Persecución del 55

Quino I

Por Aníbal Sicardi

Bahía Blanca

La dictadura cívico-militar que el 16 de setiembre de 1955 destituyó al presidente constitucional Juan Domingo Perón se autodenominó Revolución Libertadora.

Los que estuvimos en el bombardeo a Plaza de Mayo -16 de junio del 55-  aún no nos habíamos repuesto del implacable ataque a la población que demandó 34 aviones militares arrojando toneladas de bombas sobre la Plaza matando 364 personas y 800 heridas, cuando el 16 de setiembre reaparecieron los bombardeos a distintas localidades y se destruyeron puentes, carreteras y otras obras públicas.

Con la designación de presidente asumió al poder el General Eduardo Lonardi quien proclamó el lema “Ni vencedores ni vencidos” Pocas semanas después, el 23 de noviembre, fue destituido. Se designa nuevo presidente al general Pedro Eugenio Aramburu quien ignora el lema “Ni vencedores ni vencidos”. Mantiene la clausura del Congreso Nacional y la deposición de la Corte Suprema. Agrega la derogación de la vigente Constitución de 1948, que incluía los derechos laborales y sociales de la población. Repone la Constitución de 1853 e inicia directamente la persecución hacia el peronismo con el objetivo declarado de impedir que vuelva al poder.

Por decreto transforma en delito usar el Escudo Peronista y pronunciar el nombre del anterior líder, Perón, y el de su esposa, Evita También clasificó como delito cantar la Marcha Peronista que, como protesta, comenzó a entonarse en escenarios públicos, como pude comprobarlo en dos encuentros de fútbol en la Bombonera. Los que quebraban esas prohibiciones tenían penas de hasta seis años de prisión.

La CGT (Confederación General del Trabajo) declaró la huelga general por tres días, 15, 16 y 17 de noviembre. Preventivamente la supuesta Revolución Libertadora puso preso a más de 9.000 sindicalistas. A pesar de ello el paro tuvo la adhesión de zonas obreras como Avellaneda, Berisso y Rosario, pero la huelga se levantó después del primer día. El gobierno de Aramburu avanzó e intervino la CGT y buena cantidad de sindicatos.

La persecución a los que apoyaban el gobierno de Perón se amplió disolviendo el Partido Peronista y la inhabilitación política para sus dirigentes más destacados. Lógico en estos regímenes, se informa sobre una investigación de presuntas corrupciones dándose amplísima cobertura por los medios de comunicación.

Hubo situaciones extremas en el exterior. Una de ellas en Venezuela para eliminar a Juan Domingo Perón. Fue descubierta el 25 de mayo de 1957 comprobándose que funcionarios del gobierno argentino estaban involucrados en el atentado. El gobierno de Venezuela expulsó al embajador de Argentina.

Un hecho que demostró aún más las intenciones de la autodenominada revolución fue lo ocurrido el 9 de junio de 1956. En esa oportunidad hubo un levantamiento cívico-militar contra el gobierno de Aramburu. Lo lideraba el general Juan José Valle apoyado por el general Raúl Tanco y algunos sindicalistas, entre otros.

Abortado rápidamente -se dice que el movimiento estaba infiltrado y que el gobierno esperaba el levantamiento- tuvo cierto éxito en Santa Rosa, La Pampa, La decisión gubernamental fue fusilar 32 civiles y militares, implantando un hecho sin antecedentes en Argentina. El escritor Rodolfo Walsh reveló dramáticamente estos hechos en su libro Operación Masacre editado en 1957.

Entre las graves irregularidades utilizadas como fundamento para estos fusilamientos clandestinos, estuvo la ruptura de elementales normas diplomáticas al irrumpir en la Embajada de Haití un grupo comando, para secuestrar insurrectos refugiados en ese lugar. Si bien el gobierno de facto respondió a la protesta del Embajador de Haití devolviendo algunos de los insurrectos, como el general Raúl Tanco, no deja dudas la impunidad que tenían los comandos que funcionaban en las grandes ciudades.

Previendo su fusilamiento el general Valle le escribió una carta al general Aramburu. Le reclamó por la dura decisión que tomó y justifica el levantamiento en la defensa de un pueblo al que se le estaba “imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica”. Pide que “Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo” Esa interpretación de Valle se encuentra, sin que sea paradójico, en actores directos de la Libertadora que pasó a llamarse Revolución Fusiladora.

En sus Memorias, el marino Isaac Rojas, vicepresidente entonces, justifica los fusilamientos diciendo que eran necesarios para “salvaguardar los logros de la Revolución Libertadora”. En 1997 el contralmirante Jorge Perren, ex jefe de la Esma, afirmó que era necesario dar un “escarmiento ejemplar al peronismo”.

Ilustrativo es el golpe de Estado de 1966. El impuesto nuevo presidente, general Juan Carlos Onganía, centra el aparato represivo en las universidades y la cultura. Estaban convencidos que en la década del 60 era el sector que debía desintegrar. La llamaron la “Revolución Argentina”

Ahicito no más, a unos años, el 22 de marzo de 1972, el general Alejandro A Lanusse toma el poder del gobierno. En agosto de ese año, el día 22, fusila 16 presos políticos en Trelew. Los fusilados provenían de varias extracciones partidarias.

En 1976 la Dictadura Cívico Militar amplia el espectro de la persecución sobre casi todos los sectores de la sociedad. Se implanta un régimen de terror con miles de muertos y desaparecidos. Abundaron proclamas en defensa de la moral y las instituciones. Se adjudicaron ser los líderes de la “Reorganización Nacional”

En diciembre 2015 asume el PRO con el eufemismo de Cambiemos. No hay un lema central, aunque se abunda en hablar de la reconciliación, suprimir la grieta, trabajar juntos. No están los militares como en el 55,66, 72 y 76, pero la metodología es la misma. La persecución se da sobre el “kirchnerismo” con el objetivo “de que no vuelva al poder”. Al mismo tiempo se implanta los lineamientos para la represión y la persecución a otros sectores cuando llegue el momento.

Sintomático. La población vuelve a ser el centro de los ataques. Se les dice -con total desparpajo- que el real modelo social es donde la mayoría de la población no tiene derecho al disfrute de la vida Tampoco a participar de las decisiones sobre asuntos del país en el cual viven

Tremendo el escarnio de poderosos que predican valores morales para implementar persecución, destrucción y muerte. No son torpes. Tampoco principiantes. Nunca democráticos. La sentencia de Jesús calificando de “Hipócritas” a los líderes político-religiosos de su tiempo les queda chica.

No hay que equivocarse. La mirada no debe ser dirigida sobre lo que quieren vendernos, adalides restauradores de la moral y las instituciones. La vista debe estar fija en su metodología, su odio hacia la población.

Hoy persiguen a algunos. Mañana a todos. Bertolt Brecht actualizado. + (PE)

Anibal Sicardi es pastor (j) en la Iglesia Metodista Central de Bahía Blanca

. SN 318/16

 

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