Iglesia y Dictadura en Alemania Oriental

“La reciente historia alemana ha sido marcada por dos acontecimientos particulares: por un lado, la división de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial en una parte occidental, con organización democrática, y otra parte oriental bajo un gobierno comunista; por el otro lado por la caída del muro de Berlín y, un año después, la reunificación alemana”  especificó el  Dr. Michael Wetzel en su ponencia sobre la Iglesia en Alemania Oriental  presentada en la Conferencia Ecuménica Internacional que se realiza en Montevideo desde el 29 al 31 de octubre organizada por la Iglesia Metodista en Uruguay (IMU)

Ilustró que “Entre esos dos acontecimientos encontramos experiencias de vida que fueron muy distintas en el Este y el Oeste, especialmente para los cristianos y particularmente  para la Iglesia Evangélica Metodista que estaba activa en ambas partes de Alemania” introduciendo el tema lo que significaba para un cristiano o cristiana vivir en Alemania Oriental en los tiempos de la RDA (República Democrática Alemana)

Desde el ángulo autobiográfico, Wetzel cuenta que “a los  14 años, sabía lo suficiente como para darme cuenta de que ser un cristiano era posible en la RDA, pero también que significaba tener que asumir muchas desventajas sociales. Mis padres, a quienes les agradezco esto hasta el día de hoy, se negaron consecuentemente a registrarme en la organización juvenil comunista. Yo era el único en mi curso en el secundario que no vestía el uniforme correspondiente. Era el único que no participaba en las clases de enseñanza de táctica militar, una clase de formación pre-militar. Los profesores sospechaban de mí y mis compañeros me consideraban un cobarde, aprendí de esta manera a vivir como un excluido….” Esa posición  se la podía describir como ser discriminado al no cumplir con reglas específicas de la sociedad donde vivía pero obteniendo la seguridad de ser firme en sus convicciones.

En 1997, un conjunto de estudiosos  definió  a la Iglesia Metodista de Alemania Oriental como  “un flanco de apertura al mundo”  que ilustraba lo que “debía ser lo esencial en una iglesia en el ámbito socialista”  La IEM había logrado la hazaña de un equilibrista  que le imponía la tarea de cumplir con el servicio que era su misión en el mundo y adaptarse a su vez a objetivos no-espirituales o a rechazarlos.

La IEM  suscitaba la atención del Estado, tanto en un sentido positivo como negativo. De manera similar a las otras denominaciones también la IEM  pasó por diferentes etapas en su relación con el Estado, pero todas ellas caracterizadas por la intención por parte del Estado de reducir la influencia de las iglesias en la sociedad.

Al finalizar la Guerra de 1939  hubo  una fuerte esperanza de mantener “la unión política y económica de la patria” para “mantener también la unidad de nuestra iglesia en Alemania.” ya que la organización eclesial estaba basada en el país entero. Estas esperanzas se desvanecieron a medida que la lucha ideológica en contra de la religión y las iglesias, característica de la política de estalinización en la RDA entre 1949-1953,  fue cortando los vínculos organizativos con Alemania Occidental.

Se presentaron problemas en la formación teológica,  con los  4 hospitales metodistas, todos ellos filiales de hospitales que se encontraban en  la parte occidental, de manera que hubo que reorganizar su funcionamiento. Todos estos cambios profundos fueron muy dolorosos para los metodistas. Sin embargo, la “aceptación de lo inevitable” no resultó en ningún caso en un distanciamiento de la convicción de ser y querer seguir siendo parte de una iglesia universal.

Los metodistas evitaban manifestarse políticamente. Este hecho causó críticas en las propias filas. El silencio ante la vida política cotidiana incluía las dos actitudes: renuncia a la crítica como así también abstenerse de testimonios de lealtad. Esto significaba en los hechos una retirada a la vida interior, una actitud que parece cuestionable, no sólo desde la perspectiva actual sino que las mismas autoridades estatales observaban con sospecha. Se interpretaba como una lealtad implícita por parte de los adversarios de la ideología socialista, en cambio, por sus partidarios como una omisión de una confesión a favor de la sociedad de la RDA.

