Se acrecienta la oposición al Papa

Papa

Por Domingo Riorda

Argentina

La oposición al Papa se incrementó luego del Sínodo de la Familia realizado en octubre de 2015. Las aguas estaban agitadas antes del Sínodo y en esa magna reunión las posiciones entre los que apoyaban reformas y quienes se asentaban en la legalización quedó más evidente. La posterior exhortación papal Amoris laetitia (AL), “La alegría del amor: Sobre el amor en la familia” sirvió de excusa para que los sectores conservadores atacaran abiertamente al Papa.

Los cardenales que pasan del silencio a lo público y de lo público al silencio en la conspiración contra el Papa son gente de peso en la estructura romana vaticana. Hablamos de Angelo Sodano, Tarcisio Bertone, Marc Ouellet, George Pell, Camilo Ruini, Carlo Cafarra, Giovanni Batista Re, Angelo Scola, Elio Sgreccia, Walter Brandmüller, Antonio Rouco y los purpurados-prefectos de dicasterios, Gerhard Müller y Roberto Sarah.

No resulta desacostumbrado que estos altos dirigentes católicos-romanos reafirmen su lealtad al Santo padre públicamente y que en las sombras tejan las redes de descalificación papal. Usan sus puestos de autoridad para intimar a los subalternos y desautorizan al Papa pasando límites que algunos ya consideran abuso de poder.

Para los conservadores, la afirmación del Papa que quería “una Iglesia pobre para los pobres”, expresada en el inicio de su apostolado, pasó como una frase obligatoria de quién venía del fin del mundo. Preocupó cuando el Jefe del Vaticano la fue desarrollando en gestos y nuevas expresiones, incluida su rechazo a estar “dentro” del Palacio “real” y elegir la pensión de Santa Marta donde realiza su misa diaria e invita los trabajadores del Vaticano para que asistan.

En esa línea no fue digerible para quienes siguen al cardenal Müller que en sus viajes Francisco se juntara con la gente y que en Bolivia y México  se comprometiera con los campesinos y adoctrinara con discursos claros y fuertes contra el sistema económico imperante a nivel mundial.

Un ataque al hígado de la plutocracia fue el viaje de Francisco a Lund, Suecia, donde se recordaba 500 años de la Reforma de Martín Lutero. Müller no aguantó y declaró que “nosotros los católicos no tenemos ningún motivo para festejar el 31 de octubre de 1517” y apeló a antiguas posiciones contra la “protestantización” de la Iglesia Católica Romana. El momento elegido y las inflexiones de sus palabras dejó perplejo al gobierno de Suecia y desorientada a la Federación Luterana Mundial. El escribiente no tiene datos de la reacción del cardenal alemán cuando, posteriormente, Francisco dijo que la Reforma de Lutero fue “una medicina para la Iglesia”.

En esta breve citas de cuestiones que molestan a los conservadores debe incluirse la exhortación papal Amoris laetitia (AL), “La alegría del amor: Sobre el amor en la familia” Emitida en abril de 2016 es la consecuencia de los Sínodos celebrados en 2014 y 2015 Si bien reafirma que el matrimonio  es la unión entre un hombre y una mujer y no se aparta del doctrina católica romana, Francisco apela a los sacerdotes y agentes pastorales que acompañen  a los fieles en situación irregular (divorciados) para que incorporen el sentir de que son parte de la Iglesia cuya fe profesan. Este ejercicio de la “misericordia” es insoportable para los opositores aferrados a la legislación.

Era de cajón que en la orquestada campaña esa camarilla comenzara a llamar a Francisco como “el Papa argentino” Desde su posición de que Europa es el ombligo del mundo ese término, “argentino”, tiene efecto despectivo. Resulta interesante que ese ejercicio lingüístico también sea utilizado en Argentina, sin mencionar, por quienes desprecian lo argentino y silencian al Papa desde que se desayunaron que no será Jefe de la oposición actual.

Las líneas de acción mencionadas -y otras similares- son vitales en la propuesta papal. Toca en lo más sensible de quienes fabrican el desprestigio del “Papa argentino”. Ese lugar íntimo donde se esconde la otra cuestión capital que es la Reforma de la Estructura Vaticana. Allí se atrinchera los que Francisco describió como los “Calculan, sopesan, no arriesgan nada por miedo a perderse”.

Agregó que “¡Son los más infelices!” Es lo que no aceptan esa palabra papal de que “Tengo la impresión de que Jesús estuvo encerrado en la Iglesia y golpea a la puerta porque quiere salir”. +(PE)

SN 305/16

 

 

 

 

 

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