Marcha contundente, clase docente

 

marcha II

Por Anibal Sicardi

Bahía Blanca

El inicio del ciclo lectivo estaba dictaminado para el lunes 6 de marzo.  Las docentes y los docentes decidieron reclamar por el cumplimiento de la ley con manifestaciones públicas en diversas ciudades del país.  La de mayor envergadura fue la de la ciudad de Buenos Aires.  Su visibilación significó una clase pública cuya aula fue todo el país.

Veinte cuadras de solida convicción docente sorprendieron a la ciudadanía, incluidos sus organizadores.

Expresiones como asombrados, emocionados, surgieron aquí y allá, indicativas de que se vivía una instancia clave que se insertaba en los mejores momentos de la historia de nuestro país en la defensa de la educación contra quienes quieren desmontarla e impedir que ella alcance a nuestros niños y niñas.

El gesto docente se introduce en la excelencia de enseñar a la niñez que sus maestras y maestros colocan el cuerpo y arriesgan sus vidas en beneficio de la cimentación de seres humanos que tienen el derecho de vivir en la libertad y en el conocimiento de sus propias existencias desarrollando la plenitud de la vida al pelear por aquello que decía el gran Martin Luther King de que “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”

Por otra parte, ese andar de las docentes y docentes desnudó la realidad de un gobierno nacional, y de algunos provinciales, que eligen el camino de la mentira y el cinismo, cubierto hoy con el eufemismo de la “posverdad”.

Resultó paradigmático el desconcierto del diario La Nación. Por horas no supo que información comentar en su metódica renovación de “noticias de último momento” Intentó rescatar la cínica tontería del responsable del Poder Ejecutivo de viajar a los Volcanes, Jujuy, para “iniciar” el ciclo educativo que pronto fue levantada pues resultó inservible hasta para sus propios lectores. Finalmente editó una aguada nota sobre la marcha, tan imbebible que también desapareció con rapidez.

La vida tiene esas cosas no previsibles.

Una marcha que se esperaba como una más, repetitiva de otras, se presenta como un hito, una señal, que se clava en la interioridad humana rescatando la esperanza que ofrece una nueva visión de ver el presente y el pasado. Ofrece la perspectiva de un nuevo lenguaje de palabras y actos para hoy y de lectura del pasado que, entre otras dimensiones, nos certifica la certeza de nuestras decisiones al participar en la lucha por la educación en década pasadas y casi olvidadas.

La dignísima clase de los docentes del lunes 6 certifica que  “la única batalla perdida es la que se abandona” + (PE)

SN 067/17

 

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