La crisis de hace 15 años

picasso

Por Anibal Sicardi

Bahia Blanca

Las pantallas de la televisión no alcanzaban para reproducir lo que acontecía aquel 19 diciembre de 2001 Sustantivos, verbos, adjetivos eran requeridos por los comentaristas radiales en el intento descriptivo de la explosión social que llevo a la población desde los cacerolazos a los saqueos. Fue una incontenible ola de protesta, frustración y repudio a las políticas estatales de desquicio que ahora se depositaban en el gobierno de Fernando de la Rúa.

Las protestas levantan múltiples lemas. Luego de quince años de aquel baño de sentimientos, desconciertos y riesgos aparece con fuerza aquel grito de «¡Chorros chorros chorros, devuelvan los ahorros!» que tenia que ver con el asunto del corralito pero que, justamente, apuntaban  a Domingo Cavallo artífice casi permanente de estos robos a la población. Como ocurrirá en la crisis internacional del 2007/2008 los bancos estaban en el centro de la cuestión. En términos más vernáculos, la cuestión de la “guita”

En esa época vivía en la Capital Federal. Uriburu al 2000, Por su cercanía decíamos que era Congreso, pero en realidad era y es Once. En esos días la vecina de clase media que aspiraba ser de clase media alta, que no iba más allá de la vereda, salió con su querida cacerola y su pulida espumadera a manifestar en Plaza Congreso.

Me declaré impotente para captar el significado de ese movimiento corporal por lo que, para no olvidarme, lo anoté en varios lugares. Ahora lo rescato en una de mis anotaciones con la acotación ¿Cómo se relaciona con los que salían de los supermercados con sus televisores, paquetes de harina, yerba, juguetes y otros elementos? Si estos eran saqueos resulta evidente que la vecina de clase medio con su cacerola y espumadera clamaba por el saqueo de su cuenta bancaria.

Defendamos lo indefendible. De la Rúa no tenía “calle” (rúa)  ni cintura de barrio ni ningún otro elemento para anclar ese barco que andaba a la deriva en el océano del robo de las clases dominantes. En aquel instante aparecía en su desnuda realidad.

Luego de varios pasos semi-institucionales  el 1 de enero de 2002 asume la presidencia interina el exgobernador y senador bonaerense Eduardo Duhalde, del Partido Justicialista, que había perdido las elecciones de 1999.

De cajón, lo primero que dijo fue que “el que depositó dólares, recibirá dólares”, en la misma moneda en que éstos habían sido efectuados, creyendo que así garantizaba la paz social, esperanza imposible pero que acierta en el problema principal: el asunto de la guita.

En su discurso de asunción Duhalde sintetizaba la situación socio-económica de la siguiente forma:

“No es momento, creo, de echar culpas. Es momento de decir la verdad. La Argentina está quebrada. La Argentina está fundida. Este modelo en su agonía arrasó con todo. La propia esencia de este modelo perverso terminó con la convertibilidad, arrojó a la indigencia a 2 millones de compatriotas, destruyó a la clase media argentina, quebró a nuestras industrias, pulverizó el trabajo de los argentinos. Hoy, la producción y el comercio están, como ustedes saben, parados; la cadena de pagos está rota y no hay circulante que sea capaz de poner en marcha la economía”

Leído a 15 años resulta aleccionador. Duhalde apunta al centro de la cuestión. No frena a los medios que gustan de los saqueos y el “horrible” accionar de sectores desfavorecidos, o mejor expresados, de la población  desquiciada.

