Llamamiento internacional de curas casados al pueblo de Dios

Curas Casados II

Luego de casi cuarenta años (7 congresos internacionales, 7 latinoamericanos y otros muchos nacionales) el Movimiento internacional de curas casados  en su actual configuración como Federación Latinoamericana y Federación Europea, se reunió  en el  congreso en Guadarrama, Madrid, bajo el lema “Curas en unas comunidades adultas”, desde donde enviaron un comunicado  público “A todo el Pueblo de Dios” animado por la celebración del 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

Al recordar que en su  origen estuvo la reivindicación de un celibato opcional para los curas de la Iglesia católica de Occidente afirman que esa libertad   “debería ser reconocida y respetada no sólo por ser un derecho humano, sino también porque la opcionalidad (y no la imposición) es más fiel al mensaje liberador de Jesús y a la práctica milenaria de las iglesias, así como por estar íntimamente relacionado con el derecho de las comunidades a tener servidores dedicados a su atención, hoy insuficientemente satisfecho”.

Aclaran que esa perspectiva inicial  se expandió “ para aspirar y avanzar  hacia un modelo de cura no clerical y un tipo de iglesia no asentada férreamente sobre un cura exclusivamente varón, célibe y clérigo”.

Desde su compromiso  manifiestan  estar  convencidos , junto a otros movimientos  de la iglesia, “que el modelo de cristianismo mayoritariamente imperante está desfasado; y lejos de ayudar a la implantación del Reinado de Dios y su justicia, es con frecuencia un obstáculo para la vivencia de los valores evangélicos” por lo que un nuevo tipo de iglesia y de comunidades  es urgentemente necesaria.

Consideran que “El eje de este nuevo modelo de iglesia debe ser la comunidad, la vida comunitaria de los creyentes en Jesús” y que sin ellos  no hay iglesia.  Para ese objetivo  “es preciso un cambio estructural” pues “no son suficientes los meros esfuerzos personales” especialmente porque  “ Hay una inercia de siglos (Estado Vaticano, curias, leyes, tradiciones…) que actúa como un peso muerto y dificulta cualquier reforma progresiva”.

Al mirar su Movimiento señalan (4) que “ Nuestro  recorrido nos ha hecho experimentar y comprender que el motor  de esa transformación se encuentra en el interior de las mismas comunidades” dado que “solamente unas comunidades adultas, maduras, pueden llevar a cabo esa transformación estructural necesaria y urgente” y que la estructura actual  tiende “a perpetuar el  inmovilismo y a adoptar cambios de forma sin ir al fondo”.

En esa perspectiva audazmente afirman que el tema de los curas, sean célibes o no, “no es esa la cuestión principal” pues “ no pueden seguir concentrando todo en sus personas y pretender asumir todas las tareas y responsabilidades” por lo que  se impone “una evolución hacia una mayor participación y hacia un pluralismo de modelos en función y en dependencia de las comunidades concretas”

Visualizan que “Esas comunidades adultas existen ya”  pero que en  ocasiones son ignoradas o perseguidas cuando deberían ser incentivadas dentro de  la pluralidad de modelos eclesiales.

Agregan que  “Esa adultez y mayoría de edad les permite adaptarse a las exigencias culturales de nuestro mundo cambiante, vivir y formular la fe de forma y en lenguaje comprensibles  y organizarse desde dentro según sus necesidades”

Desde esa óptica ven que “resulta cada vez más contradictoria e injusta la situación de las mujeres: mayoritariamente presentes en la vida eclesial, pero apartadas tradicionalmente de las tareas de estudio, responsabilidad y  gobierno. No existe ningún fundamento para mantener esta discriminación, que además supone la pérdida de un potencial humano irremplazable. Se puede razonablemente esperar al mismo tiempo que su presencia cambiará las estructuras de animación y de gobierno a mejores, más justas y más equilibradas”

Creen que  “es preciso reconocer a estas comunidades el derecho a elegir y encomendar las tareas, servicios y ministerios a las personas que consideren más preparadas y adecuadas para cada tarea, sin distinción de sexo ni de estado” obteniendo “ser comunidades abiertas, inclusivas, desde la pluralidad y el respeto mutuo”

Según su experiencia comunidades de este tipo  “No son una quimera sino una realidad a pesar de sus deficiencias y dificultades” por lo cual están “decididos a seguir luchando para que cada día sean más numerosas y auténticas”.

Reconocen que  “Los retos actuales nos exigen abrir caminos de diálogo y encuentro; y en esos campos tan necesitados de cambio, ser creativos, asumir el protagonismo de las comunidades y hacer así realidad aquellas intuiciones y declaraciones del Vaticano II (vida fraterna, solidaria, ecuménica, comprometida por la paz y la justicia con todos los hombres y mujeres de buena voluntad…)  que tanta ilusión despertaron, que fueron arrinconadas como peligrosas y que hoy, con la llegada del papa Francisco, han cobrado actualidad y recuperado su carta de ciudadanía en nuestra Iglesia”.

Finalizan invitando “a todos los creyentes en Jesús a ser valientes y adentrarse en estas sendas de creatividad, adultez y libertad, para hacer cada día más real el Evangelio de la misericordia y de la responsabilidad ante los seres humanos y ante nuestra Madre Tierra”.

El comunicado esta fechado el 6 de enero de 2016.+ (PE)

Nota. El Movimiento Internacional de curas católicos casados agrupa a unas 90.000 personas en todo el mundo

SN 0021/16

 

 

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