió a modo de editorial: “Hoy emprendemos la marcha hacia una estación llamada imposible. Llegar hasta allí puede tornarse peligroso pero confiamos en que el contenido de nuestros equipajes nos proteja. Si bien no hay armas dentro de ellos, ya que las abandonamos en la estación de partida, en cambio portan nuestra música de rock, los libros que nos iluminaron, las técnicas e inventos de los hombres que no intentaron destruirnos y todas nuestras reales posesiones, o sea, las cosas que amamos”.

Pero el gran atrevimiento ocurriría dos años más tarde, con la aparición del primer número de “El Expreso Imaginario”, un mensuario, primero en formato tabloide y luego más revisteril, que tendría un grupo de acompañantes por aquel entonces apenas conocidos. Pipo Lernoud, un poeta de la época de La Cueva lo acompañó en la dirección, un ignoto Horacio Fontova era el ilustrador. También se sumarían Alfredo Rosso, que estaba terminando la colimba, con sus amigos Claudio Kleinman y Fernando Basabru.

Una grieta para avanzar

Pistocchi era amigo de Luis Alberto Spinetta y también lo había ayudado económicamente donándole parte de un dinero, que había cobrado como herencia, para comprar los instrumentos que necesitaba Almendra.

Con el tiempo, cuando Jorge andaba con una carpeta bajo el brazo mostrando los contenidos de lo que sería “El Expreso”, buscando alguien que financiara su publicación, Spinetta le presentó a su abogado Alberto Ohanian quien se mostró interesado en el proyecto editorial. Así fue como, a cinco meses del golpe militar, en tiempos de censura implacable, una fisura inesperada comenzó a surgir en agosto de 1976. No estaba organizada, ni era parte de una estrategia premeditada, tenía que ver con los caminos que abre la vida allí donde encuentra una grieta para avanzar.

A ojos vistas de los represores, la revista aparentaba ser una simple publicación referida a la música, ideológicamente inofensiva, en todo caso producto de un grupo de melenudos faloperos, vagos y malentretenidos. Sin embargo, en su primer año de vida, “El Expreso Imaginario” junto a las entrevistas a Spinetta, Piazzola, Nebbia, Gieco o Mc Laughlin y Pink Floyd publicó notas sobre Leda Valladares, la poesía aborigen, la contaminación del Río de la Plata, la alfarería de Anastasio Quiroga, la visión del mundo que tenían los guaraníes y la carta del jefe Piel Roja cuestionando la propiedad de la tierra.

Todo esto, con imágenes y dibujos que provocaban una ruptura con la estética editorial de las revistas de aquella década. El personaje que identificaba a la revista era el rostro de un arlequín creado por Fontova.

Carlos Ulanovsky en su libro “Paren las Rotativas” señala con acierto que El Expreso “fue una revista que fascinaría a toda una generación y avanzaría decisivamente en una forma de periodismo juvenil, alternativo, subterráneo, marginal, rockero, que introduciría los pilotes de un estilo de comunicación muy difícil de sostener en ese momento de sospechas, escasa apertura y fuerte represión”.

Periodismo under

De los quince mil ejemplares de tirada inicial, El Expreso pronto alcanzaría los cuarenta mil y sumaría colaboradores tales como José Luis D’Amato, Eduardo Abel Giménez, Emilio Toibero, Diana Bellesi, David Lebón, Ralph Rotschild y Gloria Guerrero, entre otros.

El correo de lectores sería una sección muy importante de la revista, era la “red social” de un tiempo en el que todavía se escribían cartas. Allí, una adolescente Sandra Russo escribiendo a ese correo decía “Juguemos a que somos los intentos hacia algo, a que no va a haber Correo de Lectores sino un café de por medio y la calidez de unos ojos que miran a otros y escuchan más que un puñado de palabras”.

Las tapas de la revista eran concebidas por su director de Arte, Horacio Fontova, con un diseño que remitía al periodismo under estadounidense de los ‘60.

Las historietas alternativas, los cuentos ilustrados o las fotonovelas humorísticas protagonizadas por integrantes del staff sumaban humor y desparpajo. Es que la revista estaba hecha a imagen y semejanza de sus editores.

Pipo Lernoud recordaría que las reuniones de redacción de “El Expreso Imaginario” eran delirantes y creativas, “lo que hoy se llamaría un brain storming, sólo que las ideas y las tormentas eran muy extremas, motorizadas por la brillante imaginación de Jorge y el humor corrosivo del Negro Fontova. La redacción era como una extraña isla de libertad en medio de una ciudad callada y asustada”.

“El Expreso Imaginario” también fue el canal de difusión de un incipiente grupo de artistas que comenzaban a surgir. Es por eso que muchos corresponsales que colaboraban con informaciones desde sus provincias también eran músicos. Un jovencito Rodolfo Páez, cuando todavía no era el famoso Fito, acercaba información de la trova rosarina.

Una nueva estación

La revista atravesó por varias etapas pero su fundador Jorge Pistochi se bajó en la primera cuando vio que “El Expreso” cambiaba de andén, de la mano del empresario Ohanian, hacía una Estación más comercial. Siguió un tiempo Lernoud como director y luego Roberto Pettinato, pero la mística de los primeros tiempos se fue perdiendo hasta desaparecer.

Pistocchi seguiría atreviéndose con otras publicaciones, Zaff!! a principios de los ochenta y Pan Caliente en el 82, como un modo de seguir abriendo canales expresivos a escritores, músicos, poetas y artistas undergrounds.

Fiel a sus principios, vivió con una austeridad extrema. Todo lo que ganó lo puso al servicio de sus proyectos culturales, o mejor dicho, contraculturales. El nuevo siglo lo encontró liderando la toma de la fábrica textil AMAT en Lavallol, la primera fábrica recuperada del país. Después armó un centro cultural en La Paternal e hizo resurgir “El Expreso” convertido en programa de radio por Internet.

Su última morada, un conventillo en La Boca, donde se reunía con los músicos del grupo de percusión Afro Candombre, que él también integraba. El mismo que lo despidió musicalmente cuando hicieron el sepelio en su casa, a gusto y piacere de un Pistocchi que percutió la vida de manera intensa.

Dicen que los artistas cuando mueren en realidad se van de gira. En este caso, cuando es un rockero el que se ausenta no se va de gira a ninguna parte, simplemente se va a vivir “a una casa con diez pinos, porque sabe que hacia el sur hay un lugar, ya que un jardín y sus amigos no se pueden comparar con el ruido infernal de esta guerra de ambición, para triunfar y conseguir dinero nada más, sin tiempo de mirar un jardín bajo el sol…”.+ (PE)

Artículo publicado en la edición del sábado 17 de octubre de 2015. Revista Nosotros de diario El Litoral (Santa Fe, Argentina).

SN 0945/15

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