El neoliberalismo crea una nueva religión

neoliberalismoPor Pablo Richard

Chile

Dios no ha muerto, se transformó en dinero. El nuevo dios es el oro, que es omnipotente y omnipresente. Ciertamente Dios está vivo, pero como dinero. El problema no es el ateísmo, sino la idolatría.

La religión del neoliberalismo es un nuevo fetichismo, donde las cosas se transforman en dios y dios se transforma en cosa. Nace el fetichismo del dinero, del mercado y de la mercancía. Los bancos son las nuevas catedrales y los empresarios los nuevos sacerdotes. El dinero es la gracia divina que nos salva cuando transgredimos las leyes del mercado.

Se cumple lo que nos dice el Evangelio: “Jesús entró en el templo y echó fuera a todos los que compraban y vendían en el templo. Volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y les dijo: escrito está, ‘mi casa será llamada casa de oracion,’ y ustedes la han convertido en cueva de ladrones.” (Mateo 21,12-13)

Tomamos otra vez algunas reflexiones de F. Hinkelammert sobre los argumentos teológicos de Hayek, uno de los principales teórico de neoliberalismo, que nos dice que solo Dios podría conocer a priori los precios antes que estos sean determinados por la oferta y la demanda. Asimismo hace suya la tesis de Smith de la mano invisible, que sería la divina providencia, la cual produciría la tendencia al equilibrio en el juego de los factores del mercado.

Michael Novak, teólogo católico neoliberal, va más allá, pues afirma que las empresas multinacionales sacralizan el mercado y le confieren a nivel terrenal los atributos que la teología cristiana confiere a Dios.

El neoliberalismo vivido desde abajo y desde fuera

Repetimos texto del Papa Francisco: “Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

Estos que son identificados como desechos y sobrantes, viven sobre todo en la calle de las grandes ciudades. La calle es un lugar donde se duerme, se busca alimento y se sobrevive con trabajos esporádicos e informales. Un mundo donde se sufre soledad, humillación, marginación e inseguridad. Un mundo considerado basurero humano, objeto de frecuentes “limpiezas sociales”. La calle es un lugar traumático de violencia cuotidiana, delincuencia, prostitución, consumo de drogas y alcohol, donde se sufre represión y amenazas de cárcel.

La calle es también un lugar donde se tejen relaciones humanas, se forman grupos y familias, se vive momentos de solidaridad, y nacen relaciones de pareja de todo tipo. Muchos buscan salir de ella, pero otros se acostumbran y no quieren dejarla. Otros se alejan y retornan, salen y vuelven. No quieren vivir en ella, pero se resisten a abandonarla.

Surgen a veces “pandillas” o “maras”, que son extremadamente violentas, pero también responde a una búsqueda de refugio, donde encuentran solidaridad e identidad. Hay situaciones extremas: dormir bajo un puente, comer en los basureros de los ricos, sufrir total desamparo y soledad. Sensación de “tocar fondo” y de vivir “más allá de la muerte”.

Esta situación puede durar mucho tiempo y transformarse en un camino sin fin y sin salida. Llevan ropas “harapientas”, viejas y sucias. Un rostro descuidado y desfigurado. Muchos llevan consigo una “casita móvil”: cartones y materiales de sobrevivencia para dormir. Su vida es muy solitaria y sin ninguna relación social. Los perros son sus mejores compañeros, que los defienden de agresiones y comparten el frío de la calle. Algunos no duermen en dormitorios públicos, para no separarse de “sus” perros.

Espiritualidad contra fetichismo: la lucha de los dioses

En la calle, en ese mundo de desechos y sobrantes, también se viven experiencias “religiosas”, incluso “místicas”. No interesa saber si éstas son reales o imaginarias. Tampoco interesa su identidad “confesional”. Desaparece el límite entre lo visible y lo invisible.

Algunos testimonios recogidos en la calle:

“Entré un día en una Iglesia llena de gente y vi que Dios me miraba, solo a mi, a nadie mas. Esa mirada personal de Dios cambió mi vida para siempre”.
“Yo estoy siempre feliz, porque se que Dios me acompaña en todo”.
“Yo no creo en Dios, pero estoy seguro que si Dios existiera, el creería en mi”.
“Ya no creo en Dios, pero se que Dios me ama”
“Nunca sentí la ausencia de Dios en mi vida”.
“Todos me abandonaron, menos Dios”
El hombre y la mujer de la calle no tienen miedo,
porque saben “que Dios duerme junto a ellos en la calle”.

Testimonio anónimo de un “chico de la calle” (esta vez grabé todo el texto ).

“No tengo donde reposar mi cabeza.
Las estrellas me acompañan.
Muchas noches fueron aliadas y mis descansos a medias.
Con las manos quebradas, camino a veces descalzo.
Golpeo a tu puerta, encuentro rechazo.
Observan mi cuerpo, degradan mi alma.
La muerte me llama, se mete en mis ojos.
Esperanza robadas.
No me quedan ilusiones, sólo se mi nombre.
No se soñar con calesitas de colores.
Digo papá, mamá,
y cuando llego a la última vocal se esfumaron una vez mas…
Sumo, resto, si tengo monedas.
Se donde viven ladrones, alcohólicos,
y los que robaron mi inocencia.
Hace días atrás ¿a quién le importará ?
vuelvo a empezar una vez mas
¿alguien me podría amar ?
¿quieres saber mi nombre?
soy un chico de la calle ?”.

 

Gritos y lamentos inspirados en textos bíblicos

“Padre nuestro que estás en la calle”
“Dios te salve María porque diste a luz a Jesús en la calle”

Los que viven en la calle son pobres, hambrientos, lloran, son odiados, los insultan, los consideran delincuentes, pero lo increíble, es que son felices,

Jesús les dice:

Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios.
Felices ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.
Felices ustedes que lloran ahora, porque reirán.
Felices ustedes si la gente los odian, los expulsan, los injurien y los consideran delincuentes. Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les espera una recompensa grande en el cielo (Lucas 6, 20-23).

Estos testimonios los tomé personalmente, y están en el libro: “Ellas y ellos hablan. En la calle y en el Hogar de la Esperanza.” { (PE/Religión Digital)

Bibliografía

Jorge Vergara Estévez. “Modernidad y Utopía. El pensamiento crítico de Franz Hinkelammert”. 2015.

Franz Hinkelammert: “Crítica a la razón utópica” (San José, Costa Rica, 2000)

José Comblin: “El neoliberalismo. Ideología dominante en el cambio de siglo”. (Santiago de Chile. Ediciones Chileamérica, 2002, 253 páginas)

Pablo Richard, Yadira Bonilla y Orlando Navarro: “Ellas y ellos hablan. En la calle y en el Hogar de la Esperanza.” Costa Rica (Humanitas) 2012.

Pablo Richard San José, Costa Rica, 23 mayo 2017. A dos años de la beatificación de Mons. Romero (23 mayo 2015).

Imagen Tomada de Prensa Comunitaria

SN 209/17

 

 

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