Difamatorio documento del episcopado romano argentino

La sopa de los pobres

Por Domingo Riorda

Argentina

 

El Episcopado argentino de la Iglesia Católica Romana (ICR) emitió un documento titulado “No al narcotráfico, sí a la vida plena” centrado en la difamación de los sectores económicamente menos favorecidos del país.

Alegan ser “pastores del Pueblo de Dios que peregrina en la Argentina” por lo cual asumen la autoridad de certificarse a sí mismo que  “Con dolor vemos que las reservas morales de nuestro pueblo se ven gravemente amenazadas por el narcotráfico, que desintegra el tejido social”.

Punto seguido de tal apreciación, sin ruborizarse, detallan que “En las zonas periféricas, en algunos barrios y villas, el vendedor de droga se ha convertido en un referente social; se crea allí un espacio independiente ajeno a la auténtica cultura” por lo que “Cuando una persona, vencida ya sea por necesidad, o algo aun peor, por ambición, se involucra en el narcomenudeo incrementa sus ganancias y comienza a poseer determinados bienes a los que antes no accedía”.

Desde allí los obispos católicos romanos sentencian que “El narcotráfico consagra el triunfo de quien con poco esfuerzo consigue mucho y está al margen de la ley” por lo que, “desalienta las esperanzas de aquellos que se esfuerzan y anhelan logros, fruto de su trabajo digno” estampando  “La falta de ejemplaridad” de ellos, que califican como “debilidad moral y cultural en la vida de la sociedad”.

En su presunto análisis sostienen que “En esta cadena delictiva” se encuentra el “narcomenudeo”. Indican que es creciente la cantidad de gente que produce en su casa el “paco” u otros preparados perniciosos y luego lo comercializan sin escrúpulo, llegando al atropello de mandar a los propios hijos o nietos a vender drogas”.

Pretenden lavar sus conciencias con edulcorantes palabras manifestando que si bien “hay una gran distancia entre el grado de responsabilidad del narcotraficante y el del chico pobre que es utilizado finalmente para hacer llegar la droga” lo que les preocupa es que hay que “cuidar que sobre estos últimos no se descargue la fuerza del castigo.”

Sin ninguna proposición o sugerencia de posibles salidas se los deja en la condición de delincuentes. El mensaje, otrora repetido, es que los pobres son así, productores de la ruptura cultural sin que a los obispos se les mueva un pelo en señalar que la falta de empleos proviene de otras circunstancias y que al surgir la posibilidad de emplearse los pobres  optaron por el trabajo y no por el narcomenudeo.

Como suele ocurrir en estos documentos, mencionan frases empalagosas apelando al supuesto cuidado pastoral y hasta algún texto bíblico y papal pero para los “pastores del pueblo de Dios” el problema reside en las zonas periféricas sin señalamiento efectivo de otros espacios sociales.

Espectacular el sesgo de la mirada obispal pues si bien citan que el narcotráfico afecta a diversos sectores de la sociedad su detenimiento específico se queda con los  periféricos.

Nada sobre los documentos de Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos y otros similares donde se acredita la participación de sectores financieros internacionales en acuerdo con el narcotráfico, el surgimiento de las “drogas de diseño” en manos de Estados Unidos y Europa. Menos, por supuesto, que las actuales investigaciones especializadas certifican que Argentina está lejos de ser un problema serio en el panorama del narcotráfico internacional, aun cuando, como en la mayoría de los países, haya aumentado esa característica y que deba enfrentarse con seriedad  y certeza.

Es imposible tomar como “ingenuo” este documento de la ICR Argentina, aprobado en la Asamblea Episcopal del viernes anterior a las votaciones del 15 de noviembre y dado a conocer posteriormente. O como algunos sospechan que es contra el Papa Francisco.

Los firmantes son personajes que conocen el tema, como ellos mismos afirman,  que se afincaron  en  una posición ideológica determinada  revitalizando una corriente antievangelio del catolicismo romano local. Los pobres son necesarios para los té de beneficencia no para dignificarlos  y ensanchar su humanidad.+ (PE)

Foto. La sopa de los pobres de Reinaldo Giudici (1853-1921). Nació en Lenno, Lombardía, Italia. A los 8 años inmigró a Uruguay con su padre. Luego se radicó en Buenos Aires. En 1878 fue becado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires para perfeccionarse en Italia. Se lo conoce como italo-uruguayo-argentino.

SN 1005/15

 

 

 

 

”.

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