Bebiendo El Agua De Nuestra Propia Fuente

Iglesia_Metodista_de_Flores,_Buenos_Aires

Por Roberto González

Buenos Aires

Deseo celebrar el Mes del Metodismo, con algunos pensamientos de Juan Wesley. No pretendo profundizarlos a todos; obviamente, es imposible. Sin embargo, todo lo que se conoce del pensamiento de Wesley es sumamente interesante; de manera que, elegí dos pensamientos donde hago un breve comentario del Sermón XXXIX y qué es lo que enseñaba Wesley sobre “las Obras de Misericordia”.

El primer tema es la, es INCLUSIÓN. En el Sermón XXXIX “EL GENIO DEL CATOLICISMO” (*) (2) Wesley dice:

“¿Es tu corazón recto para con tu prójimo? ¿Amas a todo el género humano, sin excepción alguna, como a ti mismo? “Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?” “¿Amas a tus enemigos? ¿Está tu alma llena de buena voluntad, de ternura para con ellos? ¿Amas aun a los enemigos de Dios, a los malagradecidos e impuros? ¿Se dolorido o abatido tu corazón por causa de ellos? ¿Te podrías hacer “maldito” por un tiempo en bien de ellos? ¿Y demuestras esto, bendiciendo a los que te maldicen, y orando por los que te aborrecen y te persiguen?…” “Pues que lo es, dame la mano.”

“No quiero decir con esto: “Acepta mis opiniones.” No es necesario. No lo espero ni lo deseo. Tampoco quiero decir: “Acepto tus opiniones.” No lo puedo hacer. No depende de mí. Más fácil me sería dejar de oír. Sigue firme en tus opiniones, que yo seguiré firme en las mías. No hay necesidad de que procures persuadirme a que acepte tu modo de pensar. No deseo discutir, oír, ni decir una sola palabra obre estos puntos. Dejemos todas estas opiniones a un lado. Sólo te pido que me des la mano”

Wesley afirma sus principios sobre un catolicismo liberal; en el cual podemos estar de acuerdo o no; pues lo que el resalta en este Sermón, no es la unión de los credos o la igualdad en la celebración litúrgica ni la abolición de las diferencias doctrinales, sino la cooperación diligente en buenas obras, a pesar de las opiniones doctrinales tan diversas e irreconciliables.

Haciendo una relectura de sus dichos; Wesley invita al diálogo para que, por ese medio, conozcamos al otro tal cual es. Su actitud de tolerancia se ve reflejada en su libertad de respetar las opiniones y “en el pensar y dejar pensar”, tal como enseñaba.

Wesley explica que la diferencia de opiniones es el resultado inevitable de la debilidad y la limitada comprensión del ser humano, acerca del amor de Dios. Para Wesley el espíritu ecuménico (católico) es un espíritu humilde que reconoce que nadie puede estar seguro de que la totalidad de sus opiniones puedan ser verdaderas. Da un buen espacio para la duda.

Las palabras de Wesley: “Si tu corazón es como el mío, dame la mano y mi hermano serás” revela que para realizar la tarea de proclamar el amor de Dios y anunciar sus Buenas Nuevas, no debe haber ningún impedimento, basta el amor, amor inclusivo. Considero que el/la otro(a) es más que una idea o una forma de pensar sino una persona atravesada por sus ideas que son fruto de la cultura. Esta actitud inclusiva es lo que permite la unidad de nuestra Iglesia ―es la CONEXIONALIDAD. Esto es una urgente necesidad ante un mundo; en el cual, cada vez más surgen cuestiones sobre creencias religiosas, ideológicas, costumbres, modas, etc. La cuestión importante es conocer al prójimo más allá de lo que piensa, es incluirlo, aceptarlo tal cual es, sencilla- mente con amor; tal cual enseña el Evangelio.

Por último hablemos de “LAS OBRAS DE MISERICORDIA” Como hemos leído en el punto anterior, para Wesley la esencia de la fe cristiana es el amor: “Amor de Dios con todo nuestro corazón, alma y fuerza, como Dios nos amó primero a nosotros, como fuente de todo bien y de todo lo que esperamos gozar siempre y amor de cada alma que Dios ha hecho, cada persona en la tierra como nuestra propia alma”

“Las obras de misericordia” es un tema fundamental en la teología Wesleyana. Los Medios de la Gracia (la Oración, la Escritura, los Sacramentos, el Testimonio, el Servicio…) sostienen las obras de piedad pues esta tiene que estar unida a las obras de misericordia, dado que, son una unidad.

Para vivir en santidad, según Wesley, “hay que hacer el bien”; no en sentido romántico o sensiblero; pues la fe es palabra y acción. Wesley creía que la verdadera conversión hecha por el Espíritu Santo en la persona sería la que transformaría al mundo; es decir por la acción concreta de la persona creyente en el mundo.

Este pensamiento de Wesley sugiere una acción concreta que hoy la llamaríamos Derechos Humanos pues; eso es lo que hizo Wesley en su oportunidad “LUCHAR PARA ABOLIR LA ESCLAVITUD”

Existe un relato que cuenta que Wesley intercedió por las(os) esclavos pidiendo a los esclavistas que terminaran con ese tráfico infame, así demostró que las obras de misericordia son una acción concreta, es jugarse por el prójimo, que la santidad personal no está encerrada en un individualismo indiferente, que solo mira “el cielo cantando aleluyas” sino es un compromiso concreto con el prójimo en su búsqueda de justicia.

De manera que; si deseo ser metodista, tal como Wesley enseñó, debo poner mi corazón, mi fe y mi acción; acercándome y aceptando a la persona que tengo por delante, más allá de lo que sea o piense y si es necesario… Jugarme por ella. + (PE)

(1) Las fuentes del conocimiento cristiano. Un resumen de las ideas de Wesley
(2) Sermones por Juan Wesley – Tomo II – Casa Nazarena de Publicaciones; ed. Digital
(*) La palabra catolicismo se usa en este sermón para significar cristianismo universal o ecuménico
(3) “Obras de Misericordia”: La vida de santidad y la y la transformación de la sociedad

Foto Iglesia Metodista, barrio Flores, Buenos Aires.

SN 0185/16

 

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Un comentario sobre “Bebiendo El Agua De Nuestra Propia Fuente

  1. Hace algunos años armé un blog que titulé LA HORA DEL GRILLO.
    Invité a participar en él a diversas personas del mundo religioso, entre relgiosas y laicas, pero la condición de que evitasen referirse a Dios.
    Eso era así porque pretendía que en ese sitio se pudiesen sentir a gusto creyentes y no creyentes, algo que en primer lugar me atañía a mí.
    Les pedía que en lugar de hablar de Dios comentasen lo que su religión les lleva a profesar, tal como la compasión, la solidaridad, etc.
    No lo logré. El término Dios parecía inevitabel en el discurso de esas buenas personas creyentes, con lo cual todo lo que escribían se volvía exclusivo y excluyente.
    Fue una experiencia dolorosa aquella, porque yo era un “hincha” del Buen Samaritano.

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