 Los Metodistas en la RDA aceptaron  la sociedad socialista como el entorno en el que Dios los había colocado para su misión, aunque la reflexión teológica correspondiente había quedado incompleta. De todas maneras la reflexión teológica sobre la situación se expresaba en afirmaciones varias: La frase “Quienes creen, no huyen” llegó a ser el lema orientador, exhortando a no retirarse en un mundo interior o a pensar en huir a la parte occidental, sino a aceptar la vida en un estado ateo, y a encontrar la posibilidad del encuentro con Cristo a pesar de esta situación. Se basaba en el reconocimiento bíblico de que la iglesia debe estar allí donde está Cristo.

Las opciones fueron reimplantadas entre contribuciones activas al desarrollo de la sociedad socialista y la resistencia al sistema de la RDA, practicadas por ciertos grupos y personas y que fueron  perseguidas penalmente. En 1969 se formó un “grupo de trabajo de cristianos evangélicos metodistas para la acción en la sociedad”, con la intención de encontrar la forma del socialismo que fuera una alternativa válida al sistema social occidental. El grupo era  poco numeroso y no se manifestó más después de 1977. Logró, sin embargo, atraer la atención con un experimento muy controvertido. Uno de sus integrantes, el pastor Heinz Ludwig, fue a trabajar en una de las grandes empresas del Estado como “Pastor Obrero”. Sin embargo, sus esfuerzos de brindar allí un testimonio cristiano deben considerarse como un fracaso.

En el curso del debate sobre la paz, la carrera armamentista, la objeción al servicio militar y la protección del medio ambiente durante los años 80,varios jóvenes adoptaron actitudes de confrontación tan pronunciadas que fueron arrestados. Un ejemplo fue un trabajo abierto con jóvenes en Weimar en el año 1983, con integrantes que en su mayoría no estaban integrados en la iglesia, pero se reunían en sus instalaciones. Debido al reparto de volantes y llamados a boicotear las elecciones, algunos de ellos terminaron en las redes del servicio secreto del estado, entre ellos el hijo del pastor metodista en Weimar.

La línea principal que los estudiosos de nuestro tiempo reconocen, siguió siendo –más allá de los matices- la lealtad hacia la RDA. Esto no quita que hubo actitudes más y más críticas respecto de cuestiones sociales durante los años 70 y 80, como por ejemplo los contenidos del material de estudio de 1979 que se presento con fuertes tendencias ideológicas. En contraste con Polonia, donde las iglesias llegaron a ser abiertamente lugares de resistencia, la IEM trabajó hasta 1989 en una modalidad que ella misma caracterizaba con las palabras “Reconocimiento, Crítica y Testimonio”. La experiencia, o al menos la convicción de que se debía afirmar la propia posición en conversaciones, negociaciones no-oficiales y menos mediante declaraciones públicas, fue lo que marcó el trato de los representantes eclesiásticos con las autoridades; a su vez esto señala también un problema cuando se piensa en las fuentes.

Aparte de los intentos de reclutamiento y espionaje debe señalar las intenciones de instrumentalización de parte del Estado. Para nombrar un ejemplo característico, hablamos de la presión de las autoridades para obtener el apoyo para la política socialista de la paz. En varias oportunidades la IEM fue invitada a participar en forma corporativa en las Conferencias Cristianas por la Paz. La IEM de la RDA evitó estos planes, sabiendo muy bien que otras iglesias de países socialistas e incluso líderes metodistas de todo el mundo participaban en esta organización ideológicamente influenciada y más tarde reconocida como campaña encubierta.

Hubo, sí, una participación de metodistas de la RDA a título personal. Cuando, en 1968, la Conferencia por la Paz aprobó la represión de la Primavera de Praga – un movimiento de reformas de Checoslovaquia- perdió notoriamente sus adherentes.

