Viglietti en la Inauguración del Centro De Cultura Popular de Trelew

Viglietti

Por Graciela Sonia Gutiérrez 

Trelew

Desde el 5 de febrero el edificio del viejo molino harinero de la ciudad de Trelew se constituyó en un cálido espacio para quienes disfrutan de la lectura, la música, el cine, el arte en todas sus expresiones. Allí renovó su contacto con el público la librería Mandala, cuyos propietarios, Hugo Abraham y Cristina Caucamán,  decidieron ampliar la apuesta con la apertura del Centro de Cultura Popular “Encarnación Díaz de Mulhall”.

La inauguración del nuevo emprendimiento se extendió en tres bellos encuentros de poesía, música, canción y danza. En el primero de ellos, Cristina y Hugo explicaron al público cuáles son sus objetivos con respecto al funcionamiento del Centro. Fueron muy directos a la hora de señalar que este nuevo espacio es un gran desafío para ellos, y explicar por qué: “Acá se acabó el juego bonito en el país, es un juego de piernas fuertes y todos tenemos que jugarlo”. En ese sentido, señalaron que el resultado electoral de noviembre los impulsó a tomar definitivamente la decisión de enfrentar este emprendimiento y generar con él un lugar de encuentro, de reflexión, de construcción, “un lugar donde sentarnos a pensar entre todos qué hemos hecho mal para terminar como terminamos”.

Esa primera noche de inauguración contó con la presencia de Encarnación Díaz de Mulhall, la homenajeada. En una de las cuatro columnas ubicadas en el centro del sector de librería, un afiche nos explica el por qué de ese homenaje: “Estamos celebrando hoy la vida de Encarnación, una vida de coherencia, de compromiso militante, con la educación, con el arte, con su pueblo”.

Encarnación nació en Rosario en 1929. Allí estudió profesorado en Letras. En 1958 junto con su compañero, el abogado Beltran Mulhall, se radicaron en Trelew, donde ejerció la docencia. Ambos se vincularon al teatro independiente e integraron el grupo “El Grillo”, una experiencia de avanzada en la pequeña ciudad de esos años. Allí tuvo notables actuaciones.

Por su militancia política y su compromiso, ambos se vincularon a la Comisión de Solidaridad con los presos políticos de la Unidad 6 de Rawson. El 11 de octubre de 1972 ella, Beltran y  otros vecinos del Valle, fueron detenidos, trasladados a la cárcel de Villa Devoto y puestos a  disposición del PEN; finalmente fueron liberados en respuesta al fuerte reclamo popular conocido como “Asamblea del Pueblo”.

Años después, ya iniciada la última dictadura militar, Encarnación y su familia tuvieron que exiliarse en el norte del país. Con el retorno de la democracia volvieron a radicarse en Trelew, donde retomó la docencia hasta jubilarse.

Muchos son los ex alumnos que hoy recuerdan su dedicación, su entrega, la pasión con que desarrollaba sus clases, la fuerte convicción con que les trasmitía los valores sociales de solidaridad y compromiso ciudadano. Muchos estuvieron presentes ese día para celebrar con Mandala el hecho de tenerla, para volver a escuchar sus palabras, para seguir aprendiendo, para no perder la posibilidad de agradecerle su legado.

Encarnación habló para agradecer este reconocimiento, y como era de esperar, conmovió a todos con la humildad de sus palabras, “yo hice las cosas porque me pareció natural hacerlas”, y con la fuerza de su mensaje que no soslayó la lectura de la actual situación política. Recordando el momento y su propia emoción, Hugo afirma “Yo creo que se generó un hecho sociológico en el pueblo, que mucha gente se acordó de golpe de que Encarnación está, de todo lo agradecido y lo que uno la quiere y lo que la respeta y que está viva y está ahí y que era un hermoso momento para agradecérselo y que no habíamos pensado en eso y la encontramos ahí….”.

Mandala

Porque como dice otro de los afiches “Encarnación es el espejo donde todos queremos mirarnos, es el modelo que queremos que nuestros hijos tengan. Acaso uno tiene derecho a bajar la guardia, mirando el ejemplo de una vida de lucha y coherencia?”; y promete “Por eso querida Encarnación, el centro cultural que lleva tu nombre estará lleno de jóvenes, de sueños, de personas que no se conforman, de las que saben que perder no es una opción.

Estará lleno de artistas, de nuestros artistas, de nuestra América Latina, la que debe permanecer más junta que nunca.”

Y precisamente uno de los más queridos representantes del canto popular latinoamericano, ejemplo también de lucha y coherencia, el uruguayo Daniel Viglietti, estuvo presente en ese acto. Su concierto estaba previsto para después del homenaje a Encarnación, pero cuando Viglietti supo quién es ella, manifestó expresamente su deseo de estar a su lado. Así, con la humildad de los verdaderamente grandes, la escuchó atentamente, se emocionó junto con el público, la aplaudió y descendió del escenario para saludarla personalmente.

Para iniciar la velada artística, hubo lectura de poesías a cargo de jóvenes integrantes de un colectivo local generado en el seno de Mandala: “Carta de un obrero que lee” de Bertolt Brecht, la “Carta al Che” de Leopoldo Marechal, “Límites” de Juan Gelman, “Expediente negro” de Oscar Acosta, poeta hondureño, y “Preguntas” de  la poeta patagónica Liliana Ancala. Sus voces surgían de entre el público, donde estaban ubicados, y desde el escenario Viglietti los acompañaba con su guitarra.

Hugo Abraham reflexionaba después: “creo que él lo vivió más como un acto militante que como un concierto. Creo que fue eso lo que él vino a hacer. De hecho, su predisposición a participar en las lecturas de la selección de los textos, que era nuestra. Lo que sí, él lo pide antes, lo ensaya, lo ensaya con los chicos, los escucha, opina, cambia, varía, como que toma un rol muy activo y termina compartiendo escenario”.

Finalmente Viglietti cerró el encuentro con la inquebrantable fuerza de su voz y su mensaje, en un concierto que estrechó la comunión con su público de Trelew, con el que había tenido un primer contacto en agosto del año pasado, en dos presentaciones gratuitas también organizadas por Mandala.

La magia de esa primera noche de inauguración se renovó al día siguiente, cuando ofreció una breve actuación minutos antes del horario del vuelo de regreso a su hogar. El encuentro fue breve, pero infinitamente intenso y cálido. Viglietti empezó diciendo “Por detrás de mi voz – escucha, escucha – Otra voz canta”… “Dicen que no están muertos – escúchalos, escucha”… y el público escuchó, y alzó sus voces para recordarlos y cantar con él, coreó con fuerza “se precisan niños para amanecer” y gritó “a desalambrar, a desalambrar”. Hubo lágrimas, emoción, alegría, prolongados aplausos, ‘bravos’ y ‘gracias’.

Después de despedirlo, los presentes disfrutaron de la actuación de músicos locales: Enrique Payalef, y el violinista Leo Colliu con su grupo “De acá nomás”.

La tercera y última noche el trelewense Juan Manuel Olsina interpretó un tango compuesto por él en homenaje a Encarnación; “La vitrola”, hermosa letra.  Luego se presentó el grupo de percusión y danza afro “Quilombo”, hubo lectura de poesías a cargo del escritor Sergio Pravaz, y finalmente se disfrutó la bella interpretación de folklore argentino y latinoamericano. (PE)

SN 0091/16

 

 

 

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