La pastoral del PRO

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Por Aníbal Sicardi

Bahía Blanca

En tiempos donde las situaciones  se presentan mezcladas, sin poder  clarificar si se plantea jugar al truco o el póker, y se sospecha que la propuesta sea el ajedrez utilizando alfiles y caballos que atacan al rey del subconsciente colectivo, parecerá fuera de lugar indagar sobre el elemento religioso que subsiste a través de los siglos. Sin embargo, es pertinente expresarlo y tenerlo en cuenta.

En ese interrogante es que surge la posibilidad de examinar la pastoral (término religioso cien por cien) que se encuentra en el PRO sin olvidar que se busca instalarlo como el partido de derecha del presente siglo.

Lo que piensa el PRO sobre la población se facilita porque no se trata de sospechas, sino lo que el PRO habla por sí mismo. Sus declaraciones son específicas.

Hay un sector mayoritario sobre el cual el PRO sostiene que no le corresponde recibir beneficios que son habituales en la época actual. No les pertenece utilizar el aire acondicionado, luz, agua, gas ni vivienda ni educación.

Tampoco la alimentación que es esencial para la salud. Menos aún, salarios adecuados.

Además de expresarlo en palabras los pone en práctica aduciendo la “herencia pesada” del gobierno anterior. Una interpretación por medio de la cual busca justificarse, pero no esconde su posición acerca a la mayoría de la población.

Sobre ese sector descarga adjetivos ejemplificadores. Son   la lacra, resaca, ñoquis, haraganes, entorpecedores del futuro.

En su pastoral el PRO sostiene que los que se salvan  son los que tienen poder económico. Respeta la tradición señalando como salvadores a los   provenientes de sectores que poseen historia en el país. Son los que saben. Obvian que los llamados populares también tienen un largo y heroico historial en el país que los acreditan estar  en la discusión y en el hacer gubernamental.

Ese enfoque tiene un antiguo fundamento religioso. La creencia de que Dios beneficia a unos y castiga a otros.

La lectura de los evangelios no deja lugar a dudas de la existencia de esa creencia. Los discípulos de Jesús frente a un ciego preguntan si es por consecuencia de su conducta o por la herencia de transgresores familiares. Son culpables y merecedores del castigo divino. El sorprendente Jesús tiene una contestación lateral. Sostiene que son  puestos para mostrar la gloria de Dios y los sana.

Esa posición religiosa tuvo un brillante antecedente literario que fue el libro de Job, unos 500 años AC. En esa gran parábola se ejemplifica el asunto de que si Job está en las condiciones que se encuentra es porque algo hizo. Sus amigos, esos amigos que es mejor perderlos que encontrarlo, se esfuerzan en demostrarlo. Finalmente, el autor rechaza esas argumentaciones.

El PRO se fundamenta en esa herencia religiosa. Hay gente que tiene dinero porque son favorecidos y gente que no lo tiene y padece necesidades porque son castigados. Opositores políticos, también religiosos, blanden la cuestión ideológica y de clase social. No se desecha esa instancia, pero en el fondo la cuestión es religiosa.

Otras medidas avalan esa posición. Los responsables del gobierno son los CEOs. Aquellos que tienen poder económico. Se los  promocionan como los que saben, los capacitados para el gobierno del país. Los sectores populares desparecen del ejercicio del poder. No están en él ni son llamados para analizar otras opciones. Claramente no se puede gobernar con los castigados, los pecadores. No pertenecen al mundo que Dios creó.

Colocar a Dios en esa afirmación es un equívoco dado que cambió quien es el Dios de ellos. Como otros y otras señalaron bien, en la zona de los defensores del mercado, donde está el PRO, el Dios es el dinero. El Papa, en su discurso a los Movimientos Populares, avanzó en el adjetivo. Nada sutil lo calificó como “una tiranía” “La tiranía del dinero” dijo.

Como la cuestión religiosa está desplazada en el pensamiento de la intelectualidad las menciones son apuntando al neoliberalismo y el capitalismo. No se huye de tales comentarios, pero si debe rescatarse el factor religioso que sigue prendido al ser humano a través de los tiempos.

Jesús Martínez Gordo, Doctor en teología. Profesor en la Facultad de Teología de Vitoria en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de San Sebastián, España, encara el tema del escondite eclesiástico en su artículo Cenizas y refugiados, publicado en Atrio el 7 de noviembre reciente. También en Iglesia Viva.

Se ocupa del escondite eclesiástico al desarrollar el tema de las cenizas de los muertos. Tiene disquisiciones sobre el particular, pero se pregunta porque la Congregación para la doctrina de la fe se preocupa sobre ese punto y nada dice de los refugiados

El autor expresa que “Hay otro asunto (mejor dicho, otro drama) que me llama mucho más la atención:  que dicha Congregación no se haya pronunciado aún acerca del enfrentamiento existente en la Iglesia europea sobre cómo afrontar las políticas que buscan evitar las muertes de los migrantes y de los refugiados que llaman a nuestras puertas”

Martínez Gordo es crítico sobre la posición de la iglesia europea ante “esta tragedia” Es decir, la Congregación se ocupa de un tema bastante abstracto, pero nada dice de lo que ocurre a su alrededor. Recordamos aquello de la discusión sobre el sexo de los ángeles cuando “los bárbaros” estaban a la puerta de Roma.

La pastoral del PRO rescata al antiguo pensamiento religioso del Dios que favorece a ricos y sanciona a pobres que, desgraciadamente, siguió presente en la iglesia cristiana. Hoy, cuando las iglesias nada dicen sobre el presente y futuro del país se insertan en esa teología.

Las iglesias esconden esta discusión. No se animan enfrentar lo que ocurre y se disfrazan de otra cosa.

En un artículo sobre Catolicismo y política en Puerto Rico: dos libros fundamentales -de Samuel  Silva Godoy Soldado católico en guerra de religión y La Iglesia Católica en Puerto Rico en el proceso político de americanización, 1898-1930– Luis N Pagán, de Puerto Rico, cita a su coetáneo  Antonio S. Pedreira quien, en Insularismo (1934), dijo “Nuestra generación, cogida entre dos fuegos, se ha venido alimentando pasivamente de recuerdos y promesas, de nostalgias y presentimientos, de logros y esperanzas, sin poder despejar la incógnita de su presente”.
Las iglesias hoy también están en esa encrucijada “sin poder despejar la incógnita de su presente”, pero ello no las justifica de eludir su misión de clarificar el evangelio.

Se autocensuran. Tienen miedo de equivocarse o ser mal interpretadas. Posibilidades posibles.

Lo que parece no tener en cuenta es que huir como Jonás es negar la responsabilidad evangélica con la consecuencia de que ser tragadas por la ballena del mercado. + (PE)

Foto. Cita de Jacques Maritain, filósofo católico francés. 1882-1973

SN 425/16

 

 

 

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