¿Qué pecado cometieron los sodomitas?

Sodoma 4
Por Ariel Alvarez Valdés
Santiago del Estero.

Uno de los castigos más espantosos contados en la Biblia es el que sufrió la ciudad de Sodoma. Dios hizo bajar del cielo fuego y azufre, y en cuestión de minutos acabó con todos sus habitantes. Desde entonces, el nombre de Sodoma quedó como símbolo de inmoralidad y perversión.

Pero ¿qué pecado habían cometido aquellos hombres para merecer semejante condena? Suele decirse que fue el de la homosexualidad. Incluso existe en las lenguas modernas una serie de palabras, como sodomía (homosexualidad); sodomita (homosexual); sodomizar (practicar la homosexualidad), derivadas del nombre de la ciudad. Sin embargo, si analizamos el relato bíblico, vemos que se trata de una interpretación equivocada. ¿Cuál fue en realidad la culpa de los habitantes de la ciudad de Sodoma?
Un sobrino muy atento

El texto se encuentra en Génesis 19. Comienza diciendo que a Dios le habían llegado rumores del pecado que cometían los sodomitas, por lo que decidió enviar dos mensajeros para averiguar si tales rumores eran ciertos (Gn 18.32). Los enviados de Dios “llegaron a Sodoma al atardecer, mientras Lot estaba sentado a la entrada de la ciudad. Al verlos, Lot se levantó, y haciéndoles una gran reverencia les dijo: «Por favor, señores, vengan a mi casa a pasar la noche. Allí podrán descansar, y mañana temprano podrán seguir viaje»“ (Gn 19.1-2).

Lot era sobrino de Abraham. Se había separado hacía tiempo de su tío, y vivía en la ciudad de Sodoma, donde había prosperado y comprado una casa en la que vivía con su familia. Solo él tuvo la gentileza de acercarse esa tarde a los forasteros que llegaban y ofrecerles alojamiento. Los demás habitantes los ignoraron completamente.

En un principio, los recién llegados no aceptaron la invitación, y le dijeron: “«No, gracias, pasaremos la noche en la plaza». Pero Lot les insistió tanto, que al fin aceptaron ir y se hospedaron con él. Lot les preparó comida y ellos cenaron” (Gn 19.2-3).
Dispuesto a entregar a sus hijas

Pero esa noche, cuando los enviados divinos se preparaban para dormir, un griterío que venía de la calle invadió el interior de la casa. Lot se asomó a la ventana y quedó espantado. “Todos los sodomitas, es decir, los habitantes de la ciudad, se habían agolpado alrededor de la casa. Estaba el pueblo entero, sin excepción alguna, del más joven al más viejo. Y empezaron a gritar a Lot: “¿Dónde están esos hombres que vinieron a tu casa esta noche? Sácalos para que tengamos relaciones sexuales con ellos” (Gn 19.4-5).

Lot no podía permitir semejante atropello. Los recién negados eran sus invitados. En su desesperación buscó una solución extrema. Salió de la casa y les dijo “Por favor, amigos, no cometan esa perversión. Tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Se las traeré para que hagan con ellas lo que quieran. Pero no hagan nada a estos hombres, porque son mis invitados”. Ellos respondieron: “Apártate de ahí. Tú no eres más que un inmigrante; ¿y ahora quieres convertirte en juez? A ti te trataremos peor que a ellos”. Y se abalanzaron violentamente sobre Lot para voltear la puerta” (Gn 19.6-9).

Sodomita I

La incredulidad de los yernos
Los sodomitas estaban a punto de golpear a Lot, cuando intervinieron los enviados de Dios. “Lo hicieron entrar y cerraron la puerta. Entonces provocaron la ceguera de todos los que estaban afuera, jóvenes y viejos, de manera que ya no podían hallar la puerta. Después dijeron a Lot: «Saca de la ciudad a tus hijos, hijas, y a cualquier otro familiar que tengas, porque vamos a destruirla. Dios se ha enterado del pecado de esta gente, y nos ha mandado a arrasarlas” (Gn 19.l0-13).

Entonces Lot comprendió quiénes eran los jóvenes que había alojado: eran mensajeros divinos. Llamó, pues, a sus yernos, unos jóvenes de la ciudad que estaban por casarse con sus hijas, y les dijo: “«Rápido, salgamos de aquí, porque Dios va a destruir la ciudad». Pero sus yernos pensaron que era’ una broma”. La negativa de sus futuros yernos hizo dudar también a Lot, que ya no sabía si creer o no, a sus huéspedes.

