Teología y Revolución en el Caribe

 

 

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Por Francisco Concepción

Puerto Rico

El Seminario Teológico de Princeton celebró la Novena Conferencia Anual “Herencia” con el tema “Una mirada al pasado y presente de la teología cubana protestante”. En la misma nuestro Luis Rivera Pagán tuvo la oportunidad de reflexionar sobre la obra de Sergio Arce Martínez, teólogo cubano formado en el Seminario Evangélico de Puerto Rico y en el Seminario Teológico de Princeton. Un teólogo puertorriqueño hablando sobre un teólogo cubano en Princeton es una oportunidad que no se puede dejar pasar. Pero escuchar a Luis Rivera Pagán reflexionando sobre la obra de Sergio Arce es un evento en todo el sentido de la palabra.

La reflexión de Luis Rivera Pagán giró en torno a los temas principales de la producción teológica de Sergio Arce. En primer lugar el teólogo presbiteriano tiene que ser identificado con la revolución cubana. Contrario a la convicción generalizada, de que los pastores y religiosos fueron perseguidos y exterminados en Cuba luego de la Revolución, la realidad es que Sergio Arce no sólo regresó a Cuba sino que se involucró profundamente con el proceso revolucionario. Mientras que en Cuba Sergio Arce traducía la experiencia revolucionaria al lenguaje de la fe; en Puerto Rico, pocos años después, Luis Rivera Pagán estaría traduciendo la experiencia de la liberación anticolonial al lenguaje de la fe en su teología. Así Sergio Arce es definido, por medio de su obra, como un cristiano que se inserta en la revolución o como un revolucionario que redescubre la dimensión social del evangelio.

Los inicios de la conversación entre Sergio Arce y Luis Rivera Pagán se dan en el contexto de la Conferencia Cristiana por la Paz de la década de los setenta. Esta Conferencia respondía a la alarma global que se experimentaba en ese momento relacionada con el posible uso de armas nucleares como respuesta a la Guerra Fría. Así que esa conversación se contextualizó en los papeles asignados a Cuba y Puerto Rico en medio de la Guerra Fría. Mientras que Cuba era el modelo socialista de una revolución nacionalista humanista caribeña, Puerto Rico sería presentado como el modelo, la vitrina, del desarrollo capitalista y hoy neoliberal. Ese choque, impuesto y no asumido por ambas naciones, fue retado por las coincidencias de las reflexiones teológicas de ambos autores en sus patrias. Mientras que Sergio Arce se comprometería con la revolución cubana, no de palabra sino de acción concreta; Luis Rivera Pagán se comprometía con el proceso de liberación de Puerto Rico. Desde esa perspectiva es interesante escuchar a Rivera Pagán reflexionar sobre la obra de Sergio Arce ya que se trata de una recuperación de un diálogo que comenzó hace más de cuarenta años y que ha seguido ininterrumpido desde su encuentro en Praga.

El contexto de la obra de Sergio Arce, dice Rivera Pagán, es la Guerra Fría y la amenaza nuclear. Ambos contextos reflejados, también, en el primer libro de Rivera Pagán titulado “A la Sombra del Armagedón”. Según Rivera Pagán, esto explica las razones por las cuales Arce Martínez era un líder de la Conferencia Cristiana por la Paz, así como Rivera Pagán, en el 1968, sería miembro de la mesa presidencial de dicho movimiento. Por otro lado, si bien es la Guerra Fría el contexto de la obra de Arce Martínez también las luchas de liberación serían parte del telón de fondo de su producción teológica. De este modo Sergio Arce Martínez se insertó en los procesos revolucionarios de la época. Esas luchas de liberación, incluyendo la Revolución Cubana, serían también, la inspiración de los movimientos de Poder Negro dentro de los Estados Unidos.

Ya en el 1977 Luis Rivera Pagán había tenido la oportunidad de reaccionar a la teología de Sergio Arce cuando ambos participaron del Encuentro de Teologías celebrado en la Comunidad Teológica de México. La teología de Sergio Arce, comenzada en la década de los sesenta como respuesta al reto revolucionario, no desde una perspectiva conservadora y en contra de la revolución sino desde una perspectiva liberadora, encontró un eco profundamente radical en la teología de Luis Rivera Pagán quien se convirtió, aunque no oficialmente, en el interlocutor más importante de Sergio Arce Martínez. Mientras que la Revolución Cubana servía de contexto para que Arce Martínez pusiera en práctica el proceso de inculturación del evangelio así el colonialismo puertorriqueño se convirtió en el contexto de la producción teológica de Luis Rivera Pagán.

