Testimonio de cuando mataron al Obispo Enrique Angelelli

De Nevares

Por Anibal Sicardi (*)

Bahía Blanca

La muerte del Obispo Angelelli nos llegó como un rayo fulminante. Estaba de pastor de la Iglesia Metodista Central en Bahía Blanca. Allí nos reunimos un grupo de personas para comentar lo ocurrido. Estábamos seguros de que había sido un asesinato pero la intensidad de la noticia nos superaba.

Hubo quienes hacían notar que la información hablaba de un accidente y que la jerarquía Católica Romana aseveraba ese dato. Esa tensión se mantuvo en los dos días siguientes en más de un grupo de conversación. Al tercer día alguien dijo que deberíamos recurrir a una fuente de información más acorde que pudiera darnos luz –si es que la necesitábamos– sobre lo ocurrido. Alguien me miró y espetó –El Obispo Jaime de Nevares es a quien deberíamos consultar ¿Vos no podrías verlo y preguntarle?

A Don Jaime lo conocía bien. Yo era responsable de la Región Patagónica de la Iglesia Metodista y Neuquén estaba bajo mi jurisdicción. Con De Nevares había hablado en varias oportunidades tanto de trabajos que los metodistas teníamos entre los aborígenes y sobre lo que desarrollábamos una estrategia en común, y también otras conversaciones incluidas del panorama nacional. Don Jaime siempre fue sincero en sus conversaciones por lo que se producían fructíferos diálogos fluidos.

Es posible –dije. –¿Podrá hablar con sinceridad? El Episcopado dice que fue accidente –opinaron algunos. –Por lo que conozco si lo hará –agregué– si tiene problemas cuando le pida la entrevista especificando el motivo y no me la da es porque no puede hablar. Era el mediodía. Tomé el teléfono. Pregunté por el Obispo diciéndole quién hablaba. Me atendió enseguida. Le expliqué que en Bahía Blanca estábamos preocupados por lo que realmente había ocurrido con Angelelli y que quería consultarlo al respecto. –¿Podría conversar con Ud.? Yo me traslado hacia Neuquén. –Cuando quiera –contestó. –¿Mañana a la mañana? A las 10 estoy en mi oficina ¿Puede ser?Allí estaré –le dije.

Dejé de lado mi agenda del día siguiente y a la hora convenida estaba entrando en la oficina del Obispo. Le comenté que en Bahía Blanca estábamos convencidos de que se trataba de un asesinato pero que no podíamos dejar de lado las informaciones oficiales que se daban al respecto. – Sicardi –me dijo– en el Vaticano están seguros de que fue asesinado. Vio mi cara de asombrado…– ¿Se sorprende?Estaba seguro de que sería honesto pero la contundencia de su afirmación me descoloca.

Le pedí disculpas para hacerle la otra pregunta. –¿Si lo saben por qué no lo dicen? Pastor, Ud. sabe bien cómo son los vericuetos del Vaticano. Lo menos que puedo decirle es que si el Episcopado local lo niega ellos no dirán lo contrario. Luego amplió sobre los “vericuetos”. Los que tenemos “códigos de barrio” sabemos hasta dónde se puede presionar a alguien con preguntas inadecuadas y cuándo se debe dar lugar al silencio. Lo que había ido a buscar lo tenía y ampliado.

Luego la conversación derivó sobre las perspectivas presentes y futuras del accionar de la Dictadura Cívico-Militar. También con el compartir algunas informaciones sobre el trabajo con los aborígenes a quienes Don Jaime amaba de todo corazón.

Al regresar a Bahía y conversar con los amigos y amigas no dejaron de asombrarse sobre la sinceridad del Obispo y que yo lo pudiera compartir. Les acoté: –Sin que le preguntase, él me autorizó a decir lo que había afirmado en los grupos de mayor compromiso.

De Nevares me preguntó si lo conocía a Angelelli. Le conté que conversé con él cuando del 1961 en adelante fui pastor en Alta Córdoba y Barrio Bustos, dos barrios de la ciudad de Córdoba. Fueron pocas veces pero sustanciales. Una de ellas sobre un cura que escribía en el diario La Voz del Interior denostando a los evangélicos y contra el ecumenismo. Recordé que Angelelli me preguntó si le pedía que hiciera algo con ese cura. Le dije que no. Que simplemente era un comentario y que me ponía en la encrucijada de contestarle o no y que había optado por ignorarlo pero que me producía un nudo en el estómago. Angelelli se rió y me dijo –Hace bien. No vale la pena. Ese cura no es mal tipo. Ya cambiará. Y así fue, Cambió e hicimos algunos trabajos juntos.

Le aporté que a Angelelli lo llamábamos el “Ropero”, por su gran físico. –Ah, sí sabía eso –comentó Don Jaime agregando: –Y era un ´Ropero verdaderamente por lo físico y por sus convicciones.

El aporte del Obispo Don Jaime fue importante para ese grupo bahiense. Por un lado para tener claro lo ocurrido. Por otro para dimensionar mejor de lo que eran capaces los militares. La Dictadura Cívico-Militar había asumido a fines de marzo. Cinco meses después, luego de asesinar sacerdotes, pasaron a matar a un obispo. Señal más que clara de lo que podía ocurrir.

Tuvimos en cuenta varias frases del “Ropero”. Una de ellas la guardamos bien. Las palabras dirigidas a sus colegas del Obispado reclamando que abrieran los ojos para ver lo que ocurría. Aun hoy resuenan. Tener ojos y oídos abiertos para ver lo que realmente ocurre. No dejarse engañar. Distinguir entre los verdaderos y falsos pastores. Bogar por una dirigencia eclesial, política, sindical que aquilate las palabras de Angelelli cuando asumió en la Rioja: No vengo a ser servido sino a servir.+ (PE)

(*) Bahía Blanca, 1933. Teólogo (FET). Comunicador social. Director-fundador de Agencia de Noticias Prensa Ecuménica Ecupres. Pastor de la Iglesia Metodista Central Bahía Blanca. @anibalsicardi

Publicado en Ecupres agosto de 2014. Despacho SN 0581/14

Foto Obispo Jaime De Nevares

SN 276/16

 

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