Cuando comenzaba a amanecer, Lot seguía dando vueltas, sin decidirse a huir del lugar. “Los mensajeros lo apuraron diciendo: «Vamos, saca a tu mujer y a tus hijas para que no sean destruidas cuando castiguemos la ciudad». Pero como Lot se demoraba, los hombres tomaron de la mano a él, a su esposa y a sus dos hijas, y los sacaron de la ciudad” (Gn 19.14-16).

Viudo por curiosidad
Mientras huían, los mensajeros ordenaron a Lot: “«No mires hacia atrás, ni te detengas. Huye a los montañas para no ser destruido»“. Lot, viendo que sus fuerzas no le alcanzaban, replicó: “«No podré llegar a los montañas. Aquí cerca hay una ciudad pequeña, llamada Soar. Déjenme refugiar allí». Ellos respondieron: «Está bien, pero apúrate». Cuando el sol amanecía, Lot entró en Soar. Entonces Dios hizo llover desde el cielo azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Así destruyó esas ciudades y toda la región de la llanura, junto con sus habitantes”.

Pero al final ocurrió una tragedia. La mujer de Lot, sintiéndose ya segura en Soar, no resistió la curiosidad, y desobedeciendo la orden de los ángeles se dio vuelta para ver el cataclismo. Al instante quedó convertida en estatua de sal. Con este triste detalle termina el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

¿Es éste un hecho histórico? Hoy los estudiosos sostienen que se trata de una leyenda que pretendía explicar la extraña topografía de la región. En efecto, Sodoma se hallaba situada, según la Biblia, al sur del Mar Muerto. Y éste es un lugar sombrío e inhóspito, geológicamente inestable, con permanentes terremotos y movimientos sísmicos (unos 200 temblores al año). El suelo está lleno de azufre y alquitrán, altamente inflamables. Una gruesa capa de sal recubre la superficie del lugar, e impide cualquier forma de vida. En los alrededores se ven montañas y prominencias salitrosas, algunas de los cuales se asemejan a estatuas de personas hechas de sal. Un paisaje tan desolado, en medio de una Tierra tan Santa, solo podía provenir, pensaban los israelitas, de algún horrible pecado cometido por sus antiguos moradores. Y así surgió la leyenda de Sodoma.

Todos estaban en la puerta
¿Pero cuál es el pecado que aparece en el relato que leímos? Casi todos los lectores sostienen que es el de la homosexualidad. Sin embargo, esta interpretación no parece del todo convincente. ¿Por qué?

Primero, porque el texto dice que todos los habitantes de Sodoma participaron del asalto a la casa de Lot, Y la palabra hebrea enoshim (habitantes) alude tanto a hombres como a mujeres. Por lo tanto, los que intervinieron en la agresión a los huéspedes no fueron exclusivamente hombres. Había también mujeres.

Segundo, porque el hecho de que Lot quiera entregar a sus hijas, indica que sus vecinos tenían intereses heterosexuales. Si no, no habría tenido sentido tal ofrecimiento.
Tercero, porque las hijas de Lot estaban comprometidas con hombres de Sodoma, lo cual demuestra que no todos los sodomitas tenían inclinación hacia el mismo sexo.

Pero el argumento más fuerte en contra del pecado de homosexualidad es el hecho de que, a lo largo de la Biblia, muchas veces se menciona a Sodoma, y jamás autor alguno dice que sus habitantes realizaran esa práctica.

Sodomita 2

El silencio de la tradición
En efecto, el primero en recordar los pecados de Sodoma es el profeta Isaías, en el siglo VIII a.C. Y dice que consistían en la práctica de un culto superficial, la opresión de los más pobres (Is 1.l0-17) y la corrupción de los jueces (Is 3.9).

En el siglo VII, Jeremías da otra versión. Dice que su maldad era el adulterio, la mentira y la falta de arrepentimiento (Jer 23.14).

En el siglo VI a.C, Ezequiel afirma que los vicios de los sodomitas eran el orgullo, la gula y la pereza (Ez 16.49-50).
En el siglo II a.C, el libro del Eclesiástico identifica este vicio con la soberbia (Eclo 16.8).
En el siglo 1 a.C., el 3° libro de los Macabeos (una obra apócrifa judía) dice que el pecado sodomita era la arrogancia (3 Mac 2.5).