Porque la teología tiene que responder a la realidad humana, afirma Rivera Pagán, la teología de Sergio Arce es siempre contextual, provisional y contingente. Eso quiere decir que en cada momento se reinventa en función de la realidad que enfrenta en lugar de tratar de traducirse en declaraciones absolutas y definitivas. Ese carácter provisional de la Teología de Arce Martínez es lo que le convierte en un referente fundamental a la hora de comprender la historia política del Caribe. Esa es mi propuesta en esta reflexión. Así como la política siempre es contingente la teología también. Así como la política intenta comprender el momento específico en el que se articula, la teología pretende dar respuestas a ese mismo momento y por ello es contingente.

Desde esa perspectiva propongo leer la teología como una forma de discurso, narrativa, construcción o articulación política. El carácter provisional del que habla Rivera Pagán, al referirse a la reflexión teológica de Sergio Arce, es el carácter fundamental del rol de la política como intento por comprender la realidad y de transformarla. Es por ello que esa Teología es Revolucionaria, así con “R” mayúscula en el Caribe, y anti-colonial en Puerto Rico. Esa misma realidad es la que convierte la conferencia de Luis Rivera Pagán en una ocasión tan poscolonial. Esa palabra que reflexiona, en medio de un exilio que no se quiere entender como tal, sobre la palabra de Sergio Arce, que es verbo revolucionario, en medio del carácter colonial de la condición de Rivera Pagán como sujeto de un imperio y teólogo de una colonia es el momento, o el evento, poscolonial por excelencia.

La teología de Sergio Arce, entendida como teología provisional y contingente, tiene que proveer visiones, metáforas y modelos provisionales y contextuales del Reino de Dios. Boris Gujevic, teólogo croata, describe en su libro “God in Pain”, publicado junto a Slavoj Zizek, cómo Lenin en 1921 ve un letrero de los trabajadores del transporte que leía “El reino de los trabajadores y los campesinos durará para siempre”. Cuando Lenin vio el letrero, dice Guvejic, se centró en el tema de las clases y criticó que los trabajadores separaran a los trabajadores de los campesinos en dicho letrero. Para Guvejic no es el tema de las clases el que debió ser central para Lenin si no el tema del reino y su eternidad. Dice Guvejic que el verdadero significado del letrero era proclamar la virtud de la revolución, de hecho el autor afirma que cualquier revolución sin virtud está condenada al fracaso. Este incidente tiene otra posible lectura. La reactualización teológica de la fe de los trabajadores que convierten su experiencia revolucionaria en un referente religioso.

Mientras que la experiencia revolucionaria, dice Guvejic, debe estar montada sobre la virtud, es decir una experiencia trascendental que le provea un referente de eternidad, la teología de Sergio Arce, según comentada por Rivera Pagán, debe ser provisional, como el letrero de los trabajadores. Es la experiencia de estar en un momento histórico determinado la que marca la identidad de la reflexión teológica. Esa reflexión, nos dice Rivera Pagán, comentando la obra de Sergio Arce, tiene que proveer metáforas efectivas del Reino de Dios, así como los trabajadores en 1921 habían traducido su experiencia revolucionaria en un lenguaje teológico como un intento de comprender, desde su perspectiva, la experiencia revolucionaria.

Así que la teología en el Caribe es política, y la política teología. Esa posibilidad está dada por la misma experiencia del teólogo en su contexto. Si la teología tiene que ser contextual y provisional, la misma tiene que estar contextualizada en la experiencia política, del día a día, del pueblo donde se produce la misma. Esa producción tiene que ser política porque es la única manera de proveer metáforas sobre el Reino de Dios que sean efectivas, por un lado, y provisionales por el otro. Sergio Arce Martínez y Luis Rivera Pagán, nos recuerdan que en el Caribe la teología o es revolucionaria o no es. + (PE/El post Antillano)

Publicado en el Post Antillano, Puerto Rico, el 17 de setiembre de 2016

Foto Sergio Arce

SN 353/16

 

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