Central Ballester, el club que renace en un homenaje a los fusilados en José León Suárez

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Por Germán Leza

Buenos Aires

Desde La Nación Sección Cancha Llena 160602

El equipo, que milita en la Primera D, rinde tributo a los que fueron asesinados en 1956, y a dos adolescentes acribillados por la policía bonaerense en 2011

Mi nieto no se quería ir, se divirtió muchísimo. Es que allá (por Italia) no hay clubes, no existe eso”, le contó alguna vez Julio Velasco , el entrenador de la selección de vóley, a este medio. Multicampeón mundial con Italia, finalista olímpico, y manager general de Milan, Velasco debió dejar su trabajo como preceptor en el Colegio Nacional de La Plata y la carrera de filosofía en la Universidad por su militancia en el Partido Comunista Revolucionario.

También, como él apunta, vivió en “semiclandestinidad”, se mudó a Buenos Aires a fines de 1974 y se refugió en el vóley, un universo muy distinto al que solía asistir. Todavía no había llegado el golpe pero se avizoraba un futuro aún más negro tras la muerte de Juan Domingo Perón.

A 40 años del golpe de 1976, Ezequiel Rodríguez, jefe de prensa y dirigente “multiuso” de Central Ballester tiene un sueño. Que su club, que en 1996 ascendió a Primera C y su sede fue vendida “fraudulentamente”, como él apunta, y que ahora se convirtió en un club “nómade”, recupere el rol social que supo tener. Los clubes en la Argentina fueron el semilleros de los mejores logros deportivos, además de un bálsamo social en tiempos de crisis.

De a poco, Central Ballester ( Primera D ) comienza a renacer en un predio que le cedieron. Los vestuarios ya están hechos. Aunque nada es sencillo, la fractura social desafía día a día los anhelos de Ezequiel: “El club hoy no tiene sede, tiene un predio donde se está construyendo el estadio, en José León Suárez . A pasos muy cortitos, aunque firmes. Los barrios tampoco son muy accesibles de generar un vínculo. Son muy difíciles. El club casi que no puede cumplir el rol social porque fuimos víctimas de muchos robos ahí donde estamos”, cuenta.

Como una forma de acercar el club a los vecinos, este dirigente y diseñador gráfico de 30 años pensó en un hecho que identifique fuertemente al barrio: los fusilamientos de José León Suárez en 1956 y el asesinato en 2011 por parte de la policía bonaerense de Franco Almirón (16 años) y Mauricio Gabriel Ramos (17 años), vecinos del barrio La Cárcova. Entonces, pensó homenajearlos en la camiseta del club, una idea que después se aprobó en la comisión directiva. No sólo que esta decisión de Central Ballester despertó la sorpresa y agradecimientos de los familiares de las víctimas, sino que además generó un efecto que jamás se imaginaron: una catarata de pedidos de casacas de todo el país.

Pero vale la pena recordar qué pasó en la noche del sábado del 9 de junio de 1956.

Los fusilamientos ocurrieron durante la llamada “Revolución Libertadora”, que había derrocado el segundo gobierno de Juan Domingo Perón. Fue un hecho que el periodista Rodolfo Walsh volcó en un emblemático libro del periodismo y la literatura argentina: “Operación Masacre”. Para muchos, Walsh fue el creador del “non fiction” antes que Truman Capote. El periodista narra magistralmente y con un altísimo nivel de detalle cómo civiles fueron fusilados clandestinamente en los basurales de José Léon Suárez por la supuesta aplicación de una ley marcial tras la contrarrevolución iniciada por el general Juan José Valle. Poco después, la justicia argentina inició una investigación porque los fusilamientos fueron absolutamente ilegales, pero por intermedio del entonces presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, se decidió la intervención de la justicia militar y la causa jamás fue esclarecida. Y los máximos responsables, entre ellos el jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, el teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, nunca fueron condenados.