Es decir que, en ningún libro del Antiguo Testamento, compuesto a lo largo de varios siglos, es posible encontrar un solo testimonio de que en Sodoma se practicara la homosexualidad.

El Nuevo Testamento también habla varias veces del pecado de Sodoma: San Mateo (10.14-15; 11.23-24), San Lucas (10,12; 17.29), la 2ª carta de Pedro (2.6-8), el Apocalipsis (11.7-8). Pero ninguno precisa cuál era dicho pecado. Solo la Carta de Judas (1,7) hace una leve alusión: “También Sodoma y Gomorra fornicaron y fueron tras una carne diferente” (es decir, no humana, sino de ángeles). O sea que el pecado habría consistido en querer unirse sexualmente a seres de otra especie, de un género distinto al género humano, como lo eran los ángeles. No se trata de la homosexualidad.

Por lo tanto, ningún autor bíblico, cuando habla del pecado de Sodoma hace referencia a la homosexualidad. Lo cual es muy curioso, porque en esa época las prácticas homosexuales eran duramente condenadas, y en otras partes de la Biblia si aparecen reprobadas.

Se modifica el pecado
Pero en el siglo ll a.C. se empezó a producir un cambio en la interpretación. Los judíos tenían mayor contacto con las ciudades de cultura griega, y veían como en ellas la homosexualidad no sólo era frecuente, sino incluso socialmente aceptada. Esto provocó un fuerte llamado de atención, pues muchos judíos corrían el peligro de adherirse a las nuevas ideas. Entonces, para expresar de manera contundente la maldad de esa práctica, empezaron a mencionar la historia de Sodoma como ejemplo de rechazo divino hacia ella.

La primera referencia a la nueva interpretación se halla en un libro apócrifo judío, del año 50 A.C, llamado Testamento de Neftalí (4.1), donde por primera vez se identifica a los sodomitas como homosexuales.

La segunda mención se encuentra en otra obra apócrifa judía, El 2° libro de Enoc (10.3), del año 50 d.C.

Luego tenemos al escritor judío Filón de Alejandría, quien en su obra De Abrahamo (26.134-136), al criticar las inmoralidades de la Alejandría del siglo l, cuenta que los sodomitas tenían el infame vicio de unirse a hombres como si fueran mujeres.
Más tarde, el historiador Flavio Josefo, en su libro Antigüedades Judías del año 93 d.C. cuenta lo mismo, y es el primero en usar la palabra “sodomía” para referirse, en general, a la práctica homosexual.

Así, pues, a fines del siglo l d.C. se había generalizado entre los judíos la idea de que el pecado de Sodoma era el de la homosexualidad.

Esta nueva interpretación pasó después al cristianismo, y muchos escritores de la iglesia (como san Clemente de Alejandría, san Juan Crisóstomo, san Agustín, Efrén el Sirio, Tertuliano) aceptaron sin titubeos que la falta de Sodoma fue su afición a la práctica homosexual.

Por un pecado más grave
Pero entonces, ¿cuál es la verdadera intención del relato de Sodoma? ¿Qué vicio pretendía condenar? Hoy los estudiosos sostienen que el pecado de los sodomitas fue el de la falta de hospitalidad.

En efecto, en el mundo antiguo, y especialmente en Israel, una de las obligaciones primordiales era la de ofrecer alojamiento al extranjero. Los profetas la tenían entre las virtudes principales (ls 58.7). El santo Job dice haberla practicado siempre en su vida (Jb 31.32). Era una acción tan noble que hasta Dios la practica (Sal
39.13). Su observancia era capaz de limpiar cualquier pecado, como se ve en la historia de la destrucción de Jericó, cuando Dios mató a todos sus habitantes, excepto a una prostituta a la que protegió (a pesar de que la prostitución es un grave pecado en la Biblia), porque ella unos días antes había dado hospitalidad en su casa a dos hebreos (Jos 6.22-25).

La ley de hospitalidad era sobre todo un principio de supervivencia en el Oriente antiguo. Su objetivo era el de ofrecer al peregrino techo, comida y cama para protegerlo de los peligros del viaje.

Por esto, cuando los mensajeros divinos llegaron a Sodoma, Lot les ofreció alojamiento en su casa en cumplimiento de esta norma. En cambio, los sodomitas, nada solidarios, prefirieron humillarlos para mostrar su desprecio hacia los extranjeros. Y no encontraron mejor manera de “rebajarlos” que haciéndolos ejercer el papel de mujer (ya que en aquel tiempo la mujer era considerada un ser inferior).

