En su esgrima contra Cristina, Macri inquieta al PJ amigable

Milagro Sala AF

La virulencia contra la década k complica la posición de los peronistas moderados.

Por Pablo Ibáñez

Buenos Aires

Mauricio Macri puso una bomba sucia en el PJ amigable. La despiadada revisión de la década K, craneada para su esgrima con Cristina de Kirchner, contamina la esforzada maniobra de los caciques peronistas para imponer, en el brumoso mundo poskirchnerista, una postura moderada, un relato Macrifriendly.
El tejido de ese peronismo pragmático tuvo ayer una jornada desastrosa. El Presidente dedicó media hora de su discurso a martillar sobre la herencia maldita, escarbó en el libreto de los hechos de corrupción (habló de ampliar y pidió la actuación judicial) y objetó la matriz del modelo K.

Acertado o no, ese diagnóstico involucra a todos y cada uno de los actores que en este tiempo militan la cohabitación con el PRO. El caso emblemático es Miguel Angel Pichetto: el senador al que los ultra-K prometen un juicio sumario por manijear el respaldo al pacto con los buitres, fue el jefe del bloque del FpV durante la década K y el portavoz legislativo de las medidas que ayer Macri descuartizó.

En el Senado, cuna del PJ pactista, ayer todo era desazón. El propio Pichetto salió a cuestionar el tono y enfoque del discurso: “Fue parcial, una mirada sesgada de la historia e injusta” dijo el senador que, full time, se dedicó a juntar votos para aprobar los pliegos de los cortesanos puestos, vía decreto, por Macri y para derogar la ley cerrojo y de pago soberano.

Gemelos
La metralla ardiente de Macri rozó, incluso, a Diego Bossio, diputado y ex de ANSeS que encabezó un cisma veraniego en el bloque y puso a disposición de Emilio Monzó un malón de más de una docena de manos colaboracionistas. Hasta Florencio Randazzo, y la política de trenes, quedaron en el radar presidencial.

De rebote, para lapidar a la expresidente, Macri le hizo un periférico reconocimiento a Néstor Kirchner por su obsesión con los superávit gemelos. El del patagónico fue una de los pocos nombres que citó junto a Hipólito Yrigoyen, David Cameron, Alberto Nisman y Elisa Carrió para usar, contra los K un argumento K: el celo fiscal de Kirchner como objeción a los déficit de Cristina.

“Esto fortalece a los más K y perjudica a los moderados”, se quejó, ayer, un legislador del PJ. Pichetto, como voz del bloque del Senado, dijo que Macri “desaprovechó la oportunidad de convocar a un esfuerzo de todos” y consideró “muy flojo, casi vacío”, el tramo de propuestas. El peronismo amigable esperaba, y por eso terminó golpeado, un discurso menos feroz.

El alerta no es menor: en unos días, con el 14 de abril como deadline, el PRO debe salir vía Monzó y Federico Pinedo a recolectar voluntades para eliminar la ley cerrojo y el pago soberano y autorizar un endeudamiento para pagarles a los buitres. “Los que den quórum serán cómplices”, dijo ayer Andrés “Cuervo” Larroque en un mensaje a los legisladores del PJ/FpV que reportan a los gobernadores y venían, hasta ayer, jugados a votar los proyectos de Macri aunque implique una crisis en sus bloques.

Tonos
La virulencia del mensaje de Macri es nociva para eso. Ayer en Casa Rosada decían que la versión de un mensaje menos duro fue una especulación. El texto lo confeccionó un equipo coordinado por Marcos Peña y no respetó la tesis de Jaime Durán Barba de gambetear las malas noticias. La posición del consultor reinó en el segmento del mensaje en que Macri habló de un destino luminoso. Sólo le faltó repetir, a lo Eduardo Duhalde, aquello de “condenados al éxito”. En los dos peronismos, los K y los moderados, hubo una mirada general,: la idea de dos discursos contradictorios. “Parece que la primera parte la escribió Carrió y la segunda Durán Barba”, dijo un senador, metáfora en la que un diputado usó el clásico de Stevenson, invertido: “Primero fue Hyde y después Jekyll”.

El hecho de describir las ruinas para prometer la reconstrucción es una poesía política recurrente. Fue primordial para Kirchner y la usó, todo estos años, el kirchnerismo al compararse con lo recibido en 2003. El recurso de Macri confirma su táctica de antagonizar con Cristina porque, en este debut, le ha dado rédito aparecer como “lo diferente a”. La enumeración de maldiciones sobre las condiciones en que recibió el Gobierno son, hasta acá, el principal y único argumento para justificar las medidas antipáticas de estas semanas.

Reconocer una pizca mínima de aciertos o hacer un diagnóstico menos descarnado atentaría contra sus urgencias políticas aunque, en lo inmediato, la crítica genérica a la última década pone a gobernadores y dirigentes, no necesariamente K, a la defensiva. Las facturas del pasado, como la de la derrota electoral, están a nombre del peronismo.

Entre 30% y 35% de los argentinos, según dos encuestas, eligen como identidad política el macrismo. Es un número sorprendente y alto que supera, por varios cuerpos, al kirchnerismo que figura como entidad distinta al peronismo. El macrismo decidió confrontar con Cristina y el factor K que, entienden, es un espacio sólido y movilizado pero minoritario. Una convicción parecida llevó, casi una década atrás, a Kirchner a alimentar y sostener a Macri como un rival político preferido. + (PE/Ambito Financiero)

Artículo y fotos del matutino Ambito Financiero del 2 de marzo de 2016

 SN 0074/16

 

 

 

 

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