Ahora, durante, casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa en el Tigre, durante dos meses viviré en un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver, y a cada momento las figuras del drama volverán obsesivamente.” (fragmento del prólogo de “Operación Masacre”, por Rodolfo Walsh).

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Reunidos por canchallena.com, familiares de los sobrevivientes de los fusilamientos del 56, jugadores del club, y el creador de la camiseta, charlaron en Parque San Martín, donde se entrena el equipo. “Imaginate qué emoción. Sinceramente, es la primera vez que veo un homenaje así”, empieza la conversación Berta Carranza, hija de Nicolás Carranza, uno de los fusilados junto a Francisco Garibotti, Mario Brión, Carlos Lizaso y Vicente Rodríguez.

“Quiero agradecer a Ezequiel, al club, a los jugadores. Me causó mucha emoción: un club de fútbol se acordó y los políticos no”, agrega Leonardo, sobrino de Berta. También están Daniel Brión (hijo de Mario y autor de varios libros sobre los fusilamientos del 56) , Vicente y Alicia Rodríguez, que en “Operación Masacre” fue inmortalizada con el nombre de Casandra, la pequeña niña que le indicaba a Walsh dónde vivían las familias de los militantes peronistas asesinados que vivían en el Barrio Obrero Ferroviario de Boulogne. 11 años tenía Alicia cuando fusilaron a su padre. “Lo de mi papá es como que fue ayer. Lo despedí con un beso y nunca más lo vi. Lo de mi mamá (falleció hace tres años) lo superé pero lo de mi papá es para toda la vida. No le dieron opción de nada”, cuenta Alicia sobre la tardecita que saludó a sus padres antes de que partiera, sin saberlo, a la muerte. Después de que lo fusilaron, su madre le advirtió a ella y a sus hermanos que no debía hablar con nadie porque era muy peligroso.

“Pero sucede que creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea. Y creo en este libro, en sus efectos. Espero que no se me critique el creer en un libro – aunque sea escrito por mí- cuando son tantos más los que creen en las metralletas” (Frase extraída de la introducción de la primera edición de “Operación Masacre”, por Rodolfo Walsh).

Además del homenaje, el nuevo diseño de las camisetas fue un éxito comercial, algo imperioso para un club que lucha por sobrevivir. La demanda fue tal que Central Ballester no alcanzó a satisfacer la demanda:

-“Y claro, esto no es River, no es Boca”- apunta Alicia, hija de Vicente Rodríguez.

Leonardo: -“Pero esto es más grande”.

Julio Gauna (futbolista de Central Ballester): – “En lo personal, te agarra piel de gallina lo que te dicen. Estoy orgulloso de ver esa camiseta, que significa mucho para ellos.

Pablo Lucero (capitán de Central Ballester): – “Para nosotros implica una responsabilidad; representamos un montón de cosas. Tenemos que responder en base a lo que tenemos en el pecho.

Alicia: -“Y llevar una camiseta como esta que realmente representa algo es muy fuerte”

Gauna: – “Esto quedó en la historia y para nosotros también esto queda en la historia”

Leonardo: – “El único club que se animó a hacer historia”

Ezequiel: – “Perdón, pero nosotros nos animamos porque no tenemos representatividad con nadie más que con el barrio, con la gente de José León Suárez, Boulogne, Villa Adelina, Villa Ballester. No tenemos que quedar bien con nadie porque no tenemos ningún tipo de relación con ninguna entidad ni ninguna bandera política. Y no quiero que pase por alto que lo que nosotros hacemos es una condena a la violencia institucional. Porque el plan es que no tenga que ver más camisetas como estas. Es decir, que haya camisetas, pero que en vez de tener sponsors de una marca de electrodoméstico que sea sponsor de conciencia y de memoria.

