Conmovida

 

Adriana

Por Adriana Murriello

Ramos Mejía

Siempre los días de elecciones son para mí muy especiales. Valoro esta oportunidad relativamente nueva, dada nuestra historia, de expresarnos políticamente. Pese a ello tengo claro que no es suficiente con el voto, y que como ciudadanos/as debemos comprometernos de manera cotidiana para construir una democracia más sólida y participativa.

Las campañas varias de este año han sido complejas y han estado cruzadas por muchas cuestiones en las que no me detendré. Sí quiero marcar un aspecto que me parece realmente crucial: la actitud de la gente, la actitud del pueblo votante.

Hubo quienes optaron por un camino que no comparto: el de la agresión, la intolerancia, la descalificación constante del que piensa diferente o de su candidato. He recibido infinidad de mensajes, tweets, mails, de personas a las que quiero y de las que me sorprende su capacidad y voluntad de herir. No lo comprendo. Entiendo la pasión en la defensa de las ideas, entiendo la vehemencia, no comparto ni comprendo la voluntad destructiva del otro. Y en cierta medida, me aterra.

Pero en estas últimas semanas vi también otra cosa. He visto cadenas de mensajes de gente dándose ánimo en relación con una idea, un proyecto, y no un mero candidato.

Vi a miles de personas expresarse espontáneamente de maneras insólitas y creativas en defensa de sus derechos, de lo que siente que se ha ganado, en defensa de sus sueños y esperanzas. Un cartelito en el cajero automático, un cartel grande en un balcón, notitas en los árboles, convocatorias de vecinos/as en las plazas, en las calles, en las estaciones de tren.

Vi científicos, intelectuales, artistas y maestros conversando sus ideas con otros trabajadores. Se constató una apuesta al diálogo, no declamado, sino encarnado en el querer explicar al otro la idea propia, acercarle algo para que reflexione si no tiene su voto decidido, contarle las razones propias. Me han relatado conversaciones en trenes y colectivos que son inauditas. Y maravillosas.

Porque creo que el gran impulso a todo esto fue mucho más que un candidato o un partido político, sino la profunda valoración de lo construido en estos años de democracia (y me remonto al 83) -aun con todas sus idas y venidas, con sus limitaciones y promesas incumplidas- y la visceral preocupación por el riesgo que todo ello puede correr a juzgar por declaraciones de algunos referentes políticos y técnicos. El móvil ha sido defender los derechos alcanzados y querer profundizar el trabajo por lo que falta, por los que estamos, por los que nos siguen.

Todo esto me conmueve fuertemente, porque nos muestra que somos capaces de otras cosas, que somos capaces de reunirnos pese a las diferencias y dialogarlas con serenidad, que hay disposición para salir y generar instancias creativas para compartir una visión o convicción con los demás.

Todo esto me conmueve porque creo que es un salto cualitativo en nuestro proceso cívico democrático. Me conmueve porque me hace pensar que -gane quien gane las elecciones- se encontrará con un pueblo más maduro, más consciente de lo que quiere y de lo que tiene, y que no le será tan fácil dar por tierra con todo ello.

¡¡¡¡¡Que seamos capaces de continuar este camino!!!!!+ (PE)

Publicada en facebook

SN 0985/15

 

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