La Iglesia Metodista y la economía.

Econo mia

Por Aníbal Sicardi (*)
Bahía Blanca

José Antonio Marina, filósofo español que investiga sobre la inteligencia, la creatividad artística, el valor de los sentimientos y buen conocedor del cristianismo explica que “hay dos modos de escribir la historia del cristianismo”. Una que se interesa por la evolución de los dogmas, de la institución, de las creencias. Es la historia de la ortodoxia. El otro, que se ocupa del despliegue del amor, el proyecto de construir mediante la caridad el Reino de Dios. Es la historia de la ortopraxia.

El pensador español visualiza que la Iglesia Metodista hace un gran aporte en la ortopraxis, sin dejar de lado la ortodoxia. Sintetizando, la Iglesia Metodista formula su pensamiento a partir de la acción, la praxis.

Metodismo sobre escasez y altos precios.
La relación de la Iglesia Metodista y la economía se detecta desde su inicio.,

El domingo pasado comentábamos que en 1770 cuando Inglaterra pasaba por una crisis económica muy grande, Juan Wesley, el fundador del metodismo, decidió escribir un documento que tituló “Reflexiones sobre la presente escasez de comestibles”

Wesley toma un caso concreto, el elevado precio del pan de trigo. Conoce las justificaciones que se alegan para explicar esa situación, pero las relativiza porque “juntándolas todas, importan poco más que una mosca posada sobre la rueda”

Afirma que la gran causa del aumento de precio es por la inmensa cantidad de trigo consumida para destilar alcohol. Detalla que “poco menos de la mitad del trigo en el reino es consumido cada año…para convertirlo en un veneno ponzoñoso; veneno que naturalmente destruye no sólo la fuerza y la vida, sino también la moral de nuestros compatriotas”

Amplía. Aun cuando los destiladores se las arreglan para no pagar todo el impuesto que deben pagar es bien cierto que “lo pagado produce un importante rédito al Rey” por lo que “el Rey junta plata con la muerte de sus súbditos”

Los cerdos, que podían ser el alimento del pueblo, ahora son derivados para alimentar la Marina por lo que, concluye, “la Marina se alimenta con la carne humana de los que mueren por falta de comida”.

Otro asunto es que la avena está muy cara ¿Por qué? “Porque, redondeando, hay cuatro veces más caballos destinados a los carruajes y volantas particulares que lo que había pocos años atrás” y el cultivo de la avena es el mismo.

Al igual que el juego del dominó, el fundador del metodismo observa que “Como la carestía del grano de un tipo siempre eleva el precio de otro, por lo tanto, lo que provoca la carestía del trigo y la avena también eleva el precio de la cebada”

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Como el precio del trigo había aumentado y el pan de trigo era utilizado por los pudientes, existí la posibilidad de que el pan de cebada lo utilizase los pobres, como era en el siglo XVI, pero si la cebada aumentaba también costaba más el pan de ese cereal por lo que era un problema para los de pocos recursos..

Hay más. Los altos precios de la carne vacuna y del cordero se agregan al juego del dominó. “Muchos agricultores que criaban gran número de ovejas, o ganado vacuno no se hacen más problemas con ovejas, vacas o toros…encuentran un mejor resultado económico con la cría de caballos solamente” que, junto al uso interno “se exportan por cientos y miles a Francia”. ¿Cómo es el uso interno? Para los carruajes de los ricos y para cacerías y carreras de caballos.

Se agrega que la tierra que antes estaba dividida entre diez o veinte pequeños propietarios “ahora es acaparada por un importante y único granjero” -monopolio- “que la usa a beneficio económico personal sin importarle la gente.

Sus neuronas impulsan a Wesley para avanzar en la descripción de lo que ocurre en esa sociedad.

Ahora la mirada se dirige a “la cocina de los importantes, de la nobleza, de la pequeña aristocracia…..donde se observa el increíble derroche que allí ocurre casi sin excepción” por lo que “ya no sorprenderá más la escasez y en consecuencia la carestía de las cosas que con tanta maña destruyen”.

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La descripción sintetiza el sin sentido de un sistema económico “que derrocha cereales para producir alcohol; privilegia la crianza de caballos para el deporte, el placer de algunos y la exportación; deja de lado la producción e inunda de productos suntuarios para los ricos”

Por si fuera poco, Wesley trae a colación la deuda pública, (deuda externa), contraída por guerras, inversión en maquinarias y tratados con otros países y que se pagaba con la recaudación de impuestos a la población.

De la descripción a las acciones.
Esa situación no queda en la declamación. Wesley propone que el lujo sea eliminado o refrenado “ya sea mediante el ejemplo, por las leyes, o por ambas cosas”.

Reclama que se prohíba la destilación de alcohol y se legislen “impuestos adicionales” sobre la mercadería suntuosa y hasta sobre los caballos y carruajes que eran de uso casi exclusivo de los poderosos económicamente.

En resumen, requirió impuestos más altos para los ricos y leyes que prohibiesen el desperdicio de productos naturales.