Venta de las casacas. Para aquellos que quieran adquirir una camiseta de Central Ballester deben enviar un mail a centralballester@gmail.com

Así como es el deporte el que reinstala la discusión sobre la violencia institucional, el deporte también era una pieza central en las vidas de los fusilados. Berta cuenta cómo vestía su padre cuando lo fusilaron:

-“Mi papá tenía el sobretodo del ferrocarril y abajo la bufanda. Y el papá de ellos era de un club de Florida.”

Alicia: -“Sí, de El Porvenir de Florida, de Avenida Libertador. Mi papá siempre estaba con esas cosas. El fundó el club. Estaba en Irigoyen entre Carlos Tejedor y Alvear. Pero no sé si está más el club. cambió tanto Florida”.

-¿Qué le quisieran decir los familiares de los sobrevivientes a Ezequiel y a los jugadores, y los jugadores qué les quisieran decir a los familiares?

Berta: -“Estamos un poco sensibilizados por los 40 años del golpe y en junio son los 60 años de los fusilamientos, y este homenaje es un montón”.

Daniel: -“Fue sorpresivo. Yo me enteré porque mi hijo juega al fútbol y me mandó la camiseta porque la vio por internet. A mí me dio la sensación como cuando se escuchaba la marcha peronista en las canchas de fútbol, cuando estábamos prohibidos”.

Vicente (hermano de Alicia): – “Quiero agradecer al club y a los jugadores que se ponen en el pecho el dolor nuestro. Se los agradezco mucho”.

Ezequiel: – “Cada día que pasa va resignificando lo que nosotros quisimos hacer. Es totalmente conmovedor. Lo que uno dice con la boca lo tiene que bancar con el pecho. Me vino esa frase”.

La Masacre de La Córcova

El 3 de febrero de 2011, Franco Almirón, de 16 años, y Mauricio Gabriel Ramos, de 17, fueron asesinados por la policía bonaerense, quienes reprimían por un supuesto saqueo a un tren descarrilado, en un lugar cercano al predio del CEAMSE.

El hecho se conoció como la Masacre de La Córcova, porque las víctimas vivía en el barrio. Sobrevivió Joaquín Romero (en 2011 tenía 19 años), y fue testigo clave en el juicio posterior. El oficial Gustavo Vega fue sentenciado a siete años de prisión y a fines de 2015 la Sala1 de la Cámara de Casación penal bonaerense ordenó agravar la pena. También ordenó que el sargento Gustavo Sebastián Rey, que había sido absuelto, sea nuevamente juzgado..

Cinco fueron los asesinados en “Operación Masacre”: Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión, Carlos Lizaso y Vicente Rodríguez. Y otros siete que sobrevivieron: Horacio Di Chiano, Miguel Angel Giunta, Norberto Gavino, Julio Troxler (desaparecido durante la última dictadura), Reinaldo Benavídez, Rogelio Díaz y Juan Carlos Livraga (el único sobreviviente que vive y que reside en Estados Unidos).

Para Osvaldo Bayer, amigo de Walsh, los fusilamientos del 56 fueron un presagio de lo que luego ocurría con la dictadura que se inició el 24 de marzo de 1976: “Operación Masacre es el prólogo de la tragedia que vendrá después. Aramburu y Rojas serán el prólogo de Videla y Massera. Rodolfo Walsh se convertirá de testigo en protagonista. Será asesinado a balazos, como sus personajes de José León Suárez”, escribió el historiador.

Walsh fue acribillado y desaparecido el 25 de marzo de 1977, un día después de enviar por correo a todas las redacciones de los diarios su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”.

Como en la última dictadura, en junio de 1956, también existía una fuerte censura en la prensa, por lo que las primeras investigaciones de Walsh sobre los fusilamientos tuvieron muchísimas dificultades para ser publicadas. Hasta que circularon primero en “Propósitos”, después en “Revolución Nacional”, luego en la revista “Mayoría”, y finalmente se imprimió el libro con Ediciones Sigla. + (PE/La Nación)

Fotos Aníbal Greco Diario La Nación

SN 0199/16

 

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