Dios, “el que es”

Cadarso

Por Honorio Cadarso

España

“No tomarás el nombre de Dios en vano”, proclama el segundo mandamiento. A tono con ese mandamiento, la religión judía da a Dios el nombre de “El que es”, prohíbe su representación en imágenes. Algo parecido hace el Islamismo, la otra religión del libro.

La cultura medieval abandona esos hábitos respetuosos y prodiga el nombre de Dios por activa y por pasiva. Pero a raíz de la Ilustración francesa y el desarrollo autónomo de la ciencia y la tecnología, Dios va desapareciendo cada vez más del panorama cultural de Occidente. Del silencio con que se rodea su palabra, Dios, se pasa a la negación o la desaparición de Dios en las actividades culturales y en la vida entera de la persona y de la sociedad, y a un debate durísimo sobre su existencia, o al menos sobre su presencia en el mundo y en nuestras vidas.

El debate de la cultura europea es asumido por la teología, la pastoral y catequesis cristiana. Uno de los exponentes de ese debate y apertura a las nuevas corrientes de la cultura occidental es Dietrich Bonhoeffer, el pastor luterano alemán que, empujado por su compromiso religioso que le lleva a implantar en este mundo, sin esperar al más allá, el Reino de Dios, conspira con otros compatriotas para derrocar al Fuhrer Hitler, y termina ahorcado por el dictador.

En el exterior de la cultura europea, occidental y musulmana, la filosofía china se construye desde sus orígenes, milenios atrás, hasta nuestros días en que ha pasado por el marxismo, sobre la más absoluta indiferencia ante el problema de Dios y el misterio del más allá de la muerte.

Sorprende un tanto llegar a descubrir en la mística cristiana tal como la expresa uno de sus más excelsos representantes, San Juan de la Cruz, en la Noche oscura de la Subida al Monte Carmelo, la búsqueda de Dios en la más oscura oscuridad de una Noche oscura, tal como lo expresa el santo en estos versos: “En una noche oscura/ Con ansias, en amores inflamada/ Oh dichosa ventura!/ Salí sin ser notada/ estando ya mi casa sosegada”. Repite estos mismos conceptos en el comienzo del Cántico espiritual.

El santo carmelita se explana en describir la oscuridad que envuelve al creyente ante Dios, con acentos que de alguna manera le acercan a los no creyentes, por cuanto el Supremo Ser al que busca desaparece de sus ojos y le deja hundido en la más absoluta indigencia, angustia, silencio y oscuridad.

“Digo que el alma, por haberse de guiar bien por la fe a este estado, no solo se ha de quedar a oscuras según aquella parte que tiene respecto a las criaturas y a lo temporal, que es la sensitiva e inferior, sino que también se ha de cegar y oscurecer según la parte que tiene respecto a Dios y a los espiritual, que es lo racional y superior. Porque para venir un alma a llegar a la transformación sobrenatural, claro está que ha de oscurecerse y trasponerse a todo lo que contiene su natural, que es sensitivo y racional. Porque sobrenatural eso quiere decir, que sube sobre el natural, luego el natural abajo queda.

El ciego, si no es bien ciego, no se deja bien guiar del  mozo de ciego, sino que por un poco que ve piensa que por cualquiera parte que ve, por allí es mejor ir, porque no ve otras mejores; y así puede errar al que le guía y ve más que él…Y así el hombre, si estriba en algún saber suyo o gustar o sentir de Dios, comoquiera que ello, aunque más sea, sea muy poco y disímil de lo que es Dios para ir por este camino, fácilmente yerra o se detiene, por no se querer quedar bien ciega en fe, que es sus verdadera guía.    Noche activa del espíritu, Libro II. capítulo IV

Más cerca de nosotros, Dietrich Bonhoeffer proclama que esa condición de orfandad y ausencia de Dios que siente el santo de Avila le es común e inseparable en la vida de todo creyente:

“Al igual que en el campo científico, también en la vida diaria de los h retroceder a Dios cada vez más lejos y más fuera  de la existencia, también aquí Dios está perdiendo terreno…

Nosotros no podemos ser honrados sin reconocer que hemos de vivir en este mundo “etsi Deus non daretur” (como si Dios no existiese). Y esto es precisamente lo que reconocemos ante Dios. Es el mismo Dios el que nos obliga a este reconocimiento. Nuestro ser, que se h hecho adulto, nos lleva  reconocer realmente nuestra situación ante Dios. El nos hace saber que hemos de vivir como seres que logran vivir sin Dios. ¡El Dios que está con nosotros es el Dios que nos a abandona! El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo de Dios es el mismo Dios ante el cual nos hallamos permanentemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios, clavado en la cruz, permite que lo expulsen del mundo, Dios es impotente y débil en el mundo y precisamente así y solo así está con nosotros y nos ayuda.

   Esta es la diferencia decisiva con respecto a todas las demás religiones. Del libro Resistencia y sumisión+ (PE/Atrio)

SN 268/16

 

 

 

 

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