Wesley sustentaba que la causa fundamental de los problemas económicos residía en la abismal distancia entre ricos y pobres

En este panorama no abandona la crítica a la sociedad inglesa desde la perspectiva de darle la espalda a Dios.

Apela a una nueva forma de relacionarse con Dios. Distinta a la formalidad religiosa de su tiempo, especialmente la de la Iglesia Anglicana.

Se establece una disputa interna pero no por la diferencia en las creencias, en los dogmas, sino en la práctica de la vida cristiana. No es una discusión sobre la ortodoxia sino sobre la ortopraxis.

Desde su época de estudiante en teología Juan Wesley y sus compañeros indagaban formas de vivir legítimamente la experiencia cristiana. Eran estrictos en el uso de su tiempo. Tal escrupulosidad en sus hábitos apeló la imaginación de sus compañeros quienes lo apodaron “los metodistas”, un apodo que luego quedó como nombre del movimiento.

Wesley prosigue esa búsqueda luego de ser ordenado pastor. Lo hace por distintos caminos. El 24 de mayo de 1738 concurrió a una pequeña iglesia donde se estudiaban la carta a los Romanos utilizando el comentario que Martín Lutero hacia sobre esa epístola de Pablo.

No es una reunión de oración, de aleluyas, de manifestaciones histéricas, de dar testimonio pasando al frente, sino de estudio, de reflexión.

En ese lugar sintió que sus convicciones se juntaban en un desafío de Dios a trabajar por ellas. Es lo que llamó el Nuevo Nacimiento, un eco de la entrevista de Jesús con Nicodemo en el capítulo 3 del evangelio de Juan. Pensamiento y corazón al unísono.

A partir de esa experiencia formula una concepción que el metodismo hace suya; la santificación de la vida, un estilo acorde a la voluntad de Dios.

Sostiene que no hay nuevo nacimiento sin el compromiso del cristiano como ciudadano.

Nuevo nacimiento es la unidad entre el cambio de la vida personal y el cambio en la sociedad. Un nuevo estilo de vida que se encamine hacia un nuevo modelo de convivencia social.

Wesley no esquiva la confrontación. No se queda pasivo. Enfrenta diversas luchas, incluidas las propuestas de cambios legislativos. Promueve el cambio de leyes que no sirven o pasaron a ser injustas y propone otras, como la de implementar impuestos a los productos suntuarios, al lujo, a los caballos que se exportan y a los que usan los ricos.

Otra espiritualidad.
El fundador del metodismo no se detiene, sino que avanza hacia otros aspectos considerados menores pero que no son tales.

Comenta que en los bares se protesta por lo que acontece, pero que se quedan en eso, en protestar. Wesley apela que lo que debe hacerse es luchar por los cambios de estructura de la sociedad.

Su fundamento es extremadamente de avanzada. Sostiene que las estructuras también tienen que tener un nuevo nacimiento. Ellas deben funcionar de forma tal que el individuo experimente “un amor sincero, tierno y desinteresado por todo el género humano”

A una mujer rica que se incorporó al Movimiento Metodista la impulsó a que visite a la gente pobre, que converse con ellos, que conozca sus carenciadas viviendas. Es decir, que se enfrente con las personas y no opine y decida a partir de los prejuicios.

Este colocarse cara a cara es propio del metodismo.

En algunas películas norteamericanas surgen referencias a los soldados muertos en Vietnam e Irak y aparecen algunas escenas muy reveladoras.

Muere alguien en combate y entonces se designa a un militar de rango para que le comunique la noticia a los familiares de la muerte del soldado. Ese militar tiene órdenes estrictas. Debe comunicar el dato, pero nunca, nunca, involucrarse en las cuestiones personales.

Si el familiar del muerto llora, grita, se desvanece, no es su problema. El militar debe seguir serio, decir que el Departamento de Estado lo lamenta y nada más. Ninguna relación personal con la persona afectada por la noticia

Esa actitud es la misma del Ejecutivo de una Empresa que despide cien, mil o decenas de miles de empleados. Está frente a los papeles con el informe de números que le explican cuanta gente debe echar para que la empresa incremente sus ganancias, pero nunca, nunca debe relacionarse con la gente de carne y hueso.

Es lo que hemos visto y vemos en Argentina cuando los trabajadores van a la fábrica o empresa para cumplir con su labor y se encuentran que no pueden entrar porque están despedidos sin ningún aviso previo.

Corazón y sentimientos, afuera. Todo lo contrario, a lo que hace Dios, cuando el Verbo se encarna como uno de nosotros y vive cara a cara con sus semejantes.

Esa actitud refleja la espiritualidad de los tiempos actuales. Es la espiritualidad de esos dos religiosos que pasaron frente al hombre que robaron y golpearon y lo ignoran. No le dan corte.

El Samaritano fue el que se interesó en él. Se acercó, lo miró, lo vio como el humano que era y que sufría, le buscó hospedaje y cubrió otras necesidades. Los dos religiosos ni cinco. Ningún contacto humano.