Imágenes mediáticas que se repetirán para insistir que la culpa es  la carencia de comportamiento decente de la población y no del afano de los sectores económicos. Imágenes que esconden el problema real, la distribución de la riqueza o en el término escogido “la guita” o en el otro simbólicamente fuerte “la pasta”

La importancia de lo ocurrido en Argentina tiene ribetes regionales. En Uruguay miles de argentinos tenían depositadas importantes cifras monetarias en cuentas del sistema bancario uruguayo, Dadas las necesidades de disponer de su dinero se realizaron masivos retiros. Para Uruguay fue “la corrida bancaria más larga de la historia”. El Banco Central del Uruguay no cesó de inyectar dinero a los bancos en problemas, hasta que las reservas de Uruguay casi se agotaron. Esto, sumado a otras circunstancias produjo la crisis bancaria de 2002 en Uruguay.

En la vida política-social de Argentina se produjeron impactos como el surgimiento de asambleas barriales de democracia directa; empresas recuperadas; economía asociativa y experiencias de autogobierno.

Así también otros movimientos o idearios más difusos han visto en estos hechos la evidencia de un nuevo orden social y económico. En esas situaciones toma cabida como profético el disco Libertinaje, que en 1998 dio a conocer Bersuit Vergarabat En esa edición de critica a la gestión del gobierno de Menem se encuentra el tema Se viene que anuncia un inminente estallido social. Tres años después es 2001.

Un amigo radicado en Suiza me comentaba -hace años- que debió quedarse allí por cuestiones familiares. Económicamente estaba bien y tenía los beneficios de un país como ese. De todas formas, extrañaba Argentina, decía “Aquí sabes lo que va a ocurrir hoy, mañana y dentro de meses. Añoro Argentina donde cada mañana tenés que preguntarte ‘Y hoy ¿Qué? ´ nada se iguala a esa aventura”

Ese interrogante y otros sucedáneos rondaba en la ciudadanía ante el llamado a elecciones para 2003. No había nada de nada excepto lo que no se veía. El entorno del poder de siempre solo tenía a Menem cuando aparece Néstor Kirchner. Ricardo Foster describe esa figura como  “anómala y desconocida para la mayor parte de la sociedad, de un hombre alto y desgarbado, gracioso e informal, extrañamente memorioso de lo que muchos ya querían archivar y olvidar, venido del sur patagónico”

Me subyuga la expresión que Forster explica como que “una anomalía no supone, como algunos creen, desconocer las fuerzas, muchas veces ocultas o subterráneas, de la historia ni caer en una suerte de providencialismo. Significa algo más sencillo pero no por eso menos enigmático: reconocer los momentos de ruptura o de inflexión que desplazan las fuerzas inerciales y dominantes en esa historia que aparecía como repetitiva e inexpugnable, para asumir que algo distinto, quizás imprevisto y no escrito en ninguna causalidad ni en ninguna garantía histórica, se hace presente y hace saltar los goznes de esas continuidades asfixiantes que, la mayoría de las veces, suelen ser la expresión de un discurso del fin de la historia y de la muerte de las ideologías que, claro, terminan por afirmar el modelo de la dominación proyectándolo hacia una eternidad inexorable”

Y eso es lo que ocurrió. Mal que le pese a quienes no pueden digerir “esa figura”, incluidos e incluidas la militancia de su propio palo justicialista.  Al interrogante de mi amigo “Y hoy ¿Qué? ” la respuesta es el que vino del sur sur.

En la anómala historia argentina surge un personaje que no se adecua a las “fuerzas inerciales”, hace saltar los goznes de la continuidad asfixiante y brinda el panorama de una historia abierta al compromiso humano. Y esto es lo que se ofrece Para evaluarlo no hace falta una chapa identificadora partidista sino la responsabilidad -y placer – de examinar la historia a partir de sus continuas y creativas anomalías.

El viento de la historia, que sopla desde donde se le canta, levanta otras figuras como Chávez, Lula, Evo, Correa, -también poco digerible-, “anomalías” que se insertan en la historia latinoamericana de la liberación.

Un movimiento imparable. Circunstancias como las actuales son solo apariciones donde surge la apasionante frase “que la lucha que se pierde es la que se abandona”.  (PE)

Imágen Pablo Picasso Mujer con los brazos levantados

SN 468/16

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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