Catalunya entre la ambición y la justicia

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Por Pep Castelló

Barcelona

Ni opresora ni oprimida sino libre y soberana, pionera en el gran cambio que la humanidad necesita… o alineada junto a los poderosos que destruyen el mundo y la humanidad entera.

El mundo actual está siendo zarandeado por la codicia del capitalismo. Opresión, miseria y guerras con todas sus sangrantes consecuencias en los pueblos que las padecen son las consecuencias directas de esa voraz locura que no tiene otra causa sino la ciega soberbia, el loco afán de poder. La miseria del alma de unos cuantos causa la desgracia de todos, porque la paz es un bien incluso para quienes la destruyen, aunque ellos no lo sepan.

Catalunya, ese pequeño país de milenaria historia anexado bajo la fuerza las armas hace tres siglos por el reino de España, no es una excepción. Acá se está dando en el momento presente una batalla incruenta entre la codicia del principal partido de la derecha catalana y el afán de justicia de la izquierda. Es la lucha de David contra Goliat.

Una pequeña izquierda surgida de lo hondo del pueblo que viene luchando por la independencia de la nación catalana como principio elemental de justicia frente a la poderosa derecha, rica en recursos y medios de todo orden, que pretende seguir capitalizando para su propio bien y el de las gentes de su clase todo cuanto pueda del patrimonio público catalán, de cuanto pertenece al pueblo, ya sea porque son espacios y recursos naturales, como el territorio y el agua, o porque haya sido construido mediante la aportación de fondos públicos surgidos de los impuestos que el pueblo catalán aporta con su trabajo, como son los servicios de salud pública, pensiones de jubilación, enseñanza, etc.

Quien es cada cual lo muestra claramente el entorno social de quienes componen ambos bandos. Gente del pueblo en el lado izquierdo; alta burguesía en el derecho. “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Sus respectivas motivaciones las denotan los hechos. En tanto la derecha da soporte a las políticas de despojo y apropiación de patrimonio, cual son los bancos que desahucian a pobre gente sin empleo que no puede pagar los plazos de la hipoteca, esa pequeña izquierda surgida de lo hondo del pueblo se opone con todos los medios de que dispone, incluido su propio cuerpo, a que la policía lleve a cabo esos criminales desalojos.

Mientras esa derecha catalana que dice ser independentista da soporte a la “ley mordaza” decretada por el gobierno del Estado y echa mano de ella para reprimir a quienes protestan, la izquierda sale a la calle a enfrentarse a cuerpo limpio con las fuerzas armadas de antidisturbios y con el aparato judicial que las ampara.

No se pueden equiparar ambos contendientes ni los principios que los mueven. Mientras a la derecha la mueve la ambición de poder y la codicia, la izquierda se rige por principios de igualdad y fraternidad. Uno de los básicos en la coalición que aglutina a la izquierda catalana es la no permanencia en puestos políticos retribuidos. Otro es el salario máximo que deben percibir quienes participen en la acción política, que no puede exceder a tres veces el mínimo interprofesional estipulado para todo el pueblo trabajador. En tanto la derecha se vale de dinero público para pagar a los profesionales que la alaban, esa izquierda surgida del pueblo no goza de subvención alguna, ni oficial ni extraoficial. No, no son equiparables. Es el pequeño representante del pueblo frente al gigante burgués opresor. Insistimos: David contra Goliat.

Una Catalunya libre y soberana, ni opresora ni oprimida, pionera en el gran cambio que la humanidad necesita es el ideal que late en el alma de la izquierda catalana y la impulsa a luchar. Una Catalunya poderosa, al lado de las fuerzas que controlan a los gobiernos de las naciones, que con su poderío siembran destrucción y muerte por doquier, es la que pretende afianzar la derecha catalana.

La desigualdad de recursos entre uno y otro bando es inmensa. En tanto que la derecha controla los principales medios de comunicación y dispone de dinero suficiente para organizar eventos, la izquierda no cuenta más que con las acciones personales de quienes militan, las redes sociales, las acciones en los centros de los barrios, locales a los que no acude la mayor parte de la población. Tal situación nos trae a la memoria la vieja fábula del lobo blanco y el lobo negro:

-Dentro de nuestros corazones hay dos lobos luchando ferozmente. Uno es negro, el otro es blanco.

-Abuelo, ¿cuál de ellos vencerá? -preguntó un niño.

-Aquel que alimentes más. -fue la respuesta del anciano.

Hoy en el corazón de Catalunya se está librando una feroz batalla entre la ambición y la justicia. Ante la negación de la izquierda a dar soporte a la investidura del candidato de la derecha Artur Mas por desacuerdo con la política social que viene siguiendo a lo largo de sus mandatos, este amenaza con convocar nuevas elecciones, confiando sin duda en el poder de persuasión de los medios de comunicación que controla. Su ambición es extrema; su irresponsabilidad ante el peligro que comporta el auge ascendente de las fuerzas fascistas de la nueva derecha, máxima; y nulo es el respeto que muestra por la voluntad del pueblo catalán expresada en las elecciones del 27S.

La pregunta que está en el aire es: ¿podrán la mentira y la codicia juntas vencer al afán de justicia que late en el corazón del pueblo catalán? Habrá que luchar y verlo.+ (PE)

SN 0957/15

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