Esta es la espiritualidad desarrollada por el sistema donde el dinero es centro y las ganancias constantes el objetivo innegociable a costa de la carne y sangre humana.

La historia de esa economía es la historia del vampirismo.

Wesley impulsa a este contacto humano convencido de que es el punto principal de las falsas relaciones del sistema y propone el cambio, el nuevo nacimiento de las estructuras que conlleven al individuo a vivir en espacios dignos. Esa distancia entre las personas es parte del sistema que vivimos.

El líder metodista tampoco le esquiva al tema del dinero, corazón del sistema económico.

Sostiene que el dinero debe convertirse “en pan para el hambriento, bebida para el sediento, vestido para el desnudo, posada para el forastero y el peregrino”.

Observador incansable Wesley mira lo que ocurre a su alrededor. Sigue la ruta del dinero recogido por el Estado. Comprueba que no va para la educación ni para la salud ni para la protección de los más débiles, sino que aumentan las arcas de los poderosos.

Es la Inglaterra de 1770, antes de la Revolución Francesa.
Es también una semblanza profética de lo que ocurre hoy.

Si seguimos la ruta del dinero en Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa, se verá que los recortes son sobre la salud, la educación, el empleo y los dineros van para los bancos y las transnacionales. Cuando ocurrió la crisis del 2008, la de la “burbuja inmobiliaria”, los bancos fueron salvados y los que tenían hipotecas tuvieron que seguir pagando aun cuando les sacaban la casa. En España hubo 32.500 familias en esa situación.

Una economía con ese criterio, que favorece a los que ya son ricos, es inhumana y prostituida. Trasforman la sociedad en un burdel, un prostíbulo por lo que sus ejecutores no son financistas ni economistas sino proxenetas.

Visualizar al otro
Frente aquella situación Wesley movilizó el movimiento preocupándose de la educación, cuidado de los enfermos, protección de los pobres. Se rebeló ante el sistema que hacía invisible al ser humano. Wesley hace visible al otro. Con los hechos deja estampado que la otra persona existe. Pospone otros intereses y prioriza la redención del ser humano

Tiempo después el gran lector dela Biblia que fue León Tolstoi afirmará que “El verdadero amor supone siempre la renuncia a la propia comodidad personal “ y lo pone en práctica.

Se preocupa por el sistema educativo y carga con ideas revolucionarias que lo malquistan con la Iglesia Ortodoxa y el Gobierno de la Unión Soviética.

Es similar a Jesús. Los religiosos no lo aguantaban por su preocupación del ser humano. Todo movimiento que se proponga sacar los demonios de la sociedad endemoniada tendrá conflictos con las autoridades eclesiásticas y gubernamentales.

No por nada a la Iglesia Anglicana del tiempo de Wesley la llamaban “el partido conservador orando”

El investigador argentino Gustavo Daniel Romero, Licenciado en Administración, en Psicología y Residente en Administración Hospitalaria de la Universidad de Buenos Aires, en un análisis del metodismo subraya que.

“La aplicación contemporánea de consejos de Wesley podría proponer una reforma tributaria en la que el gobierno debería reducir los impuestos a la clase pobre y media, añadir impuestos a los artículos de lujo, eliminar los impuestos sobre los de primera necesidad, establecer disposiciones legales que rijan el uso de los recursos naturales, y tomar medidas para reducir la cuantiosa deuda nacional”

El Credo Social de las Iglesias Metodistas de EE.UU. formulado en la primera década de 1900, tiene un artículo sobre la “Protección del Estado del Bienestar con un reparto equitativo de la riqueza” donde sostiene que debe haber un “Mayor énfasis en la aplicación de los principios cristianos relativos a la adquisición y el uso de la propiedad y, finalmente, del reparto equitativo del beneficio empresarial”

Hoy somos llamados a la santidad de la vida. A un estilo personal y comunitario que apunte hacia la transformación de una sociedad donde el centro de sus estructuras sea el ser humano en su plenitud.

Como cristianos, como metodistas, y como solía decir Wesley, “como humanos”, debemos disfrutar de la responsabilidad de tener los ojos abiertos para ver más allá de lo que nos muestran, los oídos atentos a los clamores por una vida digna, la boca para proclamar las buenas nuevas del evangelio y el corazón dispuesto para darse con entusiasmo por la causa de Cristo. + (PE)

(*) El texto corresponde a la predicación del pastor Aníbal Sicardi emitida el domingo 14 de mayo de 2017 en la Iglesia Metodista Central de Bahía Blanca. Es la segunda de una serie en el mes del metodismo. El domingo 7 se consideró la Iglesia Metodista y el derecho al trabajo digno, el 21 será la Iglesia Metodista y las luchas sociales y el 4 de junio la Iglesia Metodista en Argentina.

Referencia. Despacho 154/17 La Iglesia Metodista y el derecho al trabajo digno

Imágenes. Tomadas desde la publciación  En Campo Abierto

SN 164/17

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