Tal acción antisocial confirmó lo que se comentaba de ellos: que no eran hospitalarios. Por lo tanto, Dios decidió exterminarlos. Un pueblo así no merecía vivir.

Otra ciudad malvada
Que la falta de hospitalidad fue el pecado de los sodomitas lo confirma otra historia muy parecida de la Biblia. Se cuenta que una noche llego un extranjero con su esposa a la ciudad de Guibeá, y un anciano los alojó en su casa. Entonces, los hombres de la ciudad rodearon la vivienda y pidieron al anciano que sacara al visitante para tener relaciones sexuales con él. El dueño de casa se negó, y les ofreció a cambio su hija que era virgen. Pero ellos no aceptaron. Entonces, el recién llegado tomó a su esposa y se la entregó, y ellos la violaron toda la noche, y al amanecer la abandonaron muerta (Jue 19.1-30). En este relato sí se dice expresamente cuál fue el pecado cometido: la falta de hospitalidad (Jue 20.4-6). Por lo tanto, lo mismo se debe pensar de la historia de Sodoma.

También el libro de la Sabiduría (19.13) dice que el pecado de Sodoma fue la falta de hospitalidad.

Curiosamente, el episodio de Sodoma figura en la Biblia a continuación del relato en el que Abraham recibe a tres extranjeros en su tienda y les brinda hospitalidad (Gn 18.1-5). Se trata de una ubicación intencionada del texto, para resaltar más aún la contraposición entre la hospitalidad de Abraham y la insolidaridad de los sodomitas.

Un último dato que corrobora esta interpretación lo ofrece el mismo Jesús,
cuando envía a sus discípulos a predicar de casa en casa. Les dice: “Si a ustedes no los reciben en un lugar, salgan de la casa o de la ciudad, sacudiendo el polvo de sus pies; porque les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán juzgadas con menos dureza que esa ciudad” (Mt l0.11-15). Vemos que Jesús compara a Sodoma con las ciudades que no quieren alojar a sus discípulos. Por lo tanto, en tiempos de Jesús; la fama que tenía Sodoma era la de no haber sido hospitalaria.

El pecado del Juicio Final
Sodoma fue destruida, según la Biblia, porque sus habitantes realizaban una de las prácticas más perversas del mundo antiguo, la de no ser hospitalarios. Esto no significa que Dios haya mandado realmente fuego sobre la ciudad. Lo que se pretende es dejarnos una gran enseñanza: las ciudades se destruyen cuando sus habitantes no practican la hospitalidad.

Éste no es un viejo precepto oriental: es una norma de enorme importancia para hoy. Sin embargo, nuestro mundo moderno no parece prestarle atención. Basta con mirar a nuestro alrededor. Miles de niños nacen cada día sin un hogar digno, sin talco ni pañales que los reciban. Ejércitos de ancianos duermen de noche en la calle, expuestos a la agresión de cualquiera que pase. Familias enteras revuelven la ‘basura todos los días en busca de sobras de comida para llevar al estómago. Enfermos abandonados, inmigrantes humillados por su extranjería, desplazados de guerras que sobreviven en condiciones inhumanas, muros que se levantan para que no pase la gente de países vecinos.

El mundo parece haberse convenido en una gran Sodoma. Y muchos, que miran con indiferencia cómo se hunde todo sin hacer nada, se asemejan a estatuas de sal, envueltos en su apatía.

La Biblia nos advierte que aquella ciudad indiferente e insolidaria desapareció de la escena, ahogada en su propia maldad. Y también que la salvación del mundo llegará cuando volvamos a descubrir aquel principio oriental sagrado: que todos estamos de paso en este mundo, que todos somos peregrinos, y que necesitamos de la hospitalidad de los demás. Con razón Jesús, cuando contó la parábola del Juicio Final, al enumerar las acciones que salvarán a la humanidad, dijo: “Porque cuando estuve de paso, me diste hospitalidad” (Mt 25.35). + (PE/Signo de Vida)

Ariel Alvarez Valdés es sacerdote y biblista argentino. Enseña en la Universidad Católica de Santiago del Estero, Argentina.
Publicado en Signos de Vida, CLAI, junio de 2008, Nº 48, p. 2-5
SN 097/17

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