A la invitación de fortalecer los vínculos con las iglesias metodistas en los países del bloque oriental se respondió formalmente, estableciendo relaciones con Cuba, recibiendo estudiantes de Angola, etc, sin descuidar por el otro lado las relaciones con los metodistas en los EEUU y otros países occidentales.

En el Grupo de Trabajo de las iglesias cristianas (ACK) y en la Asociación de Iglesias Libres, la IEM siempre jugó un papel importante y aportaba iniciativas, ayudando a evitar que el Estado introdujera una cuña entre las iglesias. En el grupo de trabajo de Iglesias Cristianas en la RDA (AGCK) que se formó en 1970 la IEM fue miembro fundador.

Todas las aspiraciones ecuménicas de la IEM, entre las cuales están también las conversaciones no-oficiales con la iglesia católica, no deben ser atribuidas a cálculos oportunistas, sino que reflejan una de las características fundamentales de la autocomprensión metodista. Asimismo ayudaron a orientar y a fortalecer las fuerzas cristianas en un estado ateo. Son intenciones que pueden ser consideradas como una contribución importante al ecumenismo.

A la evaluación teológica de su misión en un estado ateo la iglesia metodista dedicó  más tiempo. No le alcanzaba con el hecho de ofrecer una fundamentación teológica para su independencia en 1970. En la búsqueda de una identidad espiritual propia, de su responsabilidad en medio de la sociedad  y de la convicción de estar en el camino que le correspondía como iglesia,  el debate teológico encontró su lugar consolidado en la vida de la iglesia, a partir de 1972.  Se creó una “Comisión Teológica” con la tarea de reflexionar sobre “la ubicación de nuestra iglesia ante las interrogantes que se le plantean en la actualidad.”

Hacia el final de su exposición Wetzel explicó que “No se trata de cubrir todo sino de indicar los impulsos. Por esta razón paso a resumir el rol desempeñado por la iglesia metodista en a RDA en los siguientes puntos:

No se desarrollaron conceptos teológicos para la resistencia. Después de un inicio de vacilación, la iglesia metodista aceptó la sociedad socialista como el campo de trabajo que le había sido asignado. Mientras adoptó una actitud básicamente leal hacia la RDA trató establecer a su vez los límites para la competencia estatal y encontrar los caminos entre adaptación y rechazo.

En ningún momento se consideró seriamente una separación de la unión mundial de la iglesia metodista por razones políticas. La vinculación con las estructuras internacionales se conservó como asunto sobreentendido. La formación de una región bajo supervisión de un obispo se interpretó como la forma apropiada para la proclamación del Evangelio.

La iglesia metodista en la RDA era interesante para el Estado por razón de su vinculación internacional. Se pueden comprobar múltiples intentos de instrumentalizarla en el interés de la política exterior.

La iglesia metodista en la RDA participó activamente y en ocasiones planteaba  las iniciativas en el diálogo intereclesiástico y ecuménico.  Era parte de la autocomprensión metodista y ayudaba a aclarar las posiciones comunes de las iglesias ante el Estado.

La importancia de las reflexiones teológicas fue creciendo. Inicialmente giraban en torno al proceso de realizarse como iglesia, y luego en torno a las formas de brindar el servicio que es su misión en un estado socialista,  y se les dio una institucionalización en la presentación anual de ponencias teológicas.

Se respetaba la realidad multiforme de la situación social desarrollando diversas formas de trabajo congregacional.

Éxito y fracaso forman parte igualmente de las experiencias de los cristianos metodistas en la RDA. Siempre es y será necesario valorar lo que se hizo de manera diferenciada.

Concluyó citando director de la oficina de prensa de la Iglesia Metodista  que falleció el año pasado, Gerhard Rögner que dijo, al pasar revista de las experiencias de su iglesia en la RDA: “No fuimos mártires, pero tampoco demasiado  cautos y cobardes.” + (PE)

SN 0961/15

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