Obispo Aldo Etchegoyen 1929-2015

Aldo I

Por Aníbal Sicardi

Bahía Blanca

Apenas iniciado el domingo 1 de noviembre, a la una de la madrugada, falleció el Obispo (e) Aldo Etchegoyen luego de una quincena de internación hospitalaria.

Su padre, Martín, fue Jefe de Estación de Ferrocarril por lo que era habitual que lo trasladaran de una localidad a otra. En ese andar a Aldo le correspondió nacer en Muñiz, Provincia de Buenos Aires, el 31 de julio de 1929.

Criado y formado en Mendoza fue activo en la Iglesia Metodista local donde encuentra a Ruby, la mujer de su vida. Etchegoyen se decidió por el pastorado llevando el ADN de la marca paterna de la itinerancia por lo que fue pasando de iglesia en iglesia, desde que se inició en el pastorado activo a fines de la década del 50.

Estaba en Alta Córdoba cuando lo trasladan a Bahía Blanca como pastor de la Iglesia Central de esa ciudad y superintendente (supervisor) de la amplia Región Patagónica. Fue actor sustancial para la conformación de la Iglesia Metodista afirmando congregaciones provenientes del mundo galés en el Valle del Chubut y Esquel. Indiscutido en la creación de la Iglesia en Neuquén.

Aprendió que en la Patagonia el viento se cruza con la distancia que, en la década del 60 y principio del 70, los caminos aun no asfaltados ofrecían el sustento del ripio, conformado por piedras duras y otras no tanto. Un avance sobre los caminos de tierra pero que no daban seguridad al manejo del auto y requerían la atención constante del conductor. Viajes épicos de miles de kilómetros en esa grande y poderosa Patagonia argentina.

En Bahía Blanca descubrió una villa recién iniciada. Pocas manzanas. Sus habitantes mayoría de población chilena, con múltiples necesidades. El lugar se denominaba (y denomina) Loma Paraguaya. Nada que ver con los venidos del otro lado de la cordillera. Pintoresco. El nombre provenía de que, cuando nadie habitaba la zona y ya era una loma, allí vivía un paraguayo que vendía cerdos, gallinas y otros elementos similares por lo cual los pobladores hablaban de ir de compras a la “loma del paraguayo”.

Se puede arriesgar que allí Etchegoyen hizo sus primeras incursiones en lo social profundo. Con una infatigable doctora, Susana Mathew, crearon una salita de atención médica picada con reuniones de culto, oración y atención de la niñez. Interesante. Ese compromiso lo recordaba con cariño al conversar con su hija Irene, pocos días antes de su muerte.

También mencionaba otro lugar inesperado. Villa Ventana. Ubicado a unos cien kilómetros de Bahía Blanca. Gracias a donaciones locales se compraron dos terrenos. El peregrino pastor  instaló un local para campamentos que pasó a la historia con múltiples anécdotas por el uso de la juventud y la niñez. Espacio que hoy perdura, a solo tres cuadras del dique, rodeado de la esplendidez de la sierra que lo acerca al ideal paradisíaco.

Impulsado por su paterno ADN de itinerancia paso a la ciudad de Buenos Aires donde fue pastor de la Primera Iglesia de la calle Corrientes casi Maipú. Comprometido con la solidaridad hacia los exiliados chilenos a poca andar asumió la responsabilidad del trabajo en Derechos Humanos. Fue uno de los fuertes motivadores de la APDH y que mantuvo su constante participación hasta el día de su fallecimiento.

Además de ser Superintendente de la Región Metropolitana y Obispo de la Iglesia Metodista desempeñó múltiples actividades internacionales. El Consejo Mundial de Iglesias lo reconoció como interlocutor válido enviándolo a diversidad de países y hasta a un foro económico del FMI.

En medio de todo ello mantuvo el apoyo y compromiso con los aborígenes del Chaco. Como en otras ocasiones, tal vez similar a Loma Paraguaya y Villa Ventana, asumió esa responsabilidad con el cariño y amor que esa demanda requería, en un área donde la Iglesia Metodista trabaja desde mitad del siglo pasado.

