El Debate entre candidatos a la presidencia nacional

debate

Por Aníbal Sicardi

Bahía Blanca

Se lo promueve como una necesidad democrática de tal manera que si alguien se opone se lo calificará como anti-democrático.  Tengo la agradable disposición de que recibiré ese calificativo.

Pienso en el debate y no logro eliminar la imagen de la pelea boxística con la diferencia que en ella existen posibilidades de que sus contrincantes hagan valer su superioridad física y técnica desplegando sus atributos.

En el debate presidencial contemporáneo prevalece la moderación, un aspecto impuesto en la sociedad. Obligatorio hacer uso de lo que se llaman buenos modales. No hay que enojarse. No hay que insultar. Sonreír todo lo posible. Lo opuesto al héroe. Nada de pasión. Non calentarum.

Junto a la concepción social de lo que se entiende por buenos modales se agrega que el debate se transmite por televisión. El medio pasa a ser el contenido. Trajecito. Corbatita.  Atril. Imposible pensar que pueden aparecer en remeras tomando mate alrededor de una mesa paladeando  tortas fritas.

Los candidatos suben al tablado. En el escenario hay que actuar. Múltiples asesores trabajan alocadamente en cada detalle que el actor debe tener en cuenta para no pifiarla. Es opinión de los especialistas y de los y las televidentes  que quien patina pierde.  Peor, se presume que estos debates huelen a empate y que solo pueden variar si uno de los dos mete la pata groseramente.

La atracción del escenario es tal que ambos presentadores se ponen de acuerdo en cuanto al temario a debatir.  Coinciden que deben evitar temáticas que son  corrosivas para los dos. La apuesta es que estarán los temas que ya se repiten en los medios.

Sera obra del Espíritu Santo si aparecen algunos tópicos como  los que propone una amiga, cuyo nombre no puedo dar porque no la consulté. Pensadora mordaz, desafía a los presidenciables para que discutan sobre el extractivismo minero o megaminería; la presencia de Monsanto, condenado en algunos países   europeos; la desaparición de los bosques nativos en el norte   argentino y la sojización de sus territorios; la incentivación del cooperativismo, del apoyo técnico y financiero a las  empresas recuperadas como importantes generadoras de trabajo; las políticas a adoptar en referencia  a los Tratados Internacionales de Libre Comercio  o la de un amigo que quiere que debatan sobre el Poder Judicial.

Al tablado, donde cuidadosamente se repetirá lo mismo que ya se viene masificando por los medios, hay que adosarle dos asuntitos. Uno que quienes vean el debate ya tienen posición tomada. Si no fue modificada por lo que se habló hasta ahora saldrán con lo mismo, ganó el preferido.  El otro,  la interpretación de lo que ocurra la darán los ,medios el domingo por la noche y el lunes. También aquí seguiremos como verdaderas las opiniones que coinciden con las que ya tenemos.  Esa lectura solo se modificará si la imagen boxística se transforma en la del catchacascan. Ninguno de los dos tiene pasta para ese cambio.

¿Para qué sirven estos promocionados debates? Cultura de neutralización.

Se me hace distinto  lo de  Abraham Lincoln y Stephen Douglas que discutieron sobre esclavitud, moral y valores.

Duda existencial. Están repitiendo la película Michael Collins, la del revolucionario irlandés, miembro del IRA, con sabrosas situaciones socio-políticas y tensas decisiones personales. Si la dan en el mismo horario que el debate será duro decidir en qué canal me quedo.+ (PE)

SN 0974/15

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