Estados Unidos despeinado

donald_trump

Por Anibal Sicardi

Bahía Blanca

El viento de la historia despeinó a Estados Unidos.  Entronizó a Donald  Trump quien se hizo despeinar en un programa televisivo para demostrar que no usaba peluca.

Ese fue el estilo de sus discursos. Despotricado por lo que se consideraban exabruptos Trump colocó su cuerpo tal como es sin escaparse de repetir que es muy rico y que venía a rescatar el Estados Unidos “profundo” que revivía su oposición al establishment.

Es cierto que su andarivel fue el de las emociones, insultos y alimentar el odio del racismo, la xenofobia y el patriarcado. Un camino que se califica como de corto alance pero que es el que está optando una gran parte del mundo occidental.

Desde la visión ideológica ese estilo discursivo se lo instala como el giro hacia la derecha, pero hay que releer ese sistema de análisis que generalmente proviene de la intelectualidad a la que, justamente, ese Estado Unidos “profundo” rechaza.

Significativo es lo que refriegan los analistas. Para ellos Hillary Clinton tenía el buen equipo, gente que sabe lo que ocurre en el mundo político, mientras que a Trump no se le conoce sus colaboradores por lo que plantean el interrogante sobre quien lo acompañaría en el gobierno.

Esa futurología tiene el punto de partida de que hay que repetir lo que se viene haciendo. Hillary era la que tenía la gente adecuada mientras que Trump carecía de ese stock.

Sin embargo, desde el inicio de su postulación, el candidato republicano rompió con los esquemas de su partido, se hizo elegir candidato, aunque no gustaba, y ahora logró obtener los electores necesarios para ser el nuevo presidente de EE.UU.

Esto alerta de que puede tener otra forma de gobernar y poner en práctica lo que muchos y muchas estadounidenses esperan, el aislamiento del país, mejorar las condiciones internas y obtener una nueva supremacía internacional que sería distinta a la que se practicó hasta ahora.

Hillary tenía el apoyo de Wall Street, corporaciones económicas poderosas, la industria armamentista, el aparato mediático, sectores básicos que Trump rechazó interpretando el cansancio de buena parte de la población con un sistema que (para ellos y ellas), no da para más.  Una sentida vivencia fue que los dirigentes gubernamentales dejaban de lado a quienes no alcanzaban el nivel universitario y debían trabajar con su cuerpo tanto en la ciudad como en las zonas rurales.

No hay que idealizar el público votante de Trump Entre los importantes partidarios del neoyorquino nacido en junio de 1946, se encuentran -muy  activos- los amantes de la armas como herramienta para solucionar (y producir) conflictos, varones que adoran la atávica costumbre de maltratar a la mujer pero también están  los que viven y trabajan en la zona rural sufrientes de los vaivenes de la economía financiera, que se sienten amenazados por la modernidad, atacados por la globalización que no entienden ni pueden controlar y por las poblaciones de las  grandes ciudades de las costas que manejan el país.

No hay que engañarse que el ataque a la política y políticos sea parte de la campaña de desmerecerlos. Si bien ese factor está presente habría que indagar hasta donde Trump lo usó para fortalecer la oposición hacia los “profesionales” y “técnicos especializados” que dejan de lado la población que no se encuentra en esa área de iluminados.  Algo así como los incluidos y excluidos en un sistema que privilegia a los “que saben” en contra de los “ignorantes”.

En ese animarse ver lo que hay de nuevo o de viejo escondido, no puede dejarse de lado que Trump apeló a las emociones y sentimientos con el objetivo de alimentar el “revival” de las iglesias evangélicas -también conocidas como “evangelicales”- que promueven la vuelta a los valores de otros tiempos y se oponen al aborto, al matrimonio igualitario, aceptan la virilidad del “macho” -bien interpretada por Trump- y son dirigidas por pastores que gustan del poder y de la apetencia económica.

Desde la intelectualidad se seguirá repitiendo que la campaña del inmensamente rico tiene poco de profesional, mucha carga de ataques, cantidad de supuestos errores. Algunos se pondrán a rescribir manuales de política eleccionaria.

Dudo de esos avances críticos pero sin dejarlo de lado nada será entendible si no se acepta que detrás de esta elección hay una historia escondida de esclavitud, soportamiento de los descendientes de esclavos, machismo, prepotencia, cultura armamentista, la prisión como herramienta del odio racial y diferenciación de clases sociales, atropello internacional.

Todo ello y algunas cosas más dirigido por la intelectualidad que pueden hablar si pasaron por la moledora mental y emocional de la universidad y la impronta de la hipocresía del buen vestir.

Hoy, 9 de octubre, Estados Unidos amaneció despeinado. Dudo que se animen sacarse los abrigos. + (PE)

SN 418/16

 

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