Esa itinerancia comprometida se visualizó en el velatorio y Culto efectuado el domingo 1 de noviembre en la Primera Iglesia Metodista de Corrientes al 700 en Buenos Aires.

El ataúd colocado detrás de la hermosa y cálida baranda del neogótico templo ofició de guía a lo que se plasmó en ese atardecer. Imanaba el sugerente atractivo de alguien que parecía no estar muerto al punto que el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel se sentó en la baranda mirando la cara de Aldo. El escribiente apuesta a que conversaba con el como si lo estuviese escuchando… y quizás haya sido así. No se sabe si alguien tomó una fotografía. Para los que pudimos observarlo pareció una postal de dos grandes que transfiguraba la profundidad y riqueza del ser humano en la remembranza de haber recorrido juntos el camino amplio, largo, del compromiso por la vida.

La ceremonia central, Culto como se lo llama, tuvo pocos elementos tradicionales. La oración, lectura de la Biblia, el canto comunitario de un himno muy querido por el fallecido. La acotada y profunda predicación del obispo metodista Frank De Nully Brown. Luego se introdujo el estilo compartido del metodismo. La posibilidad de que los presentes pudieran testimoniar sobre Etchegoyen.

Larga lista, 20,30, de distintos sectores. Prevaleció el de los DD.HH. y comunidades aborígenes y sociales. Parecía haberse colocado de acuerdo para ser breves, sencillos, directos. El tiempo transcurrió sin que nadie se moviera de sus asientos o de estar en pie pues el templo rebasó de personas que se acercaron a la despedida.

Digno de destacar es que todos y todas las hablantes dejaron de lado la categoría institucional de llamarlo Obispo o por su apellido para apelar al nombre personal, Aldo. Era Aldo quien había vivido y era a Aldo a quien despedían.

Fue un rescate de lo más antiguo del lenguaje donde se denominaba a la persona, Carlos, Francisco, identificándolo con el lugar donde vivían. Carlos el del Valle, o de la Montaña, o del Río o cerca de la Cueva y que luego quedaron como apellido, Valle, Ríos, Montaña, Cuevas. El giro de los testimoniantes ancló en la persona, Aldo.

Junto a esa personificación los hablantes parecieron provenientes de una asamblea donde decidieron utilizar el oficio, la profesión. Aldo surgía como el pastor. Cara expresión en la Biblia. Especifico en el rol de quien es el rector de la fe de Aldo, el buena pastor Jesucristo. Por allí anduvieron los adjetivos, el que cuidaba a otros, el “oficio” que sobresalía sin dejar de lado el compromiso por la vida, visualizado por quienes creen y por quienes no creen.

Por más que haya sido obispo, dirigente eclesial defensor histórico de los DDHH, hombre comprometido con su tiempo, compañero de lucha, Personalidad Destacada de los DD.HH. según el Congreso de la Nación, Aldo era el pastor.

La existencia humana tiene su propia jugada. De repente pone en escenas puntas secretas. Escondidas en los repliegues humanos. Acontece un velatorio en el atardecer de un domingo. Trescientas personas dicen presente. Vienen escoltadas por la genealogía de sus luchas y compromisos. Expresan sus sentimientos. Encadenados con sus palabras, poco a poco, el velatorio se transforma en una celebración de la vida. No fue azar. Tampoco casualidad. Se despedía a Aldo, el pastor.+ PE

SN 0963/15

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Un comentario sobre “Obispo Aldo Etchegoyen 1929-2015

  1. Gracias a la vida que nos dio un Aldo para Argentina, America Latina, el mundo, para metodistas, bautistas y la hermandad ecumenica. Desde esta tierra que Aldo tambien Amó enviamos nuestroas lagrimas y solidaridad a doña Ruby y toda la familia. Rev Carlos I. Sanchez, compañero temporal de andanzas ecumenicas de Aldo, el amigo, el padre, el hermano el pastor. Primera Iglesia Bautista de San Salvador, Centroamerica.

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