Historia debida

Haciendo memoria

“Milito con mi forma de escribir”

Por Jorge Aníbal Cela

General Rodríguez. Buenos Aires.

Nació en Fisherton, Rosario, en una casa quinta alquilada. Oficialmente, el 10 de octubre de 1936 pero como su padre, Eugenio, le dijo que estaba anotado mal y que había nacido el 1º de octubre celebra su cumpleaños ese día Eugenio Rubén Darío Casetta (79) “a mi agregaron, estarían en un momento poético, el Rubén Darío, hasta el día de hoy no pude descubrir porqué”.

Hasta los 3 años vivió allí y luego en varios puntos del país a donde lo llevaba su trabajo al padre, como (la inauguración del Hotel Termas de Reyes de Jujuy, Mar del Plata, Buenos Aires.

Su padre era jefe de cocina del Jockey Club de Rosario en su época de oro. “Todos los magnates y oligarcas iban a comer ahí, se hacían grandes banquetes y él tenía una comisión, cuando hacían banquetes, de 10 centavos por plato. Eventos de 5000 personas por ejemplo, $500. y eso en aquella época era una fortuna.

“El primer Ford descapotable que apareció en Rosario lo compró mi viejo”.

“En esa época en los banquete del Jockey Club se consumía caviar “Malosoff” ruso (venían las latas de 4 libras de Rusia) y champagne “Pommery”, era época de jolgorio para mucha gente y de miseria para la mayoría”. “Una vez Agustín P. Justo hizo un gran banquete (7000 personas) y tuvieron que hacerlo directamente en la pista. Los mozos tiraban carne asada por sobre el alambrado perimetral porque la gente que estaba afuera pedía comida. Según mucha gente se vivía muy bien entonces, eso nunca lo pude entender”.

De su paso infantil por Buenos Aires tiene un vívido recuerdo: “vivíamos en San Martín 523 en 1945. El 17 de octubre veía pasar multitudes por la calle, mujeres envueltas en la bandera argentina, los tranvías cargados hasta arriba del techo: ahí empecé a conocer lo que era un movimiento social y con el tiempo llegué a participar de ese movimiento, empecé a militar a los 15 años no por una cuestión de necesidad sino porque tenía un sentido social de la vida que me enseñó mi viejo, un tano que vino a trabajar a la Argentina con una visión socialista: el socialismo real, no lo que vemos ahora que se embanderan como socialistas y no sabés para que lado patean”.

Ya de adulto lo abrazan la vida pero el amor en esos tiempos turbulentos la dicha no es total. “En 1973 me enamoro de una chica mucho menor y me vengo a vivir a Moreno. Ella embarazada, nos tuvimos que volver a Capital Federal, ahí tuvo familia y nació mi hija, mi compañera se recibió de enfermera y empezó a trabajar en el policlínico del sindicato de papeleros en la calle Osvaldo Cruz, en Barracas. Mi trabajo de vendedor me llevó por esa época a Misiones y cuando estoy allá, en 1976,  me entero que a mi mujer la han secuestrado. Vuelvo, ya no había nada que hacer, se interpusieron habeas corpus pero era lo mismo que tirar los papeles a la basura. Se salvó mi hija porque como mi mujer iba a trabajar noche por medio en Unidad Coronaria la dejaba con mi suegra. Quedé muy mal de ánimo a tal punto que no me permitía manejar las situaciones.

“Entonces dejaba a mi hija con mi suegra, iba a verla todas las semanas porque andaba escondido, creía que la cosa venía conmigo también. Si me salvo es porque no estábamos casados, no relacionaron mi apellido con el de mi compañera (Blanca Cristina Buenanueva). Un día llego a casa de mi suegra, resulta que no está, me dijeron que se había ido a Francia, me mintieron, bah. Se fueron de esa casa (que era en Pompeya) y no volví a ver más a nadie. Me cansé de buscar a mi hija pero no la pude ubicar porque mi suegra le había cambiado el nombre y apellido”.

Idas y vueltas varias lo ubican a fines de los años 80 en el norte argentino. “Llegué a manejar una casa de comidas, rotisería y fiambrería  en Termas de Río Hondo y en los saqueos de 1989 no sólo me saquearon sino que me rompieron todas las instalaciones: heladeras, mostradores, caja registradora. No me pude recuperar. Empecé a caer, cada vez más profundamente, hasta que recalé en Capital Federal nuevamente, alguien me dijo del Ministerio y después de hacerme una serie de exámenes en el Argerich me dieron admisión y llegué a General Rodríguez hace aproximadamente 15 años y desde entonces estoy aquí”.

“Hace unos años tuve un infarto y a raíz de eso un psiquiatra que me atendió me indicó que hiciera alguna actividad que me tuviera ocupada la mente, encontré el taller literario que dirigía Eduardo Espósito y eso cambió el rumbo de mi vida”.

Este es desde entonces su lugar en el mundo y aquí la vida le dio eso que te da de vez en cuando, como dice el Nano Serrat: “un beso en la boca”.

“Hace aproximadamente 11 años mi hija, a quien ya le habían dicho la verdad sobre su verdadera historia pudo recuperar su identidad por intermedio de las Abuelas de Plaza de Mayo, supone que si bien su madre había desaparecido a manos de la dictadura, el padre podía estar vivo. No sé cómo hicieron pero me buscaron y me encontraron acá. Un día, un  viernes a la tarde viene un muchacho y me empieza a hablar de mi compañera y de mi hija. Intuyo que algo pasaba pero al mismo tiempo tenía miedo, ¡otra vez la persecución! Porque sabía cosas que únicamente alguien muy allegado podía conocer. Esa noche no dormí. Al día siguiente sábado a la tarde estoy en el taller literario, aparece de vuelta este hombre, empieza a hablarme otra vez y en eso, desde un coche parado frente al Museo sale una mujer, la miro y le dijo “esa es mi hija” porque algo adentro me decía que eso era mío, eso es parte de mí. Y empezó de vuelta una relación, voy todas las semanas a casa de mi hija, participo con ella en muchas cosas. Si bien no milito abiertamente porque a mi edad me cuesta un poco físicamente, milito con mi forma de escribir, que es una forma de militar también”.+ (PE)

PD.: Rubén vive en el Hogar de ancianos Pedro Andrés Benvenuto, de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia.

La nota fue publicada en el Semanario Voces de los Pueblos de Gral. Rodríguez, Edición No. 39 del 5/11/2015.

Foto. Del disco Haciendo memoria, editado por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos de Uruguay.

SN 1006